
Economista, Instituto Igualdad
El estallido social en nuestro país fue el resultado de la acumulación demandas incumplidas o insatisfechas que culminaron en la más grande de las movilizaciones sociales espontáneas ocurridas, donde la población, la gente de a pie, se hizo presente por las calles y avenidas de Santiago y otras ciudades pacíficamente para hacer presente a esta sociedad su descontento por la desigualdad y precariedad con que viven millones de chilenos y chilenas, mientras unos pocos enriquecen sin límites.
Obviamente, estas grandes movilizaciones llevaron como era de suponer a grupos anarquistas y delincuentes a usar la violencia para realizar sus acciones antisociales. Con todo, una minoría como esa no puede considerarse para nada representativa de lo que fue el estallido social como una legítima y masiva respuesta del pueblo que mostró una fuerza que hizo confesar al mismo presidente de la época que eso no había sido previsto, que faltó conocer más de cerca la realidad del pueblo y, finalmente, en su desesperado intento por enfrentar ese procesosostuvo que estábamos guerra interna, lo que fue desmentido públicamente por un alto mando militar.
Después de casi 5 años de esa masiva expresión de protesta, estamos presenciando el estallido de unepisodio protagonizado por la élite política y económica. Se trata de una bomba de racimo que estalla en el centro del poder de la élite. Desde el presidente del gobierno que debió enfrentar el estallido social, algunos de sus ministros y parlamentarios de su sector, hasta miembros del máximo tribunal judicial se coluden para usar el poder y los recursos del estado por la vía del cohecho, soborno, fraude al fisco, lavado de dinero, uso de información privilegiada y protección policial en una compleja arquitectura del delito de cuello y corbata descubierto tras la grabación de conversaciones y conocimiento de chat intercambiados por un conspicuo asesor del gobierno de Piñera, el abogado Luis Hermosilla, para intervenir en organismos del más alto poder estatal como la CMF, la Corte Suprema, el SII, entre otros, y así organizar una red de corrupción para concretar como fin último la acumulación de más riqueza por la vía delictual.
El fraude al fisco es una herencia de la dictadura. El país sufrió una altísima pérdida patrimonial en el proceso de privatización de bienes de propiedad del estado vendidos a vil precio que fueron comprados con dineros prestados por el estado a los partidarios del régimen a través del sistema llamado capitalismo popular, cuya devolución se hizo con las utilidades de las acciones recibidas por esos “inversionistas”, muchos de ellos miembros del gobierno de la propia dictadura y familiares de Pinochet, dictador que no se caracterizó precisamente por ser un gobernante que entró pobre y salió pobre de la Moneda. Así se recompuso la elite con los nuevos ricos. Fue la renovación de la élite, lo que heredó Chile de la dictadura, lo que terminó por imbricar con nuevas formas de corrupción a las altas esferas del poder.
Nunca habíamos conocido montos de la magnitud de dinero defraudado al fisco como lo que hemos comprobado, en parte, tras la acción de la justicia. Desde municipalidades hasta entidades superiores del estado,civiles y militares, como también de empresas que se coluden para fijar precios y repartirse el mercado, que evaden impuestos, usan información privilegiada, cometiendo soborno y lavado de activos.
El estallido de la élite es el estallido de la corrupción.Pero, no nace precisamente de una autodenuncia, sino de lo que pudieron investigar con seriedad y valentía profesionales de las comunicaciones. Es información que se pesquisa con un gran y difícil trabajo para conocer cómo funciona la sociedad, la política, los grupos poder y cómo es usado el estado para enriquecer a unos pocos y mantener a la mayoría de los ciudadanos en espera de recibir lo mínimo para vivir dignamente. En buena hora existe la posibilidad de saber lo que ocurre en el epicentro del poder e intentar llevar a la justicia los delitos que allí se fraguan.
Advertencia a la élite
El estallido social fue una advertencia a la élite que la degradación de la sociedad debe parar. Que la corrupción viene de arriba, que su origen y difusión ha sido promovido por una élite en el poder y ha mostrado a la ciudadanía y a todo el mundo con crudeza la magnitud de los delitos que comete al alero del estado, al mismo que no le permite disponer de más recursos para responder a las demandas sociales.
Una parte importante de la élite ha mostrado con su conducta una nefasta y deplorable cultura subyacente que en nada se distingue de la que muestra el crimen organizado y el narcotráfico, misma elite que hoy denuncia profusamente en los medios de comunicación que controla, la delincuencia, como una batalla perdida por el gobierno.
Sin embargo, es imposible no ver, ignorar, ni menos bajarle el perfil a lo que está ocurriendo en nuestro país con el caso judicial comentado anteriormente, cuyos antecedentes cada vez más graves, han trascendido al resto del mundo, abriendo puertas y ventanas que permitan ver los turbios manejos del poder que no dejan institución del país sin ser salpicada. Chile ha sido objeto de un demoledor golpe a su integridad moral y credibilidad por parte de un puñado de conspicuos operadores del poder político y económico de que dispone la élite. Ojalá, no tengan el mismo trato que tuvo Pinochet, que como sabemos, ni por corrupción ni por sus crímenes de lesa humanidad recibió castigo alguno.
Si el estallido social de octubre del 2019 el mundo entero lo entendió como un legítimo derecho de los ciudadanos de nuestro país a defender sus derechos y exigir solución a sus problemas, el estallido de la bomba que activó un grupo selecto y todopoderoso de la élite se debe estarviendo con estupor como el quiebre del orden institucional, de la moral y la supremacía de la corrupción.
Chile, necesita más que nunca un cambio profundo en el funcionamiento de todas sus instituciones y, sobre todo,un cambio en la formación temprana de todos los miembros de la sociedad que garantice trasparencia, probidad, responsabilidad y conciencia social a todo nivel. Es probable que lo que ha sido descubierto en el llamado “caso audios”, sea la punta del iceberg y ello nos debe alertar de la urgencia de revisar y modificar nuestra cultura ciudadana, especialmente, a nivel de quienes son servidores públicos.






Excelente comentario. Ahora viene lo difícil ¿Será capaz la sociedad chilena, su gente, sus instituciones de castigar a estos facinerosos desalmados, cuyo único dios es la riqueza?