Tras un año del suicidio del adolescente José Matías su madre no sólo ha enfrentado el dolor más infinito, sino el actuar indolente de instituciones de educación, la desidia de autoridades comunales y los comentarios mal intencionados de la comunidad. A pesar de esto, ha sacado fuerzas para exigir justicia y hoy, cuando buscan silenciarla, alza la voz para que nunca más el sistema educativo chileno vulnere los derechos de niñxs o jóvenes trans

Antes de cada comida, Marcela Guevara y sus dos hijas (menores de edad) hacen una oración a José Matías. Eso desde que el hijo mayor decidió quitarse la vida el 23 de mayo de 2019. Ese fue también el último día en que las hermanas entraron al Liceo Sagrado Corazón de Copiapó.

Desde entonces la familia ha tenido que lidiar con el dolor de lo sucedido; con la impotencia de que el establecimiento no reconozca la responsabilidad que le cabe al ignorar la explícita solicitud del adolescente de llamarlo por su nombre social; con comentarios de odio de parte de la sociedad; y para finalizar, con el acallamiento que tomó forma de recurso de protección el 23 de mayo de 2020.

Ese día y los que siguieron, Marcela no sólo tuvo que cargar con la emoción de cumplirse un año sin José Matías, sino que debe enfrentar dos recursos de protección por vulneración a garantías constitucionales, como el derecho al honor. Uno presentado por la ex directora del colegio, y otro presentado, de manera conjunta, por la encargada de convivencia escolar y por una inspectora. En ambas, Marcela no puede mencionar a las demandantes por ningún medio. En esta entrevista, de hecho, no nombra a las recurrentes ni una sola vez.

“Hay funcionarias del colegio que buscan desvincularse de la responsabilidad con un recurso de protección a través de Tribunales. Éste busca que yo no diga sus nombres, no los relacione ni vincule como individuos con nada de lo relacionado con Matías ya que el colegio ya recibió sanción. Pero el colegio lo forman las personas, lo forman los funcionarios que estaban a cargo de mi hijo”, explica Marcela Guevara.

“Para mí es un daño, una humillación, tener que darles explicaciones de por qué yo hablé de ellos. Pero como yo soy la amenaza, porque soy yo la que los va a demandar, soy yo la que no quieren que hable. Les molesta porque escribí un libro, queatrevimiento decir lo que pasó. Eso es lo que les arde. Por eso yo soy su enemiga. Seguramente me va a llegar más demandas. También en este camino hay un sacarme las ganas, sacarme la fuerza, para que yo en un par de meses no quiera nada, no tenga fuerza para demandarlos. Es su estrategia”, afirma Marcela con respecto a la medida, que recuerda las acciones de la familia de Martín Pradenas Dürr en contra de la familia de Antonia Barra, quien también se quitó la vida acusando una violación por parte de Pradenas Dürr.

Además de no “funarlas”, las recurrentes requieren que la recurrida –Marcela- se abstenga de distribuir el libro “Salto de fe” (autopublicado y con ilustraciones del propio José Matías) que presentó en marzo de este año, ante lo cual es tajante: “Con el libro que no se metan, fue lo que más le encargué al abogado, porque el libro es de mi hijo. Ese libro lo escribí desde la pena, si lo escribiera hoy sería muy distinto”. Marcela no se dedicaba a escribir, pero fue una herramienta que le sugirió su psicóloga. “Me dijo que le gustaba lo que decía, entonces lo podría anotar en un cuaderno y eso se transformó en un libro. Para mí fue una herramienta, tenía mucho miedo de que la historia se perdiera y cada día pienso que la historia va a morir conmigo. En psicología esto se llama cristalizar la emoción”.

El pasado 24 de junio fue el alegato en respuesta a la acción de protección de la ex directora. El abogado de Marcela argumentó que nunca hubo alusiones directas hacia ella hasta que la Superintendencia de Educación multó al colegio por no cumplir con los protocolos de la circular 768 del Ministerio de Educación.

El viernes 26 de junio debía fallarse el recurso de protección, pero la Corte de Apelaciones de Copiapó solicitó tiempo para estudiar la causa. Para Marcela no es algo en sí favorable, pero al menos significa que van a revisar todos los documentos presentados por el abogado. “Probablemente lean el libro para establecer si es, como ella sostiene, un ataque personal hacia ella”, especula Marcela.

