Del «no estar ni ahí» a organizarnos colectivamente

A comienzos de los años 2000, quienes estudiábamos en liceos públicos fuimos retratados como una generación indiferente, individualista, desconectada. Nos decían que no estábamos ni ahí. Pero mientras tanto, en asambleas, pasillos y recreos, estábamos pensando cómo cambiar las cosas. Ese impulso colectivo, que parecía invisible para muchos, fue el germen de la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES), una organización que marcaría el rumbo de la movilización estudiantil en Chile.

La historia que contamos, junto a Felipe Montecinos en el libro Del «no estoy ni ahí» a la creación de la ACES, no es solo una crónica de hechos; es una apuesta por visibilizar las formas en que los y las estudiantes nos organizamos, resistimos y construimos desde el margen. Es también un acto de memoria. Porque quienes participamos de ese proceso no solo marchamos: pensamos proyectos, redactamos petitorios, aprendimos a negociar, a disentir, a construir comunidad. Fue nuestra escuela política.

En tiempos donde nuevamente se desconfía de las juventudes, donde se les responsabiliza del desgano o del caos, esta historia vuelve a ser necesaria. Nos recuerda que detrás de cada movilización hay un proceso largo, silencioso y colectivo. Que la apatía no siempre es desinterés, sino también una forma de cansancio ante un sistema que no escucha.

El libro será presentado el próximo miércoles 9 de abril a las 17:00 horas en el Auditorio Manuel Larraín de la Universidad Alberto Hurtado (Av. Libertador Bernardo O’Higgins 1825, Santiago), en una actividad abierta al público. Participarán Víctor Orellana, fundador de la ACES y actual Subsecretario de Educación Superior; Pablo Toro, académico del Departamento de Historia UAH, y yo como autora.

Las memorias estudiantiles también son memoria política. Y recuperarlas es un modo de decir: siempre estuvimos ahí. Y seguimos estando.