Juan Flores R.
es un psicólogo de la Universidad Católicadoctorado en la Universidad de Chile y quien entre otros pergaminos puede mostrar su relación con la Academia y su gremio en el país, el continente y el mundo. Presideactualmente  y hasta el año 2024  una de las Federaciones Mundiales de Psicoanálisis, la International Federation of Psychoanalytic Societies y hoy por hoy sigue muy de cerca lo que está sucediendo en el país no sólo con la pandemia de coronavirus. También con la crisis social aun latente. Y con una peor: el miedo que se  está respirando por todos lados.

La pérdida del trabajo, la imposibilidad de recibir remuneraciones y la insensatez de algunos que no se dan cuenta cabal del peligro real que significa el Covid-19 está tiñendo de una preocupación creciente y angustiosa al país. ¿Qué hacer entonces frente al miedo?

Para este psicólogo “el miedo es una de las pandemia más temibles. Hace que reaccionemos impulsivamente y que aparezcan aspectos básicos que atentan contra lo solidario y colectivo. Por ello, es importante informarse adecuadamente, confrontar los datos con las informaciones oficiales y esencialmente tratar de mantener los vínculos, aunque sea virtualmente con los seres queridos. Lo peor es el aislamiento y la angustia consecuente”.

¿Cuáles son los efectos de la pandemia en los chilenos? 

No sabemos exactamente cómo impactará esto en el colectivo. Podemos tener algunas nociones a partir de situaciones análogas donde ha habido una deprivación de los contactos sociales y/o donde se convive con una amenaza permanente. Uno de los daños es la alteración de la habitualidad,  las tramas domésticas y conocidas que generan la sensación de cierta estabilidad.

Hoy asistimos a una precarización de los vínculos, a una incertidumbre que siembra dudas  del futuro y que pone en riesgo eventualmente la vida. Sumado a esto está la sensación de que también el futuro será complejo y difícil, lo que aumenta la percepción de un ambiente amenazante.

Es probable que entonces estemos frente a dos direcciones posibles en las cuales pueden transitar hegemónicamente estos procesos. En un polo, está la posibilidad de que un confinamiento mantenido sumado a una precarización económica, que genere una mezcla caracterizada por un aumento de la angustia y la ansiedad, con los consiguientes desarrollo de procesos de desagregación, respuestas diversas y violentas que pueden conducir a un clima que exacerbe los conflictos postergados y de respuestas que privilegien la descarga de la frustración. La otra alternativa es que producto de un procesamiento de la experiencia, esto produzca una revalorización de los lazos vinculares, desarrolle la solidaridad y la importancia de lo colectivo como sostén social. Por ello va ser vital cual será el discurso (relato) que conducirá las acciones

¿Cuáles son los efectos probables de una cuarentena?

Va a depender mucho de cómo esto impacta en cada persona,de los modos en que esto se une a sus historias y conflictos personales y a la forma en que actúan los espacios de contención (materiales y afectivos). No olvidemos que las condiciones materiales son también productoras de psiquis. No es lo mismo el impacto de la crisis en aquellas personas que tienen una expectativa de no contar