La primera pequeña victoria

A su favor, el 17 de marzo de este año la Superintendencia de Educación multó con el máximo permitido –cerca de $2,7 millones—al Liceo Sagrado Corazón de Copiapó por no cumplir con la circular 768 de “Derechos de niñas, niños y jóvenes transen el ámbito de la educación” y sus correspondientes “Orientaciones para la Inclusión de Personas lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersex” emanadas por el Ministerio de Educación en abril de 2017.

Dentro de los antecedentes que recabó dicha investigación, se estableció que José Matías se dirigió a las autoridades del colegio para solicitar apoyo. En palabras de Marcela: “Él va y dice, yo soy transgénero, mi mamá lo sabe, mi mamá me apoya y necesito el apoyo del colegio. Eso fue una iniciativa de él, yo no supe que él fue. En ese momento el colegio tenía que llamarme a mí y ponerme la circular en las manos para poder solicitar el reconocimiento”, acusa. Y agrega: “Entonces cuando ellos dicen que yo no pedí el reconocimiento de identidad, claro que no lo pedí, porque yo no conocía la circular y ellos se encargaron de que no lo supiéramos”.

También cuenta que en los últimos meses la Fiscalía dio con antecedentes que ella desconocía, como la declaración de la encargada de convivencia escolar –una de las actuales demandantes—, donde se da a conocer que a fines de marzo de 2019 –dos meses antes del suicidio— tres compañeras de curso fueron a contarle que José Matías se autoflagelaba haciéndose cortes en la piel. Y eso no fue comunicado a la madre. “Es parte de su argumento, que ella nunca tuvo la oportunidad de ayudarlo, que mi hijo lamentablemente era una persona anormal. Entonces que ella clama por justicia porque se le está afectando su honra porque ella nunca hizo nada malo. Te llaman por estupideces del colegio a veces, y ella, sabiendo, no levantó el teléfono”, relata la madre.

“Cuando la Superintendencia entregó la resolución pude respirar un poco”, reconoce Marcela. Y añade con claridad: “Uno no va a andar en la calle gritando y tirando piedras. Si fuera por mí, por hacer una justicia, sería distinto. Pero tengo dos hijas, soy sola, no me puedo dar ese lujo, tengo que esperar y comerme todas estas humillaciones”.

Aun así, Marcela dice que la Superintendencia “nunca se enteró de cosas” que la Fiscalía sí ha podido recabar, cosas que ella “ni hubiera podido imaginar”: “Les haré presente los hallazgos que ellos pasaron por alto. Quiero que me aclaren si fue por pegarle la ayudadita al colegio o de verdad no se dieron cuenta de las graves cosas que había que ver ahí”, afirma en tono paciente y decidido.

¿Que si Marcela carga con alguna culpa?

“Yo ya identifiqué mi error y lo asumí. Mi error fue creer que todas las otras personas lo iban a mirar como yo. Nunca le vi nada malo. Nunca me imaginé en mi cabeza que podían hacerle nada malo, no fui desconfiada. Voy a pagar el resto de mi vida por no poder ver bien”, afirma la también Educadora de Párvulos con postítulos en Psicopedagogía y Trastorno del aprendizaje en el espectro autista.

Desde que su hijo, en diciembre de 2018, le explicitó que era transgénero –algo que ella intuía desde que era pequeño— comenzó a estudiar la temática. “Entendí que me tenía que formar en esa área. Para mi sorpresa no había nada, ninguna casa de estudios que te formara para el área de transgénero. Hay mucho género y equidad, pero no educación para niños transgénero. Ahora sigo en la búsqueda pero por mientras me ayudo de personas que una va conociendo”, relata.

Aspectos legales

Ya que el suicidio fue comprobado (investigaciones que duran 30 días), no es posible acudir a la vía penal. “Nunca va a haber nadie pudriéndose en la cárcel como se merece. Nunca, jamás”, lamenta Marcela, quien por lo tanto deberá seguir el camino civil –por daño moral— una vez que la Fiscalía cierre la investigación en contra del colegio por omisión de antecedentes.

También la Fiscalía investiga presuntos abusos sexuales de parte de estudiantes mayores que José Matías. Al respecto, Marcela dice: “A mi hijo lo volvieron loco. Y por supuesto que tengo el nombre de todas esas cabras, pero como son menores de edad, no se les puede tocar un pelo.

