«Escudo de las Américas»: Trump reúne en Miami a 12 aliados latinoamericanos ad portas de su visita a China

Imagen: Foto oficial de reunión "Shield of the Americas"/ Dossier de prensa/ (www.state.gov.)

 

Miami se convierte este sábado 7 de marzo en el epicentro de la geopolítica hemisférica con la cumbre inaugural «Escudo de las Américas» (Shield of the Americas). El encuentro, convocado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reúne a sus principales aliados latinoamericanos en un contexto de máxima complejidad: la guerra en Irán dispara el precio del petróleo, las presiones de Washington para aislar a China se intensifican y la crisis cubana se profundiza, con un régimen asfixiado tras el colapso de su aliado venezolano.

En el resort personal del mandatario, Trump National Doral, en las afueras de Miami, líderes como el argentino Javier Milei, el chileno José Antonio Kast —quien asumirá la presidencia el miércoles—, el salvadoreño Nayib Bukele, el ecuatoriano Daniel Noboa y el dominicano Luis Abinader se dan cita para “redefinir” la arquitectura de seguridad regional.

Una designación que enciende alarmas

Uno de los anuncios más llamativos —y preocupantes— en la previa a la reunión privada de Trump en su club de golf fue la designación de Kristi Noem como enviada especial para el «Escudo de las Américas». La exsecretaria de Seguridad Nacional, quien fue removida de su cargo el jueves por el propio mandatario a través de su red social Truth Social, se convierte ahora en la interlocutora directa de Washington con los gobiernos latinoamericanos.

Se trata de la misma Noem responsable de las violentas redadas migratorias del ICE y de actuaciones que han costado la vida de ciudadanos estadounidenses, como la joven madre de tres, Renée Good y el enfermero Alex Pretti, a cargo de veteranos de guerra. No está claro si Noem acompañará a Trump en la reunión, pero su nombramiento subraya la importancia y el tenor que la Casa Blanca otorgará a este nuevo mecanismo.

¿Qué hace Chile en el «Escudo de las Américas»?

Está claro que la cita de este sábado en Doral no será sólo una reunión para tratar temas de seguridad. Representa la primera piedra de un nuevo orden regional donde Estados Unidos busca definir el futuro. Los líderes latinoamericanos ya presentes en Miami abordarán temas como narcotráfico, crimen organizado y migración, pero regresarán a sus países con la presión de cumplir «tareas» en beneficio de Washington, además de gestionar la hostilidad norteamericana hacia China. La pregunta es si ante las exigencias de Trump ¿pesará el interés nacional de quién? 

Los riesgos son evidentes. ¿Qué ofrecer a cambio de la lealtad política, y en un momento de turbulencia global por la guerra en Irán? La exclusión de los gobiernos de Claudia Sheinbaum, Luiz Inácio Lula da Silva y Gustavo Petro deja fuera a las mayores economías regionales, una prueba más de que se privilegia la afinidad ideológica por encima de la soberanía de nuestros países y la representatividad regional.

Las naciones importadoras de energía —como Chile y los países más pequeños del Caribe y Centroamérica— son ahora especialmente vulnerables a las repentinas subidas del precio del crudo desatadas por el conflicto en Irán. Las monedas locales, que habían disfrutado de un optimista comienzo de año, se han depreciado bruscamente a medida que los operadores buscan refugio en el dólar. Este debilitamiento amenaza con avivar la inflación al encarecer las importaciones, justo cuando se espera que un conflicto prolongado frene el crecimiento global.

Para Kast, que aún no ha asumido el poder, la realidad de gobernar en la era Trump se presenta con una doble dosis de desafíos: la volatilidad externa y las exigencias de Washington. ¿Protegerá Kast nuestro cobre o el Estrecho de Magallanes?

El dilema chino y la neutralidad imposible

La presión sobre los asistentes no es solo económica, sino estratégica. La administración Trump está utilizando esta cumbre para presionar a sus aliados a expulsar a Beijing de «su hemisferio», a pesar de que China es el principal comprador de materias primas de la región. 

Pero, Donald Trump viajará a China del 31 de marzo al 2 de abril, según anunció la Casa Blanca, en lo que será la primera visita oficial a Pekín de un presidente de Estados Unidos desde el último viaje de Trump allí en 2017. ¿Cómo vamos a interpretar esto?

