Shen (Segunda parte)

En la publicación anterior en este mismo diario digital y que llevaba por nombre Dazhui, se mencionaba la situación en que nos encontramos en la actualidad los seres humanos. Esto es, en medio de una guerra, un desastre ecológico, con grandes problemas de salud mental, un creciente descredito de la democracia, llenos de miedos por diversa índole, y presos de tantos otros males que nos acechan. Para peor no se vislumbra una alternativa madura que nos entregue algo de seguridad frente a lo que nos toca padecer. Por lo mismo, tenemos la sensación de estar caminando sobre una cuerda y que, si nos movemos un poquito, perdemos el equilibrio y caemos en el abismo.  El artículo que precede a este, se propone como una invitación a instalarnos desde un lugar distinto al de buscar presurosamente una receta que nos saque de tanto mal. Es una invitación a emprender un camino oxigenante y diferente, tomando elementos de la medicina tradicional china, de la sabiduría taoísta, del budismo zen, y de tantos otros, plantea mirar las cosas desde otra perspectiva, esto supone tomar la decisión de emprender un viaje liberándonos de ciertas ataduras y prejuicios que pueden habernos acompañado…desde ya amablemente los insto a leer Dazhui.

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         El Primer paso.

“Al caminar, camina no más. Al estar sentado, siéntate no más.

Y sobre todo, no vaciles”

(Yun – men)

 No resulta extraño que debido a los múltiples problemas que no aquejan, en la actualidad se encuentran miles de razones para entender y justificar al miedoso y desesperanzado, y relegar y condenar a los que, pese a todo, todavía tienen confianza en el mundo.

De acuerdo a todo lo mencionado en párrafos anteriores, quizá este sea el momento de iniciar un camino.  Está claro que para dar un primer paso por mínimo que este sea se requiere decisión, voluntad, disciplina, y  cultivar la amabilidad para consigo mismo en el andar, ya que de esta manera nos alejarnos de la frustración por no conseguir un objetivo o meta, es probable que algunos no quieran recorrer una vía, y esto es perfectamente legítimo, es dable pensar que muchas de las cosas que hacemos ahora, si nos las hubieran pedido hacerlas años atrás, probablemente la respuesta habría sido la risa o no tomarlo en serio, por lo tanto, en esto también hay que mantener la calma para respetar los procesos y los ritmos de cada cual.   De aquí se desprende, que los que inician una marcha sean mejores que los que no, nadie es mejor ni peor, la visión correcta y delicada del que inicia una caminata, es hacerlo con la mirada del que no requiere juzgar, así mismo, transitar con la pureza del que no define, ni califica, ni está obsesionado con la meta y la utilidad.

Resulta fundamental observar que cuando un ser humano da sus primeros pasos en el caminar, no llama camino al camino. Y es la naturaleza la que resulta ser el maestro primordial de este infante que inicia su caminar. En este niño es su cuerpo el que se deja llevar y acompañar de los recursos naturales, que de forma generosa ya se encuentran disponibles. El niño no tiene un saber reflexivo respecto de lo que hace, ni un proyecto ni planificación alguna, más bien despliega una inteligencia ligada a una experiencia vital, y es en ese recorrido en donde se manifiesta un dinamismo puro y espontaneo que bebe de un fondo inconmensurable y enigmático, lleno de un excedente energético (Quí), una especie de impulso que se inclina hacia un sentido que anticipa a la vez que avanza a lo desconocido, -obviamente sin conocer el miedo- y de esta forma asegura la continuidad del flujo. La lógica polar del éxito – fracaso carece de significación desde una inteligencia ligada a esta experiencia vital, y en la cual todos de una u otra forma hemos participado. Un caminante que actúa con la naturalidad del niño que aprende a dar sus primeros pasos no vacila entre alternativas. Si el infante pensara mucho y minuciosamente en lo que hace nunca daría el primer paso.

Todo objetivo impone una obligación. Estar obligado desde una sutil pero eficiente violencia totalitaria –imperceptible- se riñe con la libertad. Hoy nos involucramos de manera voluntaria en el proceso de cálculo – emprendimiento – anticipación – preocupación, de esta manera nuestra vida se trasforma en una empresa que atenta contra el ciclo natural de las cosas. Una vida convertida en proyecto – empresa no puede cristalizar el arte, la fiesta, y la creación. Solo aspira al comunicar, pero jamás podrá acercarse a la experiencia vital del trasmitir. Una vida que se equipara a una loca carrera en pos de un objetivo, solo puede alcanzar el disfrute propuesto por los medios de comunicación de masas, por mucho que vaya engullendo un objetivo tras otro.

Una de las características principales de los seres humanos en la actualidad, es su incapacidad para abandonarse, “dejar caer mente y cuerpo”. Al contrario, siempre prima el exceso de pensamientos, y estar trabajando permanentemente en tener las cosas bajo control. No resulta extraño entonces que las personas ansiosas y angustiadas vivan su vida temblando y oscilando nerviosamente entre opuestos.

