Periodista y Psicóloga.
Leonardo Cáceres tenía en la vida una misión que -sin él saberlo- iba a justificar toda su existencia: poner en el aire el mensaje de un hombre que, al despedirse de su país y su gente, dejaría un legado histórico para la humanidad. Al anunciar a través de Radio Magallanes al presidente Salvador Allende en su último mensaje, esa mañana del 11 de septiembre de 1973, Leonardo nunca volvería a ser el mismo.
Poco después de sus hermosas y emotivas palabras, Allende moriría mientras el Palacio de La Moneda era bombardeado por aviones de guerra de la Fuerza Aérea chilena.
Esa increíble y enorme responsabilidad le tenía deparado el destino al Flaco Caceres. Después de asumirla, debería arrancar de la jauría que lo acechaba, y terminar largos 12 años en el exilio en Argentina, España y la Unión Soviética.
Este pasado martes 2 de junio, murió el Leo. Un cáncer implacable, que lo busco más de una vez, se lo llevo injustamente, cuando tenia 87 años pero aun decenas de planes en marcha y sueños por cumplir. Entre otros, seguir liderando la “Mesa de Don Camilo”, una agrupación informal de una veintena de periodistas escritores e intelectuales que comenzó a reunirse alrededor de 2016 para conversar sobre actualidad, periodismo, memoria histórica, cultura y política. Su nombre fue un homenaje a Fray Camilo Henríquez, principal impulsor y redactor de “La Aurora de Chile”, primer periódico publicado en Chile en 1812.
La Mesa, a la cual Leo asistió religiosamente hasta que su enfermedad se lo impidió, más que una institución, era una tertulia permanente. Sus integrantes son, en gran parte, periodistas que vivieron acontecimientos decisivos de la historia chilena: la Unidad Popular, el golpe de Estado de 1973, la represión, el exilio, la prensa de resistencia y la transición democrática. La integran, entre otros, Sergio Campos, Marcia Scantlebury, Fernando Reyes Matta, Felipe de la Parra, Víctor Hugo de la Fuente, Jorge Andrés Richards, Federico Gana y la conversación gira en torno al intercambio de recuerdos históricos, debate sobre actualidad nacional, reflexión sobre democracia y derechos humanos, proyectos editoriales. Uno de los principales frutos del grupo fue el libro “Mi 11 de septiembre” cuya idea nació precisamente con Leo en una reunión de la Mesa.
Antes y después del golpe
Caceres fue parte de las primeras generaciones de periodistas formadas en la Universidad de Chile. Antes del golpe de 1973, ya era un periodista muy respetado y había logrado algo poco conocido hoy: organizar el primer departamento periodístico de Canal 13, cuando la televisión chilena todavía estaba dando sus primeros pasos como medio informativo.
Es decir, para el golpe de Estado, Cáceres no era un periodista joven que recién comenzaba; ya tenía una carrera consolidada en radio y televisión.
En 1973 era jefe de prensa de Radio Magallanes, la última radio que permaneció al aire durante el golpe de Estado.
Tras el golpe trabajó, entre otros programas, en “Escucha Chile”, que transmitió Radio Moscú desde pocos días después del golpe militar con el fin de romper el cerco informativo que instauro la Dictadura de Pinochet. A través de la onda corta, chilenos en el exterior y dentro del país siguieron informándose de lo que realmente estaba pasando en Chile.
“Escucha Chile” transmitió durante toda la dictadura. Era dirigido por el escritor y periodista José Miguel Varas y reunía a periodistas, escritores e intelectuales chilenos dispersos por el exilio. Su objetivo era doble: informar sobre lo que ocurría realmente en Chile y denunciar violaciones a los derechos humanos que los medios oficiales no informaban.
Para muchos opositores a la dictadura, escuchar “Escucha Chile” por onda corta era una forma de romper el aislamiento informativo. La señal llegaba desde Moscú a más de 14.000 kilómetros de distancia.
Después de 12 años de exilio, Leo pudo volver a su país, participando en la fundación del diario La Época -en 1987- que fue uno de los medios emblemáticos de la transición democrática. También fue editor Internacional del diario La Nación a partir de 1990. Allí compartió labores con la periodista María Eugenia Meza, quien era editora de Cultura.
