La primaria de la izquierda está concluyendo con dos opciones claramente diferenciadas, incluso más allá de lo que permitía avizorar las semanas previas. Partió con un candidato predominante y otro jugando a complementario, pero está terminando en competencia efectiva y hasta polarizada.

La opción de Jadue ha sido muy consistente en apostar a la movilización del voto duro de izquierda, considerando que la primaria es un espacio más acotado de participación donde van los más convencidos. La idea es que si van los de siempre, los de siempre ganarán. Sobre esto no hay dudas.

La apuesta de Boric es la apertura, fuera de los cánones clásicos, apelando a la incorporación de votantes desde hace poco movilizados o susceptibles de mover a las urnas, haciendo la diferencia con lo que ya se tiene.

Las invitaciones correspondientes han sido cursadas durante toda la campaña y, por lo tanto, todo depende del número de votantes. Se entiende que a mayor participación ciudadana, mayor posibilidad tiene Boric de dar la sorpresa.

Honradamente nadie sabe lo que puede ocurrir, puesto que durante el último año y medio ya se han agotado las veces en que se podía decir “esto no tiene precedentes”, sin cansar a los demás. Por lo mismo, la mayoría guarda silencio.

Lo que sí se puede hacer sin inconvenientes es anticipar el impacto político que tendría los resultados posibles. Si se da lo esperado, estimo que el triunfo de Jadue va a ser considerado como una buena noticia para los otros contendores.

No es que los demás tengan una preferencia por el candidato PC, sino que están desde hace mucho tiempo preparados para competir con él. Ejecutarían un libreto ya confeccionado. Una posición polar es siempre más fácil de enfrentar porque despierta prejuicios muy arraigados en otros sectores.

Nunca más cierto que nadie sabe para quién trabaja. Pero lo que sí se puede adelantar es que esta “buena noticia” no tendrá un beneficiario permanente. Partirá favoreciendo a unos, pero terminará por consolidar a otros.

Supongamos que en la primaria de derecha ocurre una situación equivalente, ocurre lo esperado y gana Lavín. Serían tal para cual y el sector conservador comenzaría de inmediato con la letanía anticomunista. Pero ahora algo falla.

O bien todo lo que ha acontecido tras el estallido es un paréntesis por concluir o la derecha tradicional no es capaz de vencer a una izquierda más fuerte. A poco andar, Lavín no se mostrará como garantía de nada y muchos desertarán.

La historia es distinta si gana Boric. Si triunfa no será sólo porque votaron nuevos electores, sino porque electores tradicionales de la centroizquierda se habrán convencido de la necesidad de apoyarlo. La apuesta, pues, es atraer los votos de adherentes del PS, PPD y liberales de distinto género.

Sin decirlo, con señas a prueba de niños y sopaipillas mediante, la idea es “hoy por mí, mañana por ti”. Hay un cierto permiso para que existan votantes que participen de la definición de la izquierda y luego de la centroizquierda.

Todo bien, excepto por un pequeño detalle. El caso es que los que voten por Boric se quedarán con Boric y no volverán a ningún sitio. Si triunfa se radicarán a su lado. Jugar a dos bandas, siendo el más débil, es siempre una mala idea.