Inicio internacional Alerta Hemisférica: ¿Escudo o neoprotectorado?

Alerta Hemisférica: ¿Escudo o neoprotectorado?

¿Esto corresponde a un movimiento político de cara a la doméstica estadounidense? ¿Busca EE. UU. parapetarse en el continente americano ante las dificultades que enfrenta en el plano global?

 

En los últimos días, la Casa Blanca ha sido elocuente al precisar su política hacia América Latina y el Caribe: reafirma su alianza «contra el narco terrorismo», basada en el llamado «Escudo de las Américas»; convoca a erradicar a China del continente, impone aranceles, instruye elevar el gasto militar y abandonar la Corte Internacional.

¿Esto corresponde a un movimiento político de cara a la doméstica estadounidense? ¿Busca EE. UU. parapetarse en el continente americano ante las dificultades que enfrenta en el plano global? Lo claro es que se trata de una política abiertamente injerencista, unilateral y pletórica de ideologismo. Asimismo, es una política regional; sería un error considerarla bilateral.

La maniobra -muy prefigurada desde que asumió Trump II- es diametralmente opuesta a la convocatoria de formar «un gran mercado desde Alaska hasta la Patagonia». Eso ya fue. Pensar que todo se puede arreglar con alegatos jurídicos sería un error, o creer que es posible volver al pasado. Diseñar una diplomacia basada en temas puramente comerciales y apostar al seguidismo de lo que diga Washington D. C. no asume lo principal de las relaciones internacionales de hoy: la geopolítica. Peor aún, cuando en importantes plazas se designa a personal político inexperto.

Perspectivas

Si la maniobra de Washington D. C. expresa la voluntad de la mayoría estadounidense, lo veremos en octubre próximo. Pero no basta. Dado que se trata de una política hacia toda nuestra región, sería un error reaccionar pensando provincianamente, es decir, como si sólo a nosotros nos pasara. Se abre un período fértil para consultas políticas con las cancillerías de otros países: con Itamaraty, Torre Tagle y Tlatelolco, por nombrar algunas.

Por cierto, son tiempos de reflexión nacional, donde las ideologías aportan poco, porque la búsqueda del bien común engloba el sentir del país. Está en riesgo nuestra soberanía: que la forma como nos relacionamos con otras naciones, o cómo debemos organizar nuestra defensa, nuestro comercio, o a qué organismo internacional debemos pertenecer, nos lo dicte un funcionario extranjero.

Son tiempos difíciles, consecuencia de grandes cambios en pleno desarrollo a nivel planetario. La conducción política del país debe calibrar con realismo el nivel del desafío. No sirven las agendas personales, menos aún considerar la cosa pública como un espectáculo. No son tiempos de cuoteo ni de «guardar el cupo». La respuesta es una sola y la hemos empleado en nuestra historia: todos unidos, con claridad estratégica, buenas alianzas y colocando a los mejores en los puestos clave.

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