La “Mem”, como es conocida la reportera, lo recuerda con gran admiración. “Con su gran capacidad intelectual y humana, Leo armó un gran equipo y fue un aporte invaluable en las reuniones de pauta porque tenía muchas cualidades que lo hacían ser un líder si aspavientos ni autoritarismos”. Recuerda que “su voz siempre fue escuchada, porque desde joven era sabio y maestro en acercar posiciones sin perder un ápice de sus valores”. Lo recuerda de carácter dulce, “lo que no significaba que dejara de tomar las riendas cuando había que hacerlo, como cuando le correspondió ser uno de los editores coordinadores”.
Lo retrata también como “coherente y generoso y alguien del cual todos aprendimos en ese tiempo”. Destaca que “nunca hizo gala de sus actos heroicos y si uno los desconocía… pues podía pasar la vida sin saberlos, porque de ellos (a diferencia de otros personajes) jamás sacaba partido”. Concluye que “fue de los periodistas íconos que no se acomodó, que no decayó en sus ideales, que defendió siempre el verdadero sentido de la profesión: la lucha por la verdad, le guste a quien le guste”.
Una transmisión histórica
Desde muy temprano, el 11 de septiembre de 1973, las radios afines al gobierno estaban informando sobre el levantamiento militar. Una a una fueron siendo silenciadas: primero Radio Corporación, luego otras estaciones de la cadena “La Voz de la Patria”. Radio Magallanes quedó prácticamente sola al aire. Leonardo Cáceres era el jefe de prensa de la emisora.
Según su propio testimonio, en la radio había un ambiente de enorme tensión: teléfonos sonando sin parar, rumores, reportes contradictorios y la sensación de que algo irreversible estaba ocurriendo. Cerca de las 9:20 de la mañana sonó nuevamente el teléfono directo que conectaba la radio con La Moneda.
El director de la radio, Guillermo Ravest, contestó. Al otro lado estaba el presidente Salvador Allende. El mandatario quería dirigirse al país una última vez porque las otras radios que habían transmitido sus mensajes ya habían sido atacadas o sacadas del aire. Ravest ordenó preparar una grabación y le pidió a Leonardo Cáceres que corriera al micrófono para anunciar la intervención presidencial.
Cáceres alcanzó a sentarse frente al micrófono y comenzó a anunciar que el presidente, asediado en el Palacio de Gobierno, hablaría al país. Sonaron los primeros compases del Himno Nacional pero Allende no esperó que terminara la presentación. Comenzó a hablar inmediatamente desde La Moneda. Así empezó el discurso que incluiría frases que luego quedarían grabadas en la memoria colectiva chilena. Allende comenzó diciendo “Seguramente ésta será la última oportunidad en que pueda dirigirme a ustedes.” Luego defendió la legitimidad de su gobierno y afirmó cagtaglorico: “No voy a renunciar.”
También expresó confianza en el futuro del país: “Tengo fe en Chile y su destino…” “La historia es nuestra y la hacen los pueblos.” Y pronunció la frase que probablemente se transformó en la más célebre de toda su trayectoria política: “Mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor”.
El mensaje duró alrededor de nueve minutos. Fue escuchado por cientos de miles de personas en medio de una enorme incertidumbre nacional. Su importancia en que Radio Magallanes fue la última ventana de comunicación entre Allende y el país. Si esa llamada no hubiese sido recibida y puesta al aire con rapidez, probablemente el discurso más famoso de la historia política chilena nunca habría llegado a la ciudadanía.
Leonardo Cáceres no fue el autor del discurso ni el operador técnico principal, pero sí fue una pieza clave del equipo que permitió que ocurriera. Décadas después, recordaría que al escuchar al Presidente tuvo la sensación de estar oyendo una despedida definitiva. Dijo que mientras escuchaba a Allende, sintió que no era un discurso político normal. Percibió que era una despedida. Todo el equipo de radio Magallanes intuyó que aquellas eran sus últimas palabras, aunque todavía no sabían exactamente cómo terminaría la jornada.
