El neonazismo en marcha

En política no puede desestimarse lo avanzado. Ha sido un laborioso y complejo proceso para los países reunir y unir a las fuerzas progresistas y gobernar en democracia. Sumar fuerzas tiene un costo no menor para los integrantes del progresismo que han podido experimentar en su propia autoestima.

Hoy la derecha se inclina crecientemente por las corrientes neonazi. Es el momento de incorporar más pragmatismo y realismo al razonamiento político para explicar este avance de la ultraderecha. Lo anterior mucho tiene que ver con aprehender – con el mayor compromiso posible – los sentimientos y necesidades del pueblo, cuestiones básicas que mejoren su calidad de vida, en la dirección de que todas sus demandas pueden y deben conducir a cumplir los objetivos de una mejor democracia y un mejor país.

Estamos en un momento crucial en el mundo – especialmente en aquellos países que creen pertenecer a la cultura occidental – donde el bienestar de unos pocos países y a la vez dentro de ellos de unos poquísimos individuos es exponencialmente superior al resto de la población. Ello ha sido posible por la arquitectura y funcionalidad de un sistema económico, social y político que vestido de democracia ha logrado privilegiar a unos en desmedro de muchos otros. Ciertamente, el progreso ha derramado algunos beneficios a las grandes mayorías de habitantes, como sería el uso del teléfono celular en estos días en la red de comunicaciones universal de internet, sistema que no está exento del control y dominio de las élites en las comunicaciones sociales.

La inteligencia artificial (AI)

La AI, la economía digital, el conocimiento y la empleabilidad de la mano de obra que será afectada por las nuevas tecnologías y el conocimiento asociado a su uso, es un tema crucial que afecta a toda la sociedad en muchos planos. En efecto, en solo los dos últimos años la AI ha logrado penetrar todas las áreas del conocimiento y de la economía, generando incertidumbre en los trabajadores de muchas especialidades laborales donde se anuncia que pronto las máquinas reemplazarán al ser humano.

La misión de los gobiernos será cómo contribuir para que los trabajadores puedan llegar dominar la AI para evitar que esta máquina tecnológica y del conocimiento nos supere en todos los planos. Es claro que la AI puede reemplazar a un trabajador y eso lo vemos crecientemente en la robótica industrial. Asimismo, no está claro cómo se podrá inhibir la incorporación de inteligencia humana para fines destructivos y delictivos en el software utilizado por las máquinas de AI, y cuándo generar la legislación y regulaciones para ello que tenga alcance global y comprometa a todos los países.

Un punto central en la política es de qué manera la sociedad puede enfrentar desafíos como la AI en beneficio y no en contra de la sobrevivencia del planeta. En este tema la AI tendrá un lugar destacado en la lucha contra el cambio climático. Se trata de actuar aceleradamente en descubrir e inventar mecanismos para mitigar los efectos en la destrucción de la vida en el planeta. Claro está que la industria militar también compite por el uso de la AI en la fabricación de armamento provisto de capacidades destructivas inimaginables. La contradicción que existe entre el empleo de la ciencia y la tecnología para usarla como arma mortal o para favorecer la vida, será una cuestión que solo se podrá resolver con el concurso y unidad de todos los países en un pacto de gobernanza inclusivo y que priorice la paz, la vida y la colaboración.

La concentración de la riqueza está totalmente ligada a la reducción de la carga tributaria que exige y consigue la élite económica, lo que reduce la capacidad del Estado para recaudar recursos que permitan minimizar la brecha de los más ricos con el resto de la población. El endeudamiento del gobierno para mitigar las diferencias en la calidad de vida de la mayoría de los ciudadanos se ve como el último mecanismo disponible para enfrentar el gasto social ante la negativa de no conseguir el apoyo político para subir los impuestos a la renta de los más ricos, aparte de intentar reducir la evasión y la elusión, tarea que no resulta fácil para los gobiernos. La tendencia a incrementar los impuestos indirectos, como el IVA, en menoscabo de los impuestos a la renta hace posible que los más ricos paguen proporcionalmente menos impuestos que los más pobres con impuestos regresivos.

La estrechez fiscal que presentan los estados que los obliga a endeudarse, unido a una mejor gestión de los gobiernos no tiene otra alternativa que priorizar el destino de los fondos que garantice los ingresos para el gasto social de las demandas permanentes, lo que además requiere disponer necesariamente de un proyecto de más largo plazo. Si nuestro relato demuestra cuál es el interés político y económico de la élite, de los partidos de derecha y de su proyecto neoliberal fracasado para hacer llegar el progreso a todas y a todas, ello permitirá a los ciudadanos entender y aceptar más fácilmente la necesidad de contar con un modelo alternativo que con crecimiento sostenible y equidad satisfaga las metas de los ciudadanos y un futuro más auspicioso.

La concentración de la riqueza ha conducido no solo a una desigualdad oprobiosa, también ha permitido nuclear con más poder a las élites de los países más poderosos del mundo. Ya no existen fronteras ideológicas que puedan no ser violadas ni valores que puedan ser reconocidos como universales. El poder económico de las élites las hace ser poseedoras de recursos que le permiten controlar qué se considera aceptable, qué se puede considerar verdadero, que es lo que le conviene o no en su vida cotidiana a los ciudadanos. Si este mecanismo de control está apoyado en AI y si las fake news se hacen parte y dominan las comunicaciones sociales, estamos en el terreno propicio para una dominación neonazi global.

El giro de quienes desean volver a posicionar a EEUU en el liderazgo mundial son fuerzas políticas neonazi que representan Trump, Bolsonaro, Milei, entre otros, que han logrado convencer a la gente con sus proyectos autocráticos y negacionistas. Hoy, en EEUU con Trump como presidente, se integran todos los poderes del estado al poder económico de la élite de los multimillonarios del mundo. Ello hace posible que la nación más poderosa del planeta esté en manos de un puñado de multimillonarios y con ello el destino de la humanidad. La democracia está amenazada por el surgimiento del neonazismo, y como guinda de la torta, un esquizofrénico ultraderechista grita a todo pulmón “viva la libertad, carajo”, echando bencina al fuego.