Probablemente sería auténticamente nuevo, encaminarnos hacia una original experiencia que esté ligada al principio dinámico de la realidad, y salir de las permanentes representaciones temporales, espaciales y discursivas, propias del mundo de la utilidad, intención deliberada y conveniencia. Por eso existe el afán de aprender una receta que nos diga lo que hacer en el mundo.  Quizá sea el tiempo de disfrutar realmente del proceso interno de la actividad que realizamos, de tener conciencia y colocar el objetivo como ulterior y externo. Esto es, caminar alejándonos de la frenética y ansiosa carrera movida por la utilidad y el deseo. Para el psiquiatra y psicoanalista francés Jacques Lacan el capitalismo es una especie de máquina que produce deseos, y que se alimenta de los deseos que produce.

Hoy se hace complicado imaginar un mundo en que las cosas tengan valor por sí mismas, en el cual no existan las jerarquías entre iniciados y no iniciados, entre sabios e ignorantes, se trata de significar y alterar la violencia de las relaciones polares, recuperar en la acción y en la realidad una dimensión en que conviven armónicamente fuerzas y formas, que permiten independizarnos de los límites a los cuales está sometido el pensamiento imaginativo. Ninguna pausa ni huida light a la naturaleza, ni ejercicios tranquilizantes, ni motivaciones al estilo coach, nos liberan de la condición de cautivos, presos del interminable ciclo de la conveniencia y consumo el cual no tiene pausa ni descanso. Técnicas y prácticas que con distintos matices constituyen una especie de adiestramiento, intentan grabar, marcar, e imprimir el efecto de una fuerza liberadora, pero en el fondo atentan contra el funcionamiento de la actividad vital. Ya que todo parte de un modelamiento existencial amplio, que tiene que ver con el modo como se comportan los hombres con ellos mismos y con los demás. Esto es, una lógica que se expande desde lo subjetivo a lo social y que transforma al individuo en una empresa en competencia con otras empresas, y que tiene como componente fundamental la creación artificial de necesidades y deseos que no se requieren en un estado natural.

Convertir la vida en un proyecto empresa, es desarrollar solo un aspecto de la inteligencia, esto es, una inteligencia funcional, que no contempla otro importante componente, que tiene que ver con regar y alimentar en nosotros mismos la posibilidad de cultivar, de que crezca se desarrolle y madure una claridad natural. No se trata de negar la importancia de la inteligencia como cognición, sino que hacer entrar a esta en la complementariedad de un movimiento más amplio de la existencia vital. Con esto se abriría paso a una visión diáfana del todo, en cambio una inteligencia estrecha, que engulle ganancias en todo cuanto hay, solo puede tener acceso a la parte y nunca al todo, de ahí que le resulte fundamental, cortar, desmembrar y separar para existir y construir.  Una inteligencia de la pequeñez no puede ser amable ni consigo mismo, ni con los demás, no se siente cómoda fuera de la competencia, y resulta imposible que este alineada al modo de acción de la naturaleza.

La vida de otra forma

En un libro de Alan W. Watts cuyo nombre es El camino del Zen, hay un capitulo llamado “Quietamente sentado, sin hacer nada” En un primer momento esta afirmación nos puede parecer extraña sobre todo para los tiempos que corren, o una especie de absurdo, incluso sin sentido. Pero si nos detenemos nos podemos dar cuenta que esta aseveración entraña una inmensa radicalidad para la época actual, y si lo pensamos bien para toda época. En períodos de sujeto de rendimiento (Byung Chul Han) del poder disciplinario (M. Foucault) de la producción enajenante (K. Marx), de modernidad líquida (Z. Bauman). Tal vez sería bueno preguntarnos a nosotros mismos, no a los otros, si en las innumerables cosas que realizamos durante la cotidianidad de la vida ¿hacemos algo por nada? ¿pensamos en nada’ ¿o más bien lo que se encuentra presente en nuestra subjetividad y acciones es una permanente búsqueda de la utilidad, ganancia, y el cálculo empresarial? ¿para una vida atrapada y presa de la competencia y, el proyecto, productivo es posible hacer algo por nada, más allá de los meros discursos? ¿tendríamos que tener otra forma, modo o estilo de vida para darle cabida a la nada?  Si tomamos conciencia de nosotros mismos probablemente nos demos cuenta que de la nada nada queremos saber (Heidegger)

Pierre Dardot y Christian Laval escribieron un libro llamado La nueva razón del mundo, y que tiene por subtítulo Ensayo sobre la sociedad neoliberal. Ahí se nos dice que el neoliberalismo es una forma de vida, no sólo una ideología o una política económica, este se ha extendido planetariamente e instala como principios fundantes el individualismo, consumismo – empresarial y la competencia. Por lo tanto, el neoliberalismo es una forma de sociedad, una forma de existencia, que pone en juego nuestra manera de habitar y de vivir en el mundo, las relaciones con los otros y la manera en que nos representamos a nosotros mismos, es una fabricación del ser humano.

Continúa ….