Manuel Cabieses: otro imprescindible que se nos va…

 

Un canceriano -nació un 14 de julio de 1933- de tomo y lomo, romántico, comprometido y consecuente hasta la medula, acaba de partir a los 92 años. 

Manuel Cabieses Donoso pasó por esta vida dejando una profunda y hermosa huella en el periodismo de trinchera. Periodista autodidacta, fundó un medio emblemático en Chile, la revista quincenal “Punto Final” que nació el 15 de septiembre de 1965 y paró finalmente sus prensas el 9 de marzo de 2018. Su primer editor (entre 1965 y 1973) fue el periodista Mario Díaz. Luego de ser clausurado el mismo día del Golpe de Estado de Pinochet, PF se reeditó en el exilio, en México, entre 1981 y 1986, y reapareció en Chile en 1989. Antes de que Pinochet dejara el poder, la revista enfrentaba varios juicios iniciados por la justicia militar. Manuel Cabienes la dirigió entre 1981-1986 y luego, entre 1989-2018. 

En su “Autobiografía de un rebelde”, lanzada el año 2015, Cabieses cuenta que su primer acercamiento al periodismo fue con “El Peneca”. “Esa revista fue mi maestro. Era una publicación más bien liberal y laica. Fue una escuela para mí, francamente. Además, para un niño que odiaba los estudios sistemáticos, bueno… ahí encontraba una serie de conocimientos que satisfacían mis inquietudes culturales”. Contaba que El Peneca llegaba los viernes en la tarde a una librería en Maipo (donde vivía en esos años). “Yo lo estaba esperando a la bajada de la micro. Me atraía el olor a tinta y a papel recién impreso, quizás ese fue mi primer acercamiento al periodismo”.

En su biografía, cuenta que esa vida en los extramuros de Santiago, en una gran parcela familiar en Maipo, lugar donde por entonces tomaba medio día llegar, se entretenía “solo, a punta de imaginación; aprendí a convivir con la soledad y la imaginación. Eso ha tenido influencia enorme en mi manera de ser: un poco tristona o dado al humor negro. Pero también me ha dado la capacidad de dialogar conmigo mismo, lo que me ha sido muy útil en distintas circunstancias de mi vida”.

Junior en la Copec

A los 15 años, Manuel dejó de estudiar cuando cursaba segundo año de humanidades y entró a trabajar como junior en la Copec. “Aquella etapa fue fundamental en mi formación. Allí conocí el sindicalismo. Participé en la fundación del sindicato de empleados de la Copec y luego de la Federación de Trabajadores del Petróleo con los empleados de la Shell y la Standard Oil. De las actividades que he tenido en mi vida, la que más me gustó fue el trabajo sindical, incluso lo hice también más tarde en Venezuela”. En Copec también conoció a Flora, hermana del contador de la empresa, que se convirtió en la mujer de su vida.

En la Copec, además de fundar el sindicato, participó en la primera huelga de esa empresa. “Por mi edad, yo no podía ser dirigente sindical y por eso carecía de fuero. Entonces la empresa me

planteó el traslado al norte, sí o sí. Pero yo andaba ya con el bichito del periodismo en las venas y opté por renunciar e irme a Ecuador a buscar trabajo como periodista”

En la etapa de la Copec, Cabieses dirigía un periódico sindical y durante la huelga tomó contacto con periodistas para que informaran del conflicto. Así conoció entre otros, a Alberto Gato Gamboa, que era jefe de crónica del vespertino Los Tiempos. En ese diario publicó sus primeros artículos.

La Copec también tuvo otra importancia en su vida. “Tuve un compañero de trabajo que era comunista y a través suyo leí los primeros libros y ensayos marxistas”.  En esas andanzas también conoció Clotario Blest, presidente de la CUT en esa ápoca. 

En sus memorias recuerda que esa época “fue para mí, digamos, de exaltación como ser humano, me asomé al mundo de la lucha de clases y de la política. Estaba formándome como ser humano, aún no como militante. Había llegado a esa etapa con una educación formal trunca, de alguna manera seguía auto educándome”. Considera que “es el periodo en que absorbo mucho de la experiencia de otros, de la gente que voy conociendo. En ese tiempo me fui interesando cada vez más en el periodismo. Así fue conformándose en mí la vocación”. 

Cuando partió a Ecuador se llevó el contacto de un periodista de la radio Nuevo Mundo. “Me convertí en algo así como un corresponsal viajero ad Honorem”. Pero en su primera escala, en La Paz, hizo su primera entrevista, nada menos que al embajador de Chile en ese país, Alejandro Hales. “Apoyaba a Ibáñez y después fue ministro demócrata cristiano; era muy llano, amistoso y hospitalario. Y que apareciera un ‘reportero’ de la radio Nuevo Mundo de Chile pidiéndole una entrevista, le pareció simpático. Él mismo consiguió que la radio Illimani nos prestara un estudio y allí grabamos”. Según le dijeron la entrevista “resultó interesante”

Rescatado de Ecuador

Pero al llegar a Quito, con 21 años, comprobó que no había trabajo para un desconocido e inexperto periodista extranjero. “Se me terminó el dinero y tuve que recurrir a mi mamá para que me rescatara de Ecuador. Lo pasé mal. Regresé con la cola entre las piernas, fue mi primera derrota en la vida”.

Cuenta que cuando con conoció a Darío Sainte-Marie, Volpone, que había sido compañero de su padre en los Padres Franceses, y que dirigía La Nación, este no le dio pega. Años después, cuando lo llevó a La Gaceta, “me confesó que no me encontró ‘pasta’ de periodista en ese primer encuentro”. 

Mientras buscaba trabajo, se ofreció como secretario de Clotario Blest, quien llegaría a ser el padrino de su primera hija. Estaba en eso cuando logró entrar a Última Hora donde “me hago periodista”. Fue Aníbal Pinto quien le abrió las puertas de ese mundo. “Me llevó a Panorama Económico, cuyo editor era Mario Díaz, y con quien fundaríamos en 1965 Punto Final”.

En Ultima Hora compartió también con Augusto Olivares, Carlos Jorquera, Alberto Gamboa, Elmo Catalán y Enrique Cornejo (Penike), entre otros. 

Al quedarse nuevamente sin trabajo, en el Gobierno de Alessandri, Manuel emigra a Venezuela en 1958 junto con Carlos Jorquera, Martín Cerda y Rafael Fuentes. “Esa etapa en Venezuela es una de las más felices de mi vida. Allá me realicé como periodista y construí lazos de afecto, muy fuertes, con el pueblo venezolano y su cultura”. A poco andar lo llamaron del diario El Nacional, cuyo propietario era el escritor y político Miguel Otero Silva. “Era el diario más importante de Venezuela y uno de los más importantes de América Latina. No solo luchó contra la dictadura de Pérez Jiménez sino que también apoyó a la Revolución Cubana, que triunfó un año después”.

Su trabajo fue reconocido, recibió premios y participo en el Sindicato de Trabajadores de la Prensa y en la Asociación Venezolana de Periodistas. “Yo estaba relacionado con el PC venezolano porque algunos de mis compañeros del diario eran comunistas”.

Cuando decidió regresar a Chile, se avecinaba la candidatura de Allende. Su primer trabajo fue en la agencia cubana Prensa Latina, donde Carlos Jorquera era el corresponsal. Luis Corvalán, secretario general del PC, le ofreció escribir en la sección política del diario. “Yo no era militante comunista, pero sí conocido como periodista de izquierda.  Lo lógico era que me hiciera comunista y empecé a militar en el Partido”.

Visita a Cuba

La etapa más crucial de su vida periodística comenzó con un viaje a Cuba, donde Manuel se enamoró de la Revolución Cubana. “Tanto me enamoré que me fui de El Siglo y del PC porque entendí que por allí no iba la historia que empezaba a escribirse en América Latina”. Recuerda que el PC miraba con desconfianza a la Revolución Cubana y la criticaba, “a veces abiertamente, otras solapadamente”.

Según Manuel, “Punto Final fue la creación material de ese vuelco ideológico-político que se había producido en mí. Mario Díaz y yo, como muchos periodistas, anhelábamos tener nuestro propio medio de comunicación, donde pudiéramos escribir sin trabas, limitaciones ni presiones”.

Con el Chico Díaz decidieron hacer una publicación que consistiera en que un periodista, cada vez que escribiera un reportaje, agotara un tema. “Por eso se llamó Punto Final. Recuerdo que íbamos caminando por Ahumada, discutiendo qué nombre le pondríamos a la criatura, y de pronto a uno de los dos —no sé a quién— se le ocurrió Punto Final”

Un año antes, Manuel había conocido al grupo de dirigentes estudiantiles de Concepcion que fundaron el MIR y se creó una gran amistad con Miguel Enríquez. “Me impresionó Miguel desde el principio por la vivacidad de su pensamiento, la forma de expresar sus ideas, lo vasto de su cultura política. Era un interlocutor muy inteligente, rápido de ideas y de palabra”, señaló al recordarlo en su libro. 

Hasta el número 9, aproximadamente, PF siguió siendo un folleto con un solo tema. Incluso periodistas de derecha, como Rafael Otero, escribieron allí. Los temas eran diversos y con el Chico Díaz se encargaron de vender los primeros números en el Café Haití. “Ahí lo voceábamos. Augusto Carmona, que era jefe de prensa del Canal 9 de TV de la Universidad de Chile, nos mandaba a filmar cuando vendíamos la revista y eso nos sirvió mucho de publicidad”. Financiaban el medio con parte de sus sueldos en Última Hora. “Un cuñado del Chico puso un aviso de una fábrica de catres. Un cuñado mío pagó un aviso de una fiambrería”.

Punto Final publicó la primera entrevista pública del secretario general del MIR, Miguel Enríquez, cuando solo tenía 24 años, diez menos que Cabieses.

Otro de sus “golpes informativos” fue la publicación del Diario del Che Guevara tras su asesinato en Bolivia en 1967.

En palabras de Manuel Cabieses, “Punto Final trató de dignificar la profesión del periodismo, siendo un medio sin censura del dueño o de los avisadores. Eso fue y es Punto Final, desde sus orígenes hasta hoy”.

*Página 19 rinde un homenaje a Manuel, quien fuera columnista de nuestro medio, y amigo. Descansa en paz, Manuel.