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Ex ministra Clarisa Hardy y el debate sobre las políticas sociales: “En el Chile de hoy tener empleo no garantiza salir de la pobreza”

El trasfondo que no es la Casen, sino cómo se resuelven los problemas sociales en Chile y en esto –dice- no sólo hay errores conceptuales, sino que también ideología, comenta la antropóloga de la Universidad de Oxford y ex ministra de Desarrollo Social y Familia (antes de Planificación y Cooperación), Clarisa Hardy, también directora del Centro de Estudios para la Gestión Pública de la Escuela de Administración Pública de la Universidad de Valparaíso.

Foto: PS Chile

 

El panorama que aparece en la estratificación de nuestra sociedad exhibe que, desde el 85,10% de la población que en 2009 se ubicaba entre la extrema pobreza y el estrato medio-bajo, se ha pasado a un 72% en 2024. Tras quince años, dos terceras partes de la población viven entre la peor de las exclusiones que representa la pobreza extrema y la precariedad de pertenecer al estrato medio bajo de la sociedad. En igual período, el estrato medio-medio, el sector medio propiamente tal, si bien ha crecido, sólo representa el 18,8% de la población. De modo que, examinada la población en su conjunto, lo que sigue dominando en la estructura social del país es la precariedad, estando Chile aún lejos de constituir una sociedad de clase media, como frecuentemente se sostiene.

Esta es una de las conclusiones que contiene el documento “Chile ¿Un País De Clase Media? de la antropóloga de la Universidad de Oxford y ex ministra de Desarrollo Social y Familia (antes de Planificación y Cooperación), Clarisa Hardy, también directora del Centro de Estudios para la Gestión Pública de la Escuela de Administración Pública de la Universidad de Valparaíso. El informe se presentó asimismo recientemente en el Congreso, como parte de la discusión de las políticas económicas en curso.

Y recientemente, el Presidente Kast, apoyándose en dichos anteriores del ministro Quiroz, descalificó las mediciones sociales entregadas por la encuesta de caracterización socioeconómica (Casen) indicando que en realidad los avances en materia de pobreza obedecían más bien al efecto de los subsidios y no a lo que deberían responder, que es el crecimiento económico. “Esa buena noticia que se dio en un minuto, de que la pobreza había bajado y que la fórmula para bajarla era con más subsidios, duró una semana y después no se habló más de este tema”, dijo el Mandatario.

La ex ministra Clarisa Hardy sostiene que colocar este tema en la discusión, puede buscar influir en la discusión del próximo Presupuesto de la Nación, y también podría ser en la determinación del próximo nivel del salario mínimo, entre otros instrumentos de política económica y social.

Califica de una “ignorancia imperdonable” que un Presidente de la República, se haya referido a esta metodología sin considerar los relevantes cambios que se hicieron en la última medición del indicador (Casen 2024)- cuando se dejó de considerar el llamado “arriendo imputado”, entre otras modificaciones, lo que permitió fijar más exactamente los niveles de pobreza- y que además lo haya mezclado con el rol de los subsidios estatales en la política social.

“Lo de la Casen fue una burrada del Presidente, porque abrió un debate tonto, por decirlo así, porque la propia derecha participó en la Comisión (que resolvió el tema) y sabe que la medición actual de la pobreza tiene hoy día los estándares de la OCDE, es imposible exigirle más”, sostiene una de las voces más entendidas y escuchadas en materia de políticas sociales en el país.

El trasfondo que no es la Casen, comenta Hardy, sino cómo se resuelven los problemas sociales en Chile y en esto –dice- no solo hay errores conceptuales, sino que también ideología.

“Parecieran volver, en toda su majestad, tesis que se dieron por superadas en cuanto al supuesto rol intrínseco del “chorreo” de la economía en la distribución del bienestar y la consiguiente focalización, acompañada de las restricciones de bienes públicos que eso conlleva. A lo anterior, se suma una mirada cortoplacista en que lo urgente pasa a ser lo importante”, sostiene la profesional en el citado documento.

En 2009, el 37,7% de la población estaba bajo la línea de pobreza. Quince años después, el 17,3% de la población está en situación de pobreza, se subraya. Si bien es destacable este alto descenso, todavía 3.478.364 personas viven en condiciones de pobreza por ingreso, siendo una exigente prioridad a resolver. 

Aun considerando todas sus limitaciones, los resultados obtenidos con la información de la encuesta CASEN son suficientemente expresivos de la regresiva distribución de los ingresos en Chile y, asimismo, “del importante papel redistributivo que desempeña el Estado a través de las transferencias monetarias, que permiten compensar parcialmente las profundas brechas de ingresos”, expresa el documento.

En esa línea, todo esto tiene un correlato en materia de desigualdad, se explica. “Si consideramos los ingresos del trabajo en el período de los últimos quince años (2009-2024), se advierte una notoria desigualdad de ingresos, con una gran brecha entre altos y bajos ingresos del trabajo, con cualquiera de las formas de medición que se emplee, sea por deciles o quintiles, sea con el coeficiente de Gini. Pero, además, si observamos la medición por deciles y quintiles, no sólo se puede constatar una brecha grande, sino un empeoramiento de la desigualdad de ingresos del trabajo en los últimos quince años: mientras en 2009, el 10% más rico tenía un ingreso 39,3 veces superior al 10% más pobre, en 2024 la distancia resulta ser casi el doble: 77,8 veces mayor los ingresos del trabajo del 10% más rico respecto del 10% más pobre. En cuanto al coeficiente de Gini, aunque se mantiene una importante desigualdad en el ingreso del trabajo, al menos en los últimos quince años no crece e incluso experimenta una leve disminución de 3,5% entre 2009 y 2024”.

Pero lo relevante es que los cuestionados subsidios y pensiones resultan absolutamente claves para disminuir la persistente desigualdad del país. “Gracias a las transferencias monetarias, las brechas entre el 10% más pobre y el 10% más rico se acortan significativamente: en 2009, esa brecha se reduce de 39,3 veces a 19,4 veces y, en 2024, es aún mucho mayor el impacto redistributivo del Estado, pues la brecha entre el 10% más pobre y el 10% más rico se reduce de 77,8 veces a 15,4 veces”, se destaca. Sin tanto impacto, algo similar se refleja con el coeficiente de Gini que alcanza alguna reducción, aunque muy leve, cuando en su medición se incorporan los subsidios y pensiones a los ingresos del trabajo.

Imaginémonos, entonces, lo que ocurriría en materia de desigualdad si no contáramos con esos subsidios y la ayuda en materia de pensiones. 

“De manera sostenida en el tiempo, como lo demuestran todas las mediciones de la CASEN, el papel del Estado con sus transferencias monetarias ha sido fundamental para compensar -aunque sea parcialmente- la gran desigualdad de los ingresos del trabajo en los hogares del país y, con el paso de los años, cada vez es mayor ese impacto por el incremento en los montos de los subsidios, pero principalmente por el papel de la Pensión Garantizada Universal, PGU. Lo cual evidencia el rol redistributivo que juegan las políticas públicas de protección social vigentes y que han sido crecientes en el tiempo”, se destaca.

-Ellos dicen que la mejor política social es el empleo…

-Uno podría decir que eso es así cuando el empleo es formal, cuando tiene prestaciones sociales, pero al mismo tiempo se propugna una reforma laboral que le resta derechos a los trabajadores. Es empleo, pero cualquier empleo. De hecho, la Casen demuestra que los subsidios compensan los bajos salarios, pero la pobreza se explica por los bajos ingresos del trabajo. La pobreza se explica por dos motivos: por la ausencia de empleo, pero también por la presencia de malos empleos. En otras palabras, llegar a satisfacer las necesidades básicas no se logra en este país hoy con los ingresos del trabajo de un sector importante de la población. Por eso están los subsidios, para compensar los bajos ingresos. Por cierto, eso se agrava cuando no hay empleo, pero resulta que la pobreza se da también con empleo.

“No es que la mejor política social es el empleo, le mejor política social es empleo calificado, empleo formal, empleo bien remunerado, pero adicionalmente con políticas sociales que permiten que tu colabores a que, junto con esos empleos, tengas acceso a derechos sociales de calidad y que no tengas que desembolsarlo de tus bolsillos, porque en ese caso tus ingresos sí mejoran tu capacidad de consumo”, agrega.

En otras palabras, en Chile hoy tener empleo no significa necesariamente salir de la pobreza. Si no se cuenta con esas ayudas sociales, perfectamente puede mantenerse allí o seguir cayendo o, incluso contando con estas ayudas, seguir siendo pobres.

-¿Por qué surge este debate ahora? ¿Cuál es la explicación, según usted?

-Primero porque existe la probabilidad de que esto forme parte de la discusión del Presupuesto de la Nación que viene. Es como decir “no nos engañemos, no entreguemos respuestas que no sirven, apuntemos en esta dirección”. Ello basado en que hay que apretarse el cinturón porque después esta magnífica obra de la megareforma va a mostrar sus frutos, vamos a crecer mucho, va a haber empleo y todos vamos a ser felices. Supongo que está asociado a la discusión que viene del Presupuesto. Recordemos que el impacto más grande que tienen los subsidios hoy día es la Pensión Básica Solidaria (actual PGU), los subsidios tienen un papel muy menor, es decir, tampoco estamos hablando de que los subsidios están sacando a la gente de la pobreza, solo están contribuyendo a paliar ciertas condiciones en los hogares.

-En Chile ha costado un mundo lograr revertir el tema de la desigualdad, eso ha sido muy lento en los últimos años. ¿Es posible que con estas políticas que se están diseñando tengamos un retroceso?

-Sí, de eso no tengo duda. Tengo incertidumbre respecto del impacto que va a tener en el crecimiento estas medidas, pero que van a tener un efecto distributivo no tengo dudas y que van a ser regresivas tampoco tengo dudas. Si con los actuales niveles de ingresos y con el actual sistema tributario tienes la distribución del ingreso que tienes…si pensamos que van a bajar los impuestos y que no hay convicción, además, de que hay que transferir por la vía de subsidios o transferencias monetarias a los hogares, y por otro lado, inyectarle recursos a salud, a educación, que es otra medida redistributiva, no tengo dudas de que va a tener un impacto regresivo.

Dicho sea de paso, “a ellos no les importa la desigualdad. No creen que la desigualdad sea un problema, creen que lo que hay que resolver es la pobreza y la desigualdad no es un problema. Eso lo descubren cuando hay un estallido social, porque en ese minuto hasta Luksic reconoce que había que subir el salario mínimo, como se recordará. Allí la desigualdad sí es importante, entonces necesitan una situación violenta, que después acusan que es infiltración de terroristas, etc. Allí el conflicto social no existió, ahora se convirtió en terrorismo”, agrega Hardy.

-Esta tendencia de que venía subiendo el salario mínimo, probablemente va a parar o a desacelerarse también…

-Sí, tiene toda la razón, no solo es el tema del Presupuesto, sino que viene toda una discusión que se hace cada año, cuando se discute el salario mínimo. 

“La pobreza ha seguido su camino de reducción, pero sigue castigando al 17,3% de la población (3.478.364 personas), especialmente a niños, niñas, adolescentes (jóvenes), a mujeres, a sectores rurales, población indígena y migrantes. No obstante disminuir la pobreza, estamos lejos de constituir una sociedad de clase media. Dos terceras partes de la población (72%) vive entre la pobreza extrema y la pertenencia a un estrato medio-bajo, caracterizado por su precariedad”, refrenda el documento de Hardy. 

Como se ve, estos no son temas para hablar al voleo, como se ha hecho, sino tienen que ver con la suerte específica y directa de millones de chilenos que esperan una respuesta a su precaria situación.

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