
Economista, Instituto Igualdad
La guerra emprendida por Israel en Gaza nos muestra que la historia en esos territorios sigue viva, tras milenios de muerte, confrontaciones y destrucción. Nuevamente, su extensión en el Líbano y más allá parece cuestión de tiempo. No vemos voluntad para lograr detener esta guerra a pesar de ir sumando día tras día víctimas de operaciones militares asistidas con armamento de última generación altamente destructivo e incluso prohibido a nivel internacional.
La ONU no ha logrado el propósito de detener o atenuar las consecuencias de este conflicto, incluso con numerosas bajas de su personal civil y uniformado. El poder concentrado en el Consejo de Seguridad de la ONU ha permitido el desbordamiento de este conflicto, así como también la guerra en Ucrania. El mundo entero sigue como espectador sin tener poder alguno para hacer valer la voluntad mayoritaria que aboga por la paz.
Israel, pese a su alto poder militar, ha mostrado, por un lado, su total fracaso en la seguridad y defensa inteligente, al no haber evitado el acto terrorista de Hamás que causó la muerte de 1.200 personas en ese país. Asimismo, ha mostrado incompetencia al haber dado muerte en Gaza a la cabeza de Hamás, YahyaSinwar, solo después de un año de su búsqueda, sin saber que fue al que mataron, identificado solo después de haber bombardeado el edificio donde se encontraba.
Por otro lado, ha quedado demostrado que el poderío militar de Israel lo ha desplegado en zonas de densa población civil e indefensa, dando muerte en Gaza a más de 42.000 personas desde el inicio de esta ofensiva, sin que esta gente estuviera protegida por militares ni armas, generando la destrucción de sus viviendas y llevándolas a límites fronterizos donde tampoco tienen seguridad de poder ser recibidas con vida en países vecinos.
Netanyahu será castigado como criminal de guerra, más temprano que tarde. Con el argumento de que Hamás está mezclado con la población civil, este nuevo nazi moderno dispara bombas, misiles y balas sin piedad ni cuidado de no matar a niños, mujeres y ancianos indefensos abandonados a su suerte. Al parecer, aprovechando el abominable atentado terrorista que sufrió Israel, Netanyahu, en respuesta, lanzó una siniestra operación militar destinada a ocupar los territorios que abandonaban los palestinos, amedrentándolos, desatando terror y muerte con el apoyo logístico y de armas de Estados Unidos y otros países de Europa.
Matar una mosca con un tanque es absurdo; sin embargo, esa ha sido la manera brutal de Netanyahu para destruir bienes y viviendas, asesinar a la población palestina u obligarlos a que abandonen su país para apoderarse de sus territorios, so pretexto de eliminar a los terroristas mezclados con la población de gente inocente y pacífica.
Netanyahu ha mostrado su incapacidad para dar seguridad a su propio país y embarcarse en una guerra que lo tiene al borde de un conflicto con efectos desastrosos en gran parte de Oriente Medio, generando inseguridad en todo el mundo civilizado.
La ocupación de Israel de los territorios palestinos se ha extendido en no menos de un 50% más allá de los límites establecidos por la ONU que dio origen al Estado de Israel en 1947. Lo ha hecho con la misma violencia que la utilizada por el grupo terrorista de Hamas contra civiles hace un año, pero, últimamente a mayor escala, en represalia a través de la ocupación militar más sangrienta de estos tiempos de Israel en Gaza. Y ahora, con el avance militar de Israel en el Líbano, se han registrado más de 2.000 muertos y han abandonado sus hogares más de un millón de personas, así como también la destrucción de viviendas y bienes públicos al igual que en Gaza, con la amenaza de que haría lo mismo en Irán.
El mundo ha dado muestras que se mueve y se sostiene con ideas y doctrinas, que, pese a sus legítimas diferencias y buenos propósitos, terminan por transformarse en opuestas e irreconciliables motivaciones que han dejado a millones de seres humanos muertos y sus civilizaciones destruidas. Las ideologías que se instalan en el poder económico, político y militar con la idea de dominar el mundo se basan en una supuesta superioridad que manifiestan con capacidades destructivas que no dudan en utilizar armas atómicas.
La historia de las ideologías políticas que se han alzado para ofrecer paz y felicidad al mundo ha mostrado la debilidad de sus líderes al enfrentar los conflictos, revelando más que sus ideas, sus instintos de eliminar a sus adversarios convirtiéndolos en enemigos.
Vemos que la política logra revestir la realidad de colores y formas que, desde su origen, han dado paso a su antídoto, a su rechazo, a enfrentar nuevos oponentes o enemigos, creándose una rama más de un árbol, que le da cabida, pero con frutos muy diferentes. Es la diversidad que contiene el árbol de la vida. Ha llegado el momento de entender que todos los seres humanos pueden tener un sitio y un lugar merecido en este frondoso y generoso árbol, a condición de admitir que cada rama puede brindarnos buenos y provechosos frutos.





