Las raíces del fascismo anti medioambiental chileno
Las figuras predominantes de la actual Ultraderecha chilena catalogan de “amenazas dictatoriales a la libertad” las políticas medioambientales del país. Por otro lado, el Humanismo nacional considera que las raíces de la crisis ecológica actual se encuentran en una sociedad conducida irracionalmente y no en la cultura de los chilenos; tampoco en una religión determinada, ni en la razón, la ciencia o la tecnología. Al contrario, este defiende la importancia de la cultura de Naturaleza, la ciencia y la tecnología en la creación, tanto del pensamiento y de las políticas ambientalistas, de carácter progresista como de una sociedad futura ecológica, racionalmente administrada.
¿De adonde viene el anti ambientalismo del fascismo nacional?
Sus raíces históricas hay que buscarlas en el antiguo concepto conservador alemán de «Sangre y Suelo» (Blut und Boden), que conceptualizó a la Naturaleza como parte de la identidad racial de quienes evolucionaron en ese paisaje. En el afán por ampliar el espacio vital nazi, el Lebensraum, se impulsó mediante la guerra, en Alemania y los países invadidos, la destrucción de ecosistemas y recursos, para solventar el crecimiento económico fascista y el esfuerzo de guerra. Esta causó una inmensa contaminación y degradación ambiental no solo en el suelo alemán sino entodos los países subyugados. Sin embargo, el fascismo de la época diseñó una «nueva ecología» como una herramienta ideológica, y no como una preocupación genuina por el medio ambiente, quedando supeditada ésta a sus objetivos raciales, expansionistas y bélicos. El misticismo y el biologicismo elaborado a partir del Blut und Boden, desvióla atención pública de las causas económicas y sociales que causaban el desastre medioambiental de la época. Era el auge del movimiento Völkisch, una poderosa corriente cultural y social que unía el etnocentrismo con el misticismo naturalista alemán. En ella, el principal logro nazi fue la dictación del Reichsnaturs chutzgesetz de 1935. Unapropagandística «ley de protección de la naturaleza», que estableció supuestas líneas maestras para la salvaguarda de la fauna, la flora y los «monumentos naturales» a lo largo del territorio del Reich. La «rama verde» del Partido Nazi usando esa ideología sirvió de base a un vil programa deviolencia racista basado en el Blut und Boden. Así, laspolíticas medioambientales nazis fueron responsables del asesinato masivo y planificado de aquellas personas que no cabían racialmente en el concepto de sangre y suelo. La confluencia de ese dogma anti humanista con una fetichización de «pureza» racial proporcionó un brutalincentivo para la llamada «Solución Final», el holocausto del Pueblo Judío, Gitano y otras minorías. Actualmente, se hacen carne en las políticas anti migración de las ultraderechas.
El objetivo de esa política era sublimar la destrucción de la Naturaleza y el daño medioambiental, sin cuestionar la fantasía Blut und Boden, y solo pudo hacerse a costa de obviar el análisis social del daño medioambiental y rechazando su consideración como una expresión del conflicto entre intereses sociales en la sociedad. Una solución fue exculpar de la destrucción a los alemanes y asociar los problemas medioambientales a la influencia destructiva de otras razas. Ninguno de los grandes industriales que sustentaban la máquina de guerra alemana fue siquiera mencionado en esta colosal destrucción y uso no sustentable de la Naturaleza. La herencia actual de ello ha sido que hoy las ultraderechas mundiales fascistas consideran que el problema medio ambiental es un invento del comunismo y no un problema derivado del irracional funcionamiento de un tipo de economía consuntiva, escasamente mitigadora. De allí su aversión a las políticas públicas medioambientales chilenas que castigan el daño ambiental y que tratan de repararlo democrática y progresivamente. Destruir el ambientalismo humanista es parte de su actual y mesiánico esfuerzo por reinstalar un nuevo orden mundial sin regulaciones y normas para los dueños del capital.
El anti ambientalismo fascista contra la encíclica católica Laudato Si del Papa Francisco.
La ecología, en su esencia, habla de la interconexión de todos los seres vivos y su entorno. Recuerda que somos parte de un gran «hogar» (Oikos), un sistema complejo y delicado que es necesario cuidar. Así, desde una perspectiva cristiana, la creación es un regalo de Dios, un jardín que se ha confiado a los hombres para que lo cultiven y lo protejan. La fe los impulsa a reconocer la dignidad de toda criatura y a actuar como administradores responsables de la creación. El fascismo chileno actual con su política antiambientalista evade el mandato divino. En respuesta, ellos dicen que la iglesia católica ha sido colonizada por el nefasto ambientalismo como en lo social fue colonizada por la Teología de la Liberación. Su mentira alcanza niveles delirantes desobedeciendo a sus más preciados pastores. El Padre Joseph Kentenich, fundador del movimiento cristianoSchoenstatt, en la Carta de octubre de 1948, invitó a sus discípulos a reflexionar sobre la creación de un nuevo orden social. Les advierte sobre los peligros de una economía que se separa del orden natural y da la espalda a Dios. Los llamóa buscar un bienestar que no se base en el consumismo desenfrenado, sino en la armonía con la naturaleza y el respeto por los límites del planeta. El Papa Francisco en la encíclica católica Laudato Si de 2015 Cuidar la Casa Común, reafirmó sabia y generosamente esa enseñanza para todo el mundo cristiano creyente. El Fascismo chileno en su delirio ha enterrado esa parte del valioso humanismo cristiano, detrás de sus obsesiones refundacionales. El anti ambientalismo fascista tiene en su centro un homocentrismo rabioso y no la casa común de todas las especies, que debe ser respetada a través el principio biocentrico. La “Libertad”fascista tiene también como elemento central, el crecimientoeconómico y un consumo sin límites materiales y morales. Para ellos la Naturaleza y el Medio Ambiente es una bolsa de recursos a explotar y un gran depósito de desechos. A su vez, con su pseudo ideologismo de “respeto a la vida” se niega instalar mecanismos de control de la población humana, que al momento es la especie más abundante y destructiva que existe en la tierra.
Luchar contra el anti ambientalismo fascista chileno actual es fortalecer el Humanismo, la Democracia y el Ambientalismo, es volver a las raíces civilizatorias que nos acompañaron desde 1990 a la fecha, periodo en el cual, basados en una idea incluyente de Progreso, el consenso democrático interno y a los cambios científicos y sociales a nivel mundial, el país avanzó enormemente buscando hacer real el mensaje cristiano y la aspiración a un tipo de sociedad ecológica que nos permita seguir existiendo y evolucionando junto al resto de la vida del planeta.
