Como viene siendo un estilo más que usual, cuando el Presidente de los Estados Unidos no controla la agenda y como tampoco sabe nada de política, arremete con su concebido show comunicacional, como lo hizo en tantos programas donde fue anfitrión en  las distintas cadenas de televisión estadounidenses.

Nunca se imaginó que un nuevo asesinato de un joven afroamericano desataría miles de protestas en el país que suele decirse como el oasis de la libertad y ejemplo para el mundo. Libertad que está en cuestión, porque el magnate no la he tenido fácil en los últimos meses. La trama rusa -varios de sus hombres de confianza han tenido que desfilar por el Congreso de Estados Unidos-, la pandemia que no se la esperaba y su cuestionado y nulo rol de prevención en post de abrir la economía con casi 100 mil muertos y acercándose a los 2 millones de contagiados, Trump está desesperado porque visualiza que su reelección se le está yendo de las manos.

Las protestas han llegado hasta casi los escalones de la misma Casa Blanca, y en la tarde del lunes 1 de junio, Trump realizó un breve punto de prensa, sin la posibilidad que los periodistas hicieran preguntas. Si bien condenó el asesinato de Floyd no tardó 10 segundos para manifestar que las movilizaciones serían reprimidas por la guardia nacional y, al más estilo de un dictador bananero latinoamericano, aseguró que la izquierda más radical estaría tras el estallido social en el país del sueño americano.

A lo anterior, vino lo impensado: regular el uso de las redes sociales. Twitter, su plataforma preferida para hacer cualquier tipo de anuncios, cayó en desgracia cuando la red del pajarito azul le ha cuestionado sus posteos por potenciales “crímenes de odio”. Obviamente, el mandatario se enojó y amenazó con intervenir a su red favorita. En el país donde se vanagloria ser el artífice de la libertad de expresión, este tipo de limitaciones cuestiona las decisiones del empresario en materia de libertades esenciales. Asunto aparte, es el evidente maltrato que el mismo Trump suele hacer con los periodistas que cubren sus puntos de prensa en la Casa Blanca. Si no le gustan las preguntas, suele calificarlas de noticias falsas.

Con Biblia en mano

Lo cierto es que el sucesor del Presidente Obama está más que preocupado de la permanencia de las cuarentenas declaradas por los gobernadores -tanto demócratas como republicanos- y que, a su juicio, deben ser abolidas lo antes posible ya que está en juego la reactivación económica. De hecho, ya son millones los desempleados que tiene el país más fuerte del mundo.

A juicio de varios analistas internacionales, las protestas que hoy sacuden a los Estados Unidos no solo obedecen al asesinato del joven afroamericano, sino también a la situación económica que padecen millones de estadounidenses. De hecho, su preocupación es tal que, con calculadora en mano, hay varios Estados que hoy no los tiene en la mano para asegurar su permanencia por otros 4 años al mando de la nación.

En un hecho inédito y replicado por distintos medios de comunicación estadounidenses, Trump tuvo que guarecerse en el bunker de la Casa Blanca ante el temor que los manifestantes inundaran la casa de gobierno. Así de grave. Y como diríamos en el Chile, silvestre y campestre, al Presidente Donald Trump “le gusta la tele”. Por eso, al ser evidenciado que se escondió en el citado bunker, la tarde del mismo 1 de junio armó un nuevo show comunicacional para pasearse, muy custodiado, por un par de metros frente al palacio de su gobierno e ir hasta una iglesia aledaña y alzar una Biblia. Lo cierto, es que nadie le creyó nada, y el descontento popular continúa…