Breve y perdido escrito entre los papeles que conservó su hija Andrea, el libro “Diálogos de desaparecidos” nos trae una serie de escenas de teatro escritas por el poeta Enrique Lihn, que buscaba convertirse en una sola pieza de dramaturgia, que obviamente no podía ser montada en los años de dictadura. El vate la menciona en una entrevista de 1982, lo cual permite localizar su redacción probablemente a fines de los 70.

Sorprende la potencia y la prospectiva de Lihn en los cuatro relatos separados que componen este texto. La línea que los cruza en forma transversal es el tema de los detenidos y desaparecidos con posterioridad al Golpe de Estado de 1973.

En el primero, asistimos al diálogo entre un desaparecido, atormentado debido a la culpa por haber entregado a sus compañeros ante la amenaza de la tortura, con un sacerdote, a quien pide que lo saque del listado de las víctimas de la dictadura; el segundo muestra a un hijo que vuelve a su hogar y conversa con su padre; en el tercero, un esposo desaparecido vuelve ante su mujer despidiéndose en el momento en que se podría llegar a conocer su eventual paradero; y el relato final, nos muestra un torturador quien tiene un diálogo a dos bandas, con su mujer y con la mujer que torturó, de final incierto.

Una obra corta e inquietante. Un testimonio realmente incómodo para la época, que Lihn no publicó y que hoy es parte del trabajo de recuperación de la escritura inédita del poeta.

Hay pasajes notables. Como la discusión sobre tortura y la delación del primer relato, o la defensa del torturador sobre su rol en la defensa del “estado de guerra” en que se encontraría el país. En ese sentido, el escrito de Lihn podría llamarse también “diálogo de la tortura”, pues hay una especial fijación en el tema por parte de su autor.

El relato es inacabado, no hay duda, pero es un aporte por la mirada de Lihn sobre la época, y por la emocionalidad que alcanza en algunos episodios de su escritura.  También por un aspecto temporal: siendo un texto de finales de los 70, permanece actual. Su vigencia no se pierde, pues se instala en la intimidad de seres humanos que vivieron una época pasada, es verdad, pero que desde esa intimidad cobra vida y se viste de una cotidianidad aterradora, frágil y absorbente.

“Diálogos de desaparecidos”, Enrique Lihn, editorial Overol.