Análisis latinoamericano: «¿Cuánto vale la paz?

Foto: Gage Skidmore, CC BY-SA 3.0, via Wikimedia Commons

 

La región opera en un nuevo orden internacional donde el «poder duro» y el cálculo estratégico han suplantado al derecho y la diplomacia tradicional. El interés de EE.UU. en Groenlandia es un síntoma de un gran desorden mundial y la lucha por controlar nuevas rutas comerciales estratégicas, como el Ártico. Su conclusión es fundamental: «Ya no es sólo política, es la hora de los estrategos», tal como afirmó hoy en Radio 13C el cientista político, ex Embajador de Chile, ex Subsecretario de Defensa, FFAA y Guerra, y analista político-estratégico, Gabriel Gaspar.

Para América Latina, esto implica que la supervivencia dependerá de su capacidad para desarrollar visiones estratégicas de largo plazo, fortalecer la cohesión económica interna y los lazos intrarregionales, y navegar un mundo en el que las grandes potencias actúan bajo una lógica de poder puro, con Sudamérica como un espacio de competencia y oportunidad.

La visita del canciller boliviano a Chile simboliza la necesidad pragmática de cooperar ante desafíos comunes (seguridad, migración, infraestructura) que trascienden disputas históricas. La política de diálogo, como la que intentan Chile y Bolivia, se convierte entonces en un activo de seguridad nacional en este escenario incierto.

Atentos al almuerzo de Trump con la Nobel de la Paz María Corina Machado: ¿se traducirá esto en un apoyo real hacia la transición democrática o es sólo circo? ¿Logrará que le «regalen» el Premio Nobel? El apoyo operativo y la calificación de «fantástica» para la presidenta encargada Delcy Rodríguez confirman que el objetivo primordial es el control de la producción petrolera bajo supervisión de Washington. Esta duplicidad relega las aspiraciones democráticas inmediatas y establece un modelo de gobernanza a distancia, donde una administración local afín garantiza el acceso a recursos estratégicos, incluso a costa de posponer reformas políticas o su soberanía. A esto se suma, la falta de un listado oficial de excarcelados una semana después del anuncio subraya el carácter instrumental de los gestos de apertura.

Los honores de Estado a los 32 militares caídos en la operación que capturó a Maduro, y la convocatoria a una gran manifestación antiestadounidense, confirman el rol central de La Habana. La confrontación ideológica y de seguridad alcanzarán un punto álgido. Sin embargo, este clímax de tensión coexiste con un gesto calculado de Washington: el envío de ayuda humanitaria directa tras el huracán, diseñado para socavar al gobierno cubano y apelar directamente a la población. Este contraste entre presión máxima y caridad, genera un escenario de incertidumbre. De manera paralela, el anuncio de la reunión Petro-Trump sugiere una desescalada pragmática con Colombia, en busca de cooperación en seguridad.

El panorama regional presenta oportunidades frágiles y riesgos crecientes con acuerdos que podrían ofrecer una ruta hacia la estabilidad económica y contener la erosión interna de la seguridad y la cohesión política, que amenaza con socavar cualquier progreso material, pero: ¿a qué precio?