Muere Alberto Fujimori: Un dictador diferente

Captura de pantalla T13 en Youtube

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El expresidente de Perú, Alberto Fujimori, falleció hoy a los 86 años en Lima, tras una larga batalla contra el cáncer de lengua. La noticia fue confirmada por su hija, Keiko Fujimori, a través de una publicación en la plataforma X. Fujimori, quien gobernó Perú entre 1990 y 2000, deja tras de sí un legado tan complejo como su vida política: una década de avances económicos y lucha contra el terrorismo que terminó con acusaciones de corrupción y violaciones a los derechos humanos.

Influencia y poder: el legado del fujimorismo

Fujimori fue un outsider político cuando en 1990 sorprendió al país al derrotar al reconocido escritor Mario Vargas Llosa en las elecciones presidenciales. Proveniente de una familia de inmigrantes japoneses y con una carrera como profesor de matemáticas, su llegada al poder fue vista como una renovación para una nación devastada por la hiperinflación y la violencia de los grupos insurgentes, en particular Sendero Luminoso.

Durante su gobierno, Fujimori implementó políticas de corte neoliberal que estabilizaron la economía peruana, mediante privatizaciones masivas y la reducción del déficit fiscal. A nivel de seguridad, su administración logró la captura de Abimael Guzmán, líder de Sendero Luminoso, marcando un hito en la lucha contra el terrorismo que afectaba al país. Estas acciones le valieron el apoyo de amplios sectores de la sociedad.

Sin embargo, su mandato se caracterizó también por el creciente autoritarismo con el que gobernó. A medida que su poder crecía, también lo hacían las denuncias de corrupción y abusos de derechos humanos, especialmente en relación a las actividades de su jefe de inteligencia, Vladimiro Montesinos, y la represión violenta de la insurgencia.

Caída y exilio

El «autogolpe» de 1992, donde disolvió el Congreso y reformó la Constitución, es uno de los episodios más controvertidos de su gobierno. Este acto, aunque justificado por Fujimori como necesario para combatir la corrupción y el terrorismo, fue visto por muchos como un paso hacia la dictadura.

La captura de Abimael Guzmán y la desarticulación de Sendero Luminoso fueron logros significativos en la lucha contra el terrorismo, pero las tácticas empleadas, que incluyeron torturas y ejecuciones extrajudiciales, mancharon estos éxitos. Las masacres de Barrios Altos y La Cantuta son recordatorios dolorosos de los excesos cometidos bajo su administración.

El escándalo de corrupción que llevó a su caída en el año 2000, con la difusión de los «vladivideos», expuso la profundidad de la corrupción en su gobierno y marcó el inicio de su exilio y posterior extradición.

La difusión de vídeos en los que Montesinos sobornaba a políticos marcó el inicio de su declive. Fujimori huyó a Japón, país de origen de sus padres, desde donde renunció a la presidencia vía fax.

En 2005, fue detenido en Chile tras intentar regresar a Perú para postularse nuevamente como candidato. Fue extraditado en 2007 y condenado por violaciones a los derechos humanos y corrupción, incluyendo su responsabilidad en la masacre de Barrios Altos y La Cantuta, que dejó 25 muertos.

El expresidente recibió un indulto humanitario en 2017, que fue revocado un año después, pero en diciembre de 2023, nuevamente fue liberado debido a su delicado estado de salud.

El fin de una historia

El fallecimiento de Alberto Fujimori cierra un capítulo decisivo en la historia reciente del Perú, marcado por sus contribuciones al crecimiento económico y la pacificación del país, pero también por los abusos cometidos bajo su mandato. Su figura polariza hasta hoy a la sociedad peruana, con sectores que lo ven como un salvador y otros que recuerdan las heridas de su gobierno autoritario.

La muerte de Alberto Fujimori no solo marca el fin de una era en la política peruana, sino que también reabre el debate sobre su legado. Su gobierno, que comenzó con promesas de cambio y estabilidad, terminó envuelto en controversias y escándalos que aún resuenan en la política actual del país.

Fujimori llegó al poder en un momento crítico para Perú, con una economía en ruinas y una violencia insurgente que parecía incontrolable. Sus políticas económicas, aunque impopulares en algunos sectores, lograron estabilizar el país y sentar las bases para el crecimiento futuro. Sin embargo, su estilo de gobierno autoritario y las violaciones a los derechos humanos cometidas durante su mandato dejaron cicatrices profundas en la sociedad peruana.

¿Y ahora qué?

A pesar de sus problemas legales, Fujimori había manifestado su intención de postularse a la presidencia de Perú en las elecciones de 2026, una ambición que no llegó a concretarse.

Hoy, la presidenta Dina Boluarte, una outsider también (como parte del proyecto del depuesto presidente Pedro Castillo), tiene un magro apoyo: más del 90 % desaprueba su gestión.

Acusada de corrupción en caso Rolex; o proteger a otro Vladimir, al prófugo Vladimir Cerrón, es tildada de autoritaria y responsable por uso excesivo de la fuerza pública contra población civil con resultado de muerte: a la fecha, son 20 las investigaciones preparatorias formalizadas en Lima, Apurímac, Arequipa, Cusco, Puno, La Libertad, Ucayali, Junín y Ayacucho; 160 involucrados en estas investigación, entre ellos, miembros de la Policía Nacional y el Ejército imputados por las muertes y lesiones en contra de 274 civiles que participaron en manifestaciones en contra del gobierno de Dina Boluarte, tras la caída de Castillo.

Keiko Fujimori, la otrora contendora de Castillo, y líder del partido Fuerza Popular, enfrenta sus propios problemas judiciales, con una acusación de corrupción vinculada al escándalo de Odebrecht que podría llevarla a una condena de más de 30 años de prisión, había anunciado que no postularía a la presidencia en 2026 para apoyar la candidatura de su padre, quien ya había intentado regresar al poder en otras ocasiones.

Hoy, está claro que Fujimori ya no será presidente. ¿Acaso su muerte despeja nuevamente el camino a su hija Keiko como heredera del fujimorismo y futura presidenta de Perú?