PS de Chile y su impronta en el sistema de partidos políticos

El domingo 16 de marzo, recién pasado, se concretaron las elecciones internas socialistas. El dato más importante, fuera de los resultados de listas, pactos y los personales, es que el partido de Allende, Lagos y Bachelet, fue capaz de movilizar a un número mayor que lo que ocurrió en su última elección interna (2022). Se creció de 12 mil a 16 mil votos, con la supervisión del Servicio Electoral (SERVEL).

Cuestión que, sin perjuicio de estar en el margen de la importancia en los imaginarios de las ciudadanías diversas, le permite a este partido afirmar, que se encuentra entre los más consolidados respecto de su propio padrón, máxime si se compara con otros padrones partidarios y, de paso, indicándole a la sociedad que, como otras, esta institución también ‘funciona’.

Si se aquilata de buena manera este resultado, sin perjuicio de la materialización de las definiciones internas (comité central y el resto de sus estructuras partidarias), en el proceso político electoral nacional presidencial y congresal siguiente, debiese sensibilizar al propio PS de Chile, como también a los partidos aliados, respecto de las definiciones de primarias, haciendo que se instale un escenario distinto para el discernimiento de aquellos que han declarado su disponibilidad unitaria de concurrencia. Espacio al que debiese sumarse la democracia cristiana. Entonces, una conclusión factual y no voluntariosa, es que el PS de Chile, emerge fortalecido después del 16 de marzo, enfrentando la ecuación de identidad partidaria v/s elegibilidad-candidatura de una manera NUEVA.

Hoy, es razonable avanzar en una candidatura del PS de Chile para enfrentar el proceso de primarias del sector progresista (ojalá única, ojalá con la DC), por lo factual y lo que representaría sobre una sociedad desafecta con la política y los partidos políticos. En caso contrario, si decidiera renunciar a uno de sus cuadros para las primarias, asumiendo otro nombre para enfrentar ello, quien quiera o logre ese respaldo, debiese entender que el logro de los resultados recientes es producto de su identidad, siendo su propósito movilizador, significativo, aunque se encuentre en el margen de las preocupaciones de las ciudadanías y las territorialidades de la patria Tri-continental y popular. Reafirma que no es cualquier organización dedicada a la actividad política. Pues, su propósito, se podría colegir, es gobernar.

Lo anterior, otorga contenido para sostener la siguiente afirmación “una cosa es una cosa, mientras otra cosa, es otra cosa”, pues el PS de Chile, gracias a sus propios resultados internos, es decir al respaldo alcanzado por sus dos máximos representantes (Paulina Vodanovic y Camilo Escalona), se autoimpone una tarea significativamente compleja para el logro del diseño de su pronta toma de decisión, cautelando la ecuación “sello – Identidad v/s lo electoral-elegibilidad” en las elecciones de Congreso y Presidencial, ya que “..lo electoral implica votos, despliegue de imágenes y optimización en la elegibilidad concreta de candidaturas, mientras que el ‘sello-identidad’ implica un símbolo (una idea), un cemento un imaginario que le entrega vigor, posibilidades de movilización y mística al ‘hacer’ de los partidos”, según hemos consignado en otros momentos[i].

Implicando lo anterior, entonces, que el fortalecimiento o no de los mismos partidos, vía actos electorales con sus resultados asociados, los vigorizan o los debilitan (primarias mediante, además), precisándose entonces de liderazgos convocantes para cada uno de ellos, permitiéndoles asistir a un proceso “competitivo”, en cuyo seno deberían estar no solo la decantación de las elecciones presidenciales, sino también del pacto de unidad congresal del actual oficialismo, más la DC. Es decir, primaria para candidato/as al Senado y la cámara de Diputada/os, en forma paralela, de cara a la ciudadanía.

El PS de Chile, en cuanto colectividad, en su vida interna partidaria, logró un capital político que no necesariamente se tenía bien prospectado, en el entendido de la crisis recurrente de confianza, polarización e individualismo en que navega. Pero ahora, tiene el desafío que cuadrar su propio círculo, tras este resultado interno, usando esa fuerza para mostrar a la ciudadanía, su proyecto de sociedad. Implica resolver con mirada de país, despejando qué ideas o proyectos pone por delante, a quien obtendrá el respaldo socialista y progresista, incluida la democracia cristiana y mundo independiente. ¡A esperar la configuración del comité central nacional entonces!, según se le ha escuchado a Paulina Vodanovic y Camilo Escalona, en varias de sus intervenciones.

 

[i] Ver en Se nos apareció marzo, Bachelet ¡dijo no!  https://www.lemondediplomatique.cl/se-nos-aparecio-marzo-bachelet-dijo-no-por-hernan-garcia-moresco-y-jose.html