Andrés Kogan Valderrama, Sociólogo, Diplomado en Educación para el Desarrollo Sustentable, Magíster en Comunicación y Cultura Contemporánea
En un nuevo Día del Padre, este 2026, por primera vez lo viviré como padre de un niño de nueve meses. Esta experiencia me obliga a preguntarme cuál debiera ser mi rol en su crianza en un momento histórico marcado por la creciente incertidumbre respecto del futuro de la vida en el planeta, producto de la crisis socioambiental que atravesamos.
De ahí que plantear la idea de las ecopaternidades nos invite a pensar nuestra forma de ser padres desde un lugar mucho más profundo, especialmente en la manera en que nos relacionamos con nuestros hijos hombres, al estar insertos en una masculinidad de la muerte que históricamente se ha desligado del cuidado de los otros, de sí misma y del planeta.
No es casualidad, por tanto, que los hombres tengan una mayor huella de carbono que las mujeres y un menor interés en transformar sus estilos de vida para disminuir su impacto climático. Como consecuencia de una forma de ser hombre patriarcal, antropocéntrica y productivista, separada de la Naturaleza, el cual ha construído prácticas y modelos económicos insostenibles para la vida.
Tampoco es casualidad que, según distintos estudios, las mujeres tiendan a mostrar una mayor preocupación y compromiso con el cuidado del medioambiente que los hombres, y que muchos varones eviten ciertas conductas ambientalmente responsables porque estas son percibidas culturalmente como poco masculinas o asociadas a la feminidad.
Por lo mismo, cuando hablamos de formas distintas de ser padre, no es suficiente cuestionar y superar la figura del padre proveedor, competitivo, distante y autoritario mediante un rol centrado en el cuidado, la corresponsabilidad y la presencia afectiva. Somos parte de una casa común llamada Tierra, y la estamos destruyendo cada vez más.
Ante esta realidad, el desafío como padres es comenzar a vincular la crianza con la responsabilidad ecológica, entendiendo que cuidar a nuestros hijos también implica cuidar el planeta que habitarán. Nuestra forma de producir, consumir y relacionarnos con la Naturaleza no puede separarse de la pregunta por el tipo de hombres que queremos formar para vivir de manera sustentable.
En consecuencia, no basta con amar a nuestros hijos y vincularnos con ellos desde el cariño, el juego, la escucha y la empatía. También debemos preguntarnos qué estamos haciendo para garantizar las condiciones que harán posible su vida futura, una vida amenazada por un tipo de masculinidad que considera el cuidado del planeta como algo inútil o poco masculino.
Las ecopaternidades proponen precisamente superar una idea de hombre asociada al control, la competencia, la explotación y la dominación, no solo hacia las mujeres y otros hombres, sino también hacia la Naturaleza misma. Se trata de avanzar hacia la construcción de identidades masculinas más cuidadoras, interdependientes y conscientes de los límites ecológicos del planeta.
Como padre, esta reflexión adquiere una dimensión cotidiana. No se trata solamente de reciclar o consumir menos plástico. Se trata de enseñar que la empatía no debe limitarse a las relaciones humanas; que el respeto incluye también a otras especies; que el bienestar individual depende del bienestar colectivo; que la diversidad enriquece la vida; y que cuidar el planeta no es una tarea secundaria, sino una forma de cuidar a quienes amamos.
Pienso en mi hijo y me pregunto qué tipo de hombre quisiera que llegara a ser. No sueño con que sea exitoso según los estándares tradicionales. Preferiría que fuera capaz de cuidar y dejarse cuidar; que pudiera reconocer sus emociones; que aprendiera a cooperar más que a competir; y que comprendiera que la Naturaleza no es un recurso infinito a nuestra disposición, sino una red de vida de la cual formamos parte.
Que este nuevo Día del Padre, mientras observo a mi hijo descubrir el mundo con asombro, comprendamos que la paternidad es también una invitación a transformarnos desde una masculinidad para la vida. Tal vez las ecopaternidades no sean otra cosa que eso: aprender que cuidar a un hijo y cuidar el planeta forman parte de una misma tarea.