Los países de la región se encuentran en una «situación triangular» compleja, donde no pueden prescindir de su relación con China, pero enfrentan la creciente agresividad de Washington. Chile, por ejemplo, se encuentra en medio de un enfrentamiento diplomático con la administración saliente de Gabriel Boric por un cable de fibra óptica de origen chino, que Washington ha calificado como una amenaza para la seguridad regional. Santiago se convierte así en la última capital latinoamericana en enfrentarse al dilema de tener que elegir entre sus lazos comerciales con China y su alianza de seguridad con Estados Unidos. La posibilidad de mantener una postura neutral no parece realmente factible mientras se aprende «a la mala» que la era de la ambigüedad (estratégica o comercial) puede haber terminado.

Cuba: «la guinda de la torta»

La cumbre se celebra con el eco de las recientes y contundentes declaraciones de Trump sobre Cuba. El viernes el mandatario afirmó: «Cuba va a caer muy pronto (…) será la guinda de la torta». Estas declaraciones se produjeron al día siguiente de que la isla sufriera un apagón nacional de 24 horas, un síntoma claro del colapso energético y la profundización de la crisis humanitaria.

La situación en La Habana es consecuencia directa del terremoto geopolítico que sacudió la región a principios de año: la destitución forzosa de Nicolás Maduro en Venezuela el 3 de enero, tras una acción militar estadounidense. Con la caída de su principal aliado y proveedor de petróleo, y bajo la presión de Washington que ha impedido a otros socios —como México— cubrir la brecha, Cuba se encuentra más aislada que nunca. Trump ya ha sugerido que enviará al secretario de Estado, Marco Rubio, para gestionar la transición en la isla.

El viaje de Donald Trump a China

Más allá de la anecdótica foto junto a una docena de latinoamericanos bajo su Shield en el resort de Florida, lo realmente importante para Trump es su visita oficial de tres días a China para trabajar en una agenda bilateral tensionada y con implicancias profundas para la seguridad global. 

En primer lugar, los ataques a Irán, un aliado clave de China,  la captura previa de Nicolás Maduro en Venezuela y las amenazas hacia Cuba generan ya un clima adverso. China consideró estas acciones «inaceptables» y exigió, en el caso de Oriente Medio, un alto el fuego: el conflicto amenaza su suministro energético (el 45% de su petróleo pasa por el estrecho de Ormuz). En este caso en particular, una reunión amistosa con Trump podría enviar un mensaje negativo a los socios globales de China, dando a entender que Beijing no puede o no quiere proteger a sus aliados, ni tampoco defender sus propios intereses estratégicos. Además, a Trump le quedan tres semanas para terminar la guerra en Irán, según el plazo que se autoimpuso.

En segundo término, y a pesar de estas tensiones, China busca estabilizar las relaciones bilaterales y evitar una escalada de la guerra comercial. El tema de Taiwán es prioritario, y la visita en territorio chino es vista como una oportunidad para avanzar en este asunto. Por ejemplo, y como gesto de buena voluntad, Washington  suspendió la venta de armas y otros tipos de apoyo a Taiwán, territorio que Pekín ha prometido unificar con China continental.

Es probable que el tema sobre las sanciones arancelarias de Trump estén también en la agenda. Vale la pena recordar que el anuncio de la visita de Trump a China se produjo poco antes de que la Corte Suprema de Estados Unidos informara la anulación de los aranceles que Trump había impuesto a países de todo el mundo, en una táctica que el presidente estadounidense ha utilizado abiertamente para influir en otros países para que apoyen sus políticas.

Como también la respuesta de China a las amenazas comerciales de Estados Unidos, incluyendo por ejemplo, no comprar soja, el principal producto de exportación de Estados Unidos a China. Por otra parte, la influencia china parece ser estructural en América Latina, generando una tensión creciente con Estados Unidos: ¿América Latina puede prescindir de la relación con China? Hoy, más que nunca, la región está en jaque entre China y EE.UU. ¿podremos evitar un jaque mate o un withdraw estratégico? Ya veremos quien gana esta jugada…pero, sobre todo, sabremos quién perderá.