
Por Gabriel Gaspar Tapia, Cientista Político, analista en política latinoamericana y diplomacia vecinal, ex Embajador de Chile y ex Subsecretario de Defensa, FFAA y Guerra.
Estado Nacional
Los chilenos nos enteramos, por boca del general Donovan, jefe del Comando Sur de los EE. UU., que formábamos parte de una nueva alianza militar. Anunció la creación del Grupo de Trabajo Conjunto del Hemisferio Occidental, con los países que integran la coalición «Escudo de las Américas». El líder será el general Kevin Jarrard. Recordemos que a la creación del «Escudo» concurrió, en marzo, el entonces presidente electo, y que hace pocos días nuestro canciller proclamó que «los EE. UU. eran nuestro principal socio estratégico».
Una alianza militar corresponde a una decisión de Estado, no sólo de gobierno, pues implica el uso de nuestras FF. AA. frente a una amenaza común. A la fecha, Chile sólo ha firmado el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), y cualquier modificación a ello debiera ser materia de aprobación en el Congreso, como todo tratado.
Una alianza militar —como la OTAN, por ejemplo— implica destinar recursos humanos y materiales y supone, por cierto, un mando unificado. ¿Permite nuestra Constitución que tropas chilenas salgan del país para quedar bajo el mando de autoridades ajenas? Hay un caso claro: las operaciones de paz, pero ellas deben ser aprobadas por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y están normadas rigurosamente, desde la línea de mando hasta las reglas de enfrentamiento.
Perspectivas
El Comando Sur ha dejado en claro que la amenaza principal son los cárteles del narcotráfico, la delincuencia organizada y transnacional. Pero ese es un desafío policial, no militar. Es urgente, obvio, pero no se resuelve enviando F-16 a patrullar, ni desplegando brigadas acorazadas ni submarinos Scorpène.
¿Tiene base legal y constitucional una eventual participación chilena en esta iniciativa? Es un tema de Estado, y alude a algo pendiente: la ausencia de, a lo menos, una política de defensa actualizada. Es un tema que se cruza con la política exterior. Desgraciadamente, esta se concentra en temas comerciales, olvidando el agudo momento geopolítico que vivimos. Es más: ¿estamos en condiciones humanas y materiales de agregarle una nueva misión a las FF. AA.?
Es un tema de conducción de la defensa también, y de los aspectos internacionales de la misma, donde desde hace un tiempo la brújula anda medio perdida: invertimos tiempo, recursos financieros y viáticos generosos en construir alianzas con las FF. AA. de, por ejemplo, Tonga, Papúa y Nueva Guinea. Identificar la actualidad de nuestros Intereses Nacionales es una tarea suprapartidaria, más necesaria que nunca.