 “Quiero que se clarifique muy bien en qué condiciones mi hijo muere, qué lo llevó a la muerte. Que sea plenamente identificable y que se sepa por todo medio público y por toda la comunidad las irresponsabilidades que ellos [el liceo] cometieron, que fueron muchas. Que públicamente digan, ‘nosotros somos responsables’ y que le pidan perdón a mi hijo, a su memoria. Porque la memoria de mi hijo siempre va a estar asociada a algo. Hasta el día de hoy ellos no han asumido nada. (…) Además, si yo consigo que estas personas reconozcan sus errores, que el Tribunal les entregue la responsabilidad civil que les corresponde, ¿tú piensas que todos los otros colegios no la van a pensar diez veces antes de hacerle daño a un niño? A lo que se exponen por su imbecilidad, por querer imponer lo que ellos quieren, y no lo que corresponde”.

La convicción de Marcela es tan profunda como su dolor: “Ya conseguí que una investigación saliera bien clarita de lo que había pasado. Entonces voy por la segunda. A mí no me van a detener, yo voy a llegar a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ahí recién voy a parar porque acá en Chile no se respetan los Derechos Humanos”, sentencia.

Gran parte de la lucha de Marcela es llevar al Parlamento le Ley José Matías, a la que define como “implacable”. Con ésta buscaría que un colegio que tuviera este nivel de responsabilidad no pagara sólo 55 UTM. “Si por andar sin mascarilla en la calle te pueden cobrar $5 millones, o por hacer una fiesta en pandemia”, pone en perspectiva Marcela.

También busca que el trabajador o trabajadora que obstruya información que lleve a este tipo de consecuencias, asuma la responsabilidad personalmente y que ésta no recaiga sobre la institución –como estaría pasando hasta ahora— ya que eso permite a los individuos seguir desempeñándose en el mismo ámbito que antes pero con otro empleador. “Eso le da la libertad a la gente mala de hacer lo que quiera”, sostiene la madre de José Matías.

El proyecto de ley está listo y Marcela lo ha revisado dos veces, pero dado el contexto de pandemia no lo han llevado al Parlamento. Es la diputada Daniella Cicardini (PS) quien ha dispuesto de los abogados que redacten dicho proyecto y quien respaldará la moción.

Pasando lista

Más allá de la resolución de la Superintendencia de Educación, el Ministerio de Educación ha dado respuestas disímiles a Marcela Guevara.

Con dos hijas más en edad escolar y que también asistían al Liceo Sagrado Corazón de Copiapó, tuvo que buscar otro establecimiento para que siguieran con su educación. “Yo dije, nunca más pago un colegio. Mi hijo, mira cómo terminó”, explica con la voz quebrada. Pero recuperando la firmeza cuenta: “Cuando yo hablé con la [ex Ministra] Marcela Cubillos le dije ‘Tú me vas a solucionar este problema, me vas a buscar matrícula, y me la vas a buscar’”. La solución llegó a través de un asesor que encontró los cupos, por lo cual Marcela se encuentra genuinamente agradecida, a pesar de que producto del estallido y de la pandemia, en términos concretos, no hayan asistido mucho a clases.

Cuando José Matías se suicidó, Silvia Álvarez Matthews llevaba un mes como Secretaria Regional Ministerial de Educación de Atacama. Marcela Guevara no se ha dirigido hasta el momento a esa institución pues no la valida como interlocutora: “Yo tengo un tema pendiente con ella, una enorme molestia, porque públicamente en la tele salió respaldando al colegio, no halló nada mejor que salir diciendo que yo no había pedido el reconocimiento de identidad. Con eso decía que el colegio no tiene la culpa. Y siete meses después, ¿qué dice la Superintendencia? (…) Yo voy a ir directamente al Ministerio de Educación, yo tengo clara la visión de ella. Voy a pasarla por alto a ella, como ella me pasó por alto a mí”.

En cuanto al trato que le ha dado Fiscalía señala: “He sido llamada cuando corresponde. Yo espero que a todo el mundo lo traten igual, porque a mí me han tratado bien. No tengo reclamos, son las circunstancias las que no han acompañado, porque hubo un estallido y ahora una pandemia. Yo creo que a esta altura la investigación ya está lista, pero en este momento la Fiscalía está abocada a perseguir a la gente que sale después de la hora que corresponde”.

La última vez que Marcela Guevara se reunió con el Fiscal fue en febrero de este año, y le entregó la investigación de la Superintendencia para acompañar lo que según Marcela ya tenían claro: “En Fiscalía no están confundidos ni perdidos, están muy claros en lo que pasó”.

