Periodista y Psicóloga.
Para analizar a Chile bajo la mirada del Tarot hay que partir señalando que nuestro país vive una desigualdad estructural tal que, en 2019, la ciudadanía explotó cual volcán ante la percepción de abuso acumulado. Esa rabia esta representada por el Arcano Mayor de El Diablo, uno de los que está rigiendo el país.
Es decir, hay una energía subterránea brutal que puede destruir mucho o puede mostrar lo que está oculto desde tiempos ancestrales. El riesgo de El Diablo es quedarse atrapado en la rabia, sin construir nada después de destruir. U optar por el arcano de El Loco, que representa el cambio, el inicio de algo nuevo, la ruptura con lo anterior, la valentía para enfrentar nuevos caminos. El Loco es necesario para evolucionar, pero también es peligroso porque se corre el riesgo saltar sin red o confundir cambio con improvisación.
Nos quedó claro ese impulso del Loco de “cambiarlo todo”, sin tener garantías para hacerlo, en los procesos constituyentes que vivimos los años 2022 y 2023, cuando como caímos al suelo sin red…
Ya sabemos lo que generó esa caída libre y como aquello gestó lo que hoy vivimos desde el 11 de marzo pasado.
Desde la visión de los arcanos mayores del Tarot -que representan arquetipos universales- la tensión central de Chile después del estallido y del gobierno del presidente Boric radica en que estamos atrapados en un triángulo cuyos lados son orden (Sumo Sacerdote), rabia (Diablo) y cambio (Loco). Es decir, el conflicto político es miedo versus rabia versus esperanza. El verdadero choque de da porque el Sumo Sacerdote tiende a petrificar los cambios, el Diablo quiere romper el sistema desde la rabia y el Loco quiere reinventarlo sin medir las consecuencias. Y la sociedad chilena oscila entre estas tres fuerzas sin poder aun integrarlas. Es lo que vimos en las elecciones de noviembre de 2025.
¿Qué arquetipo falta? Aquí está el problema. Chile hoy carece de un arquetipo integrador. Ese rol lo podría representar El Emperador, habla del orden con liderazgo real, o El Mago, que tiene la capacidad de transformar la realidad en acción concreta y realista. El problema es que hoy en día el orden está cuestionado y la transformación no logra materializarse, razón por la cual Chile no está en equilibrio sino está más bien en una fase de catarsis emocional (Diablo), intentos de reinvención (Loco) y una reacción conservadora (Sumo Sacerdote). Y el riesgo de esto es quedar atrapados en un péndulo eterno.
Los arcanos vigentes
El mapa del Tarot para el nuevo gobierno de Chile nos muestra que hay varios arcanos mayores rigiendo los destinos del país y, con ello, podemos tener claridad sobre las fuerzas psicológicas que están operando.
Como hemos dicho, uno de los arcanos dominantes es el Sumo Sacerdote, también arcano natal del presidente Kast, que representa la necesidad de orden, la tradición, las reglas claras, la autoridad moral. Esta carta es el arquetipo que conecta con el terror al caos y apareció con fuerza tras el estallido social de 2019. En términos psicológicos, la gente busca certeza en un mundo incierto pero el riesgo de esta conducta es volverse rígido y confundir orden con control absoluto.
Otro arcano presente es el Diablo, que representa la rabia contra la desigualdad. El Diablo apunta a deseos reprimidos, dependencias, rabia acumulada frente al poder y al abuso.
Sin embargo, hay un tercer arcano que ha aparecido en este primer mes del nuevo gobierno. Se trata de La Justicia, una carta que no es emocional ni carismática y que no promete, sino que mide, corrige y responde. El arcano de La Justicia tiene una debilidad: puede volverse fría, distante y lenta y eso genera desconexión emocional además de sensación de falta de liderazgo. Eso lleva a que la ciudadanía se impaciente. Es decir, Chile hoy no está en expansión ni en caos puro. Está en evaluación.
¿Cómo se manifiesta la fuerza de la Justicia en quienes nos gobiernan? En el predominio de la lógica sobre la épica. Vivimos momentos de decisiones más técnicas que inspiradoras, de menos relato y más ajuste. Algo que lleva a que la gente sienta que no pasa nada, que todo se está revisando. Esto lleva a que estemos viviendo tiempos de alta exigencia respecto de la rendición de cuentas, de alta sensibilidad a los errores, de juicio constante por parte de los medios, la ciudadanía, la oposición. Por ende, rige un clima donde nadie tiene margen amplio.
Asimismo, hay una búsqueda de frágil equilibrio, así como intentos de balancear el orden y el cambio, pero sin lograr satisfacer completamente a ningún lado. El resultado es la crítica desde todos los sectores.
Chile no está en paz, está contenido. Está en un tironeo entre la presión por el orden y la rabia social, recibiendo medidas tomadas desde la lejanía y frialdad de la Justicia. Y cuando un país vive demasiado tiempo en el juicio, se cansa de esperar y empieza a exigir resultados. El riesgo real de esto radica en que, si La Justicia no logra cambios visibles, puede aparecer un arcano muy complicado: La Torre. Esta carta habla de crisis, ruptura, caída de confianza. Ahora, si el gobierno enmendara el rumbo, podría asomarse una carta positiva, La Templanza, arcano que habla del equilibrio real, no forzado. Pero no se ve por donde porque la Templanza habla de no ir contra el río y Kast se ha doctorado en ir a contracorriente de la ciudadanía.
El riesgo de la torre
Si hay una carta que puede hacer caer a un gobierno es La Torre, que no habla solo de crisis sino de colapso de legitimidad, de quiebre de las confianzas, de una caída rápida de lo que parecía estable. La Torre no avisa con tiempo, no es gradual y representa un punto de no retorno respecto del cambio.
La Torre aparece cuando se juntan la desconexión con la realidad y el poder empieza a vivir en su propia narrativa. En ese momento la gente siente que los que mandan no están viendo lo que ciudadanía está viviendo. A ello se suma la acumulación de rabia no resuelta frente a la desigualdad, al abuso, la frustración. Y cuando todo esto no se canaliza, obviamente puede explotar.
Las caídas se gestan por decepción acumulada y no son un evento sino una secuencia, donde primero se da un desgaste silencioso, luego una pérdida de credibilidad, y un evento gatillante que provoca el colapso del castillo de naipes. Después de ello, lo que se haga ya es tarde.
La Torre no destruye algo sólido, destruye lo que ya está debilitado. Y da señales tempranas claves. Como que la gente empiece a opinar que “nada cambia”, que aumente la irritación social, que se observe una pérdida de confianza transversal por decisiones que no conectan con la calle.
En el camino de la vida del que habla el Tarot, después del remezón de la Torre, aparece un arcano muy valorado, La Estrella. Esta alude a reconstrucción, a esperanza, a nuevos ciclos. Pero este arcano puede desarrollarse solo si se acepta la caída que ha generado la Torre, cuya labor es botar lo que ya no está sirviendo, lo desechable, lo que se ha defendido por la fuerza del ego. Asimismo, la Torre esta sobre roca, de modo que sus cimientos permanecen.
¿Qué tan cerca de la Torre está hoy Chile? Desde luego, no estamos en caída total pero sí en fase previa. Chile hoy no está en el momento del colapso, pero tampoco está estable. Está en lo que el Tarot llamaría “antes del rayo” que azota desde el cielo a la Torre. La señal clave que vemos es el desgaste de confianza y hoy, en Chile la confianza esta fragmentada, el apoyo es volátil y hay percepción de distancia emocional.
El problema del momento actual es que, aunque Chile esté tratando de ser gobernado desde La Justicia -que conlleva técnica y equilibrio- la sociedad está sintiendo urgencia, cansancio, impaciencia. Es decir, vivimos un punto de riesgo real ya que La Torre no aparece por ideología, aparece cuando la realidad va más rápido que la respuesta política.
¿Qué podría gatillar un colapso? No un gran evento sino uno que condense una crisis de seguridad visible, un error político grave y promesas que se rompen públicamente. Algo que haga a la gente decir “hasta aquí llegamos”
El escenario actual es que Chile está en una bifurcación. O evoluciona hacia la Templanza -haciendo ajustes que funcionen- o deriva hacia la pérdida de control político, La Torre.
En definitiva, Chile no está en La Torre, pero ya está escuchando el trueno. Y la diferencia entre estabilidad y colapso no es el tamaño de la crisis sino cuánto se tarda el poder en reaccionar.
