
Hernán García Moresco, Magister©️ Ingeniería Informática USACH. Diplomado en Big Data
Universidad Católica. Diplomado en Ciencias Políticas y Administración Pública. Universidad de
Chile. Licenciado en Educación en Matemática y Computación USACH
José Orellana Yáñez, Doctor en Estudios Americanos Instituto IDEA-USACH, Magister en Ciencia
Política de la Universidad de Chile, Geógrafo y Licenciado en Geografía por la PUC de Chile.
Integrante del Centro para el Desarrollo Comunal Padre Hurtado.
Culminada la jornada electoral de este 16 de noviembre 2025 con los resultados ya conocidos y consolidados de la elección presidencial y congresal, con un perfilamiento favorable a los sectores de las derechas, emergen ellas, en un nuevo dinamismo dentro del sector. Por un lado, asistimos a un ocaso de la derecha tradicional, en particular EVOPOLI, pero también otro general respecto al pacto Chile Vamos, mientras, como contrapartida, se constata el fortalecimiento, crecimiento y complejización de la derecha extrema, conservadora hasta populista, como se le ha motejado (Republicanos, Libertarios y Social Cristiano).
En la línea de ese “crecimiento” congresal, la derecha extrema en Chile quedó re-perfilada para enfrentar la segunda vuelta presidencial de mejor forma que el oficialismo. No obstante, las encuestas que todo lo “orientan”, no miraron con atención la evolución de la candidatura del ex candidato Franco Parisi. Simplemente no lo pronosticaron, tampoco que Evelyn Matthei llegaría en 5º lugar.
Ahora, el desafío del Kastianismo es adicionar a los votos logrados, 3.4 millones adicionales, implicando, eventualmente, extremar las contradicciones dentro de su propio sector a propósito de la idea de un “Chile que Cae a Pedazos”, intensificar “odio o resistencia a la población migrante” y exacerbar aún más “el expediente de la delincuencia (el Estado de Emergencia)” v/s lo que exigiría Chile Vamos en orden a “fortalecer su discurso social”, cruzando el “cerco autoimpuesto de las libertades a las mujeres” y, transformando ahora, a los “funcionarios públicos en personas generosas”. Por otra parte, sumar a los Libertarios, le obligaría asumir otro ángulo desde lo valórico, cultural y lo económico, fundamentalmente.
Entonces el kastianismo, además, tendrá que conceder, en otra variable, ya probada y asumida en esta elección y en la del 2021 como es “José Antonio Kast asumiendo a José Antonio Kast”, a propósito de los errores no forzados, que hasta el momento los minimizó, pero nada asegura que no lo traicione su debilidad conocida, como es lograr el buen debate. En este esquema interpretativo, la derecha tradicional deberá ceder su existencia, para ser potencialmente parte de un gobierno de Kast, quien representa la versión autoritaria y lamentablemente, más valórica en relación a la dictadura civil – militar.
Sin perjuicio de lo anterior, algunos medios de comunicación, RR SS y encuestas, facilitarían la sensación de que estén ad portas de abrochar una condición política, no vista en la historia chilena desde la recuperación de la democracia, ni tampoco previa al golpe de Estado del ‘73, como es un ejecutivo de derechas capitaneadas por el kastianismo y asociados, como un Congreso también derechizado, vulnerando el principio del contrapoder que había existido implícitamente hasta ahora o balance de poder e incluso la posibilidad de veto.
En este contexto es que cobra importancia el Partido de la Gente, no en su etiqueta precisamente, sí en quienes votaron por las candidaturas de ese partido permitiendo una geografía política electoral no prospectada en las encuestas en la candidaturas presidencial y congresal y, de ahí en más, en muy escasos análisis asociados a tal cuestión. La versión 2021 de este partido los llevó a tener 533 mil votos con 6 diputados electos y luego fragmentarse por disputas internas y renuncias, hasta desaparecer del Congreso en menos de tres años. Hoy retomarían el rumbo, pero con una particularidad que se repite, pues no reconocen una doctrina que oriente a sus electores, más allá del tiempo electoral. Leyeron adecuadamente la sociedad, cuya cobertura electoral se plasmó en un mensaje de “SENTIDO COMÚN” que los dejaría en el centro político, pero ¿qué los distingue, después de llegar al 11,98% de votos en diputada/os con 14 electa/os y el tercer lugar presidencial?
Frente a la segunda vuelta presidencial, unas primeras pistas que los distinguiría, sería entendérseles como un “centro político pragmático”, ajeno a los ideologismos clásicos, bregando porque desde el “SENTIDO COMÚN”, funcione el sistema público en la mayor cantidad de posibilidades que le entrega la realidad, asumiéndose, por lo menos desde el PDG (Parisismo), poseedor de un bastión cotizado de votos por ambos contendores presienciales de segunda vuelta. No está fácil la definición para el Parisismo, más allá que repliquen la fórmula del programa de streaming de Parisi (Bad Boys) o la encuesta on-line que también replicaron, en la elección pasada.
Pero ¿sus votantes estarán dispuestos se seguir a quienes se atribuyan su representatividad?, o se ¿generarán las condiciones para crear un contrapeso político entre el Congreso y el Gobierno?
Este votante de centro, aparentemente práctico con intereses cotidianos, que no necesariamente adhiere a la historia resiente del periodo dictatorial, pero que entiende de humanismo, será quien podría adherir al principio de contrapeso o veto que visibilizan algunos teóricos de la Política, entre ellos Gianfranco Pasquino, quien indica que el mismo principio, se construye desde el razonamiento que tienen alguna/os votantes, quienes, para impedir excesos en la gestión de un ejecutivo, cruza votos, asumiendo las dificultades de gestión que enfrentaría un Gobierno. Tónica de la gestión política que, desde hace algunos años, está presente en el quehacer congresal v/s gobierno.
Es cierto, el principio de veto o contrapeso, usualmente se entiende en la relación del sistema de partidos dentro del congreso, pero también, se proyecta en el voto de “alcaldía de un sector” v/s “concejalía de otro” para impedir desmadres en la gestión municipal; o bien, “voto gobernación de uno” y “consejería regional de otro” y así en otros casos.
El votante de centro pragmático en esta versión electoral, tiene una responsabilidad, pudiendo votar por el kastianismo y asociados en segunda vuelta presidencial, conociendo que existe un congreso derechizado, entregando todo a un mismo sector o, en su defecto, decidir con sentido común y aplicar el contrapeso.