Otra cosa es con la Municipalidad. “Yo al alcalde nunca lo he visto, de hecho que hayan contratado a la ex directora [del Liceo Sagrado Corazón] desde el DAEM me tiene muy desilusionada”, sentencia.

Marcela recibió la noticia de que estaría desempeñándose en el Liceo de Música a través de los mismos estudiantes del liceo municipal quienes, molestos y dolidos, descubrieron que sería su profesora de Matemática. Si no se manifestaron, fue porque la pandemia llegó antes. Entonces, pidió hablar con la Jefa del DAEM Copiapó, Any Dorador, para ponerla al tanto de los antecedentes, pero Dorador se habría dado por desentendida, argumentando que administrativamente no había cometido ningún error ni había responsabilidad legal de la ahora profesora. “Criterio y ética”, le espetó Marcela antes de irse de la oficina.

“Un senador vino a título personal sin fotógrafos ni nada a decirme ‘la apoyo en la desgracia’. Fue un apoyo moral y se ha manifestado en preguntar constantemente”. Ese senador fue Rafael Prohens (RN).

Marcela ha recibido comentarios negativos y ofensivos, principalmente del entorno del colegio. “Me han llegado mensajes horrorosos. ‘Tú eres la culpable de la muerte de tu hijo’. ‘Tú lo asesinaste’. (…) Hay muchas viejas que estudiaron en ese colegio de porquería que van a patalear hasta el último día que yo soy la loca y que el colegio es un santo poco menos. No han querido abrir los ojos. Pero a mí esa gente no me interesa”.

¿Cuáles son sus fuerzas, sus redes de apoyo?

“Mi hijo. Mi hijo está muerto pero sigue estando presente para mí, la fuerza más grande del mundo viene de él. Somos mis hijas y yo. Nuestras psicólogas, nuestra familia extendida. Pero son apoyo moral las colectivas femeninas, siempre he recibió su empatía (…). El 28 de mayo pedí que me acompañaran a marchar, la mamá de la novia de mi hijo pidió el permiso. Me paré en la esquina del edificio con una foto de mi hijo, llegaron Carabineros y me preguntaron si íbamos a marchar. Esperé media hora y llegaron como 600 niños. Cómo no voy a estar agradecida. Todo lo que han hecho, siempre han sido un apoyo incondicional, reconozco su valentía y solidaridad”.

Principios del establecimiento

José Matías era un adolescente transexual en un liceo de monjas, que tiene por sostenedor a la Fundación Catalina de María y como lema en su sitio web “Bautizados y enviados a anunciar tu Amor Reparador”. El mismo colegio ha declarado como ejes formativos el “desarrollo integral”, lo “valórico-religioso” y el “enfoque inclusivo”.

Pero José Matías no sentía nada de aquello. Anunciaba en su carta de despedida: “Liceo de mierda, todo su entorno, las niñas y la gente en general ahí me colapsó. Yo soy solo un maricón culiao, como diría (nombre de la agresora)…”.

La madre relata que, si bien en las notas no era un niño destacado, sí lo era en cuanto a su personalidad. “En esas cosas, en religión, siempre sacaba MB. Pero desde el día que dijo que era transgénero le pusieron Insuficiente. Mis otras hijas siguieron con MB”, acusa.

El extracto del proyecto educativo institucional (PEI) del establecimiento, por su parte también afirma: “Su Estilo de Formación facilita la humanización y personalización de cada alumna enfatizando la vocación trascendente de ser mujer (…) Su estilo de formación, en la línea de la Educación Centrada en la persona, se sustenta en una escala de valores que realza las virtudes propias de la mujer, con su singular manera de presencia en el mundo”.

Según el sitio www.mime.mineduc.cl el actual director es Pedro Flores González, y la encargada de convivencia es Pauline Delard De Rigoulieres Quesada. En la dirección, hasta 2019, estuvo Adriana Arratia González, quien hoy según el mismo sitio figura como docente del Liceo de Música de Copiapó.

En septiembre del mismo año que José Matías saltó del piso 11, el Sindicato de Trabajadores realizó una bullada huelga de un mes por un proceso de negociación de contrato colectivo. Nunca se supo de una movilización del gremio de esas dimensiones por el caso de José Matías.

Por mientras, además de las acciones legales, Marcela se dedica a escribir un libro infantil de cuentos sobre familias diversas y uno que relatará todo el camino en la búsqueda de justicia y reparación. Su lema es claro: educar para salvar vidas.