Malinche fue una mujer traidora qué a la llegada de Hernán Cortez a México en el 1.500, sin más se transformó en su amante, solícita traductora y la más vil consejera política con que el imperio español masacró a los pueblos mexicanos.
Del mar los vimos llegar
No eran mis hermanos venezolanos sino los gringos matagentes.
Se oyó la voz infame de su monarca Trompas.
De dios venía disfrazado y tú Malinche, amiga del dólar le abriste la puerta, como ansiosa ladrona interesada.
Venían montados en bestias aladas y en barcos asesinos
profanando el Caribe, como demonios del mal venían con fuego en las manos, cubiertos de metal.
Solo con el valor de nosotros latinos,
le opusimos resistencia sin temor al mirar la sangre que podía correr.
Algunos yanquis buenos se llenaron de vergüenza ajena en la patria de Washington.
No quisiste ver Malinche Machado que tus dioses yanquis no comerían ni gozarían de lo que pensaban robar en la Patria de Bolívar, el petróleo de los sureños, la sangre de la antigua tierra.
Y en ese cómplice afán ensuciaste sin pesar la grandeza del pueblo venezolano y con ello te quedaste esclava, traidora por siempre en la memoria de los justos.
Actriz infame de regalar al gringo ladrón, nuestros dioses, nuestra cultura, nuestro pan y nuestra alma latina.
Hoy, en pleno siglo 21
al igual que con Cortez en el 1500 nos siguen llegando rubios para robarnos y tú le abres la casa, los llamas amigos demócratas.
Pero si llega cansado de andar en el llano un veneco, tu alta clase lo denigra y humilla como extraño en su tierra.
Tantos siglos de dolor y pobreza, con la inmensa riqueza petrolera atesorada por siglos por ustedes los ricos insaciables.
¡Hasta que llegó el comandante Chávez y mando a parar!
¡Oh, maldición de Malinche Machado! ¿Cuándo dejarás esta tierra?
¡Vuelve al infierno de donde has salido!