A las pocas horas, Radio Magallanes también fue silenciada. La emisora dejó de transmitir y posteriormente fue clausurada por la dictadura. Sin embargo, miembros del equipo lograron conservar grabaciones del discurso, realizando copias que permitieron que ese registro sobreviviera y circulara por el mundo.
Por este hecho, Leonardo Cáceres suele ser recordado no sólo como un periodista, sino como uno de los últimos testigos directos del instante en que un presidente democráticamente elegido habló por última vez a su pueblo mientras el Palacio de La Moneda estaba rodeado y a punto de ser bombardeado.
El Flaco también fue testigo presencial de ese bombardeo. En entrevistas posteriores relató cómo observó desde el centro de Santiago los aviones Hawker Hunter lanzando misiles sobre el palacio presidencial. Para él, ese momento simbolizó que “se quemaba nuestra historia”.
Preservando la memoria histórica
Leonardo Caceres tuvo un especial interés y motivación en preservar la memoria histórica razón por la cual, en 2023 impulsó la publicación del libro “Mi 11 de septiembre”, que reunió los testimonios de 24 periodistas que vivieron el golpe de Estado. Allí sostuvo que los periodistas de esa generación eran “sobrevivientes y testigos privilegiados” de la tragedia que marcó a Chile.
Para muchos colegas, la figura de Caceres representa una generación de periodistas que no sólo informó sobre la historia de Chile, sino que la vivió en primera línea.
En cierto modo, su vida profesional quedó dividida en dos épocas: antes del Golpe, periodo el que fue constructor de medios en Chile y creador de equipos periodísticos y , después del golpe, como periodista en el exilio, trabajando para mantener informados a los chilenos y preservar una memoria alternativa de los acontecimientos.
Para muchos periodistas de su generación, volver no fue simplemente regresar a casa. Significó reconstruir medios, recuperar espacios de debate público y volver a ejercer el periodismo dentro de Chile después de años de censura y exilio.
Leonardo fue una figura muy respetada entre periodistas. Algo que aparece repetidamente en los homenajes tras su muerte es que sus colegas lo recuerdan no sólo como un testigo histórico, sino como un periodista de gran rigor profesional y fuerte compromiso democrático.
Leonardo Cáceres pertenecía a esa generación de periodistas que no sólo cubrió la historia de Chile; muchas veces tuvo que vivirla, sufrirla y contarla al mismo tiempo. El libro “Mi 11”, el cual editó, más que una versión única del golpe, muestra varios elementos que se repiten constantemente. Como que la mayoría intuía que podía ocurrir un golpe, pero no imaginaba su magnitud. El deseo de seguir trabajando a pesar de saber el riesgo que corrían.Es decir, la aparición del miedo, la incertidumbre y el desconcierto, pero también un fuerte sentido de deber profesional. Desde luego, muchos de esosd 24 periodistas terminaron presos, exiliados, despedidos o censurados después del golpe de Estado.
La despedida…
Entre quienes recordaron los valores del Flaco Caceres estuvo Mario Aguilera, otro periodista a quien el golpe militar le partió la vida en dos. En una bella crónica, relató el emotivo encuentro de los colegas en el velatorio. “Éramos varios de los más viejos. Les comenté que estaba corriendo la lista de espera y que no discriminaba a nadie. Una carcajada colectiva rompió el silencio del antepatio. El humor seguía siendo una forma de enfrentar lo inevitable”.
“Había que despedir al Flaco”, prosiguió Marito. “Le debemos mucho. Es parte de nuestra historia. Estuvo allí cuando el periodismo era también una forma de compromiso con la verdad”. Mientras unos se iban, otros llegaban. “El velorio parecía una gigantesca reunión de pauta … Los achaques de cada uno y, por supuesto, las innumerables anécdotas con el Flaco eran los temas que circulaban de conversación en conversación”.
“Incluso en la despedida, reseñó Marrio, Leonardo Cáceres seguía recordándonos que la vida, el periodismo y la amistad también se construyen con historias pequeñas, con gestos simples y con una cuota imprescindible de humor”. Y concluyo, interpretándonos a todos: “Cuando se trata de despedir a un grande del periodismo chileno, la noticia no termina: se transforma en memoria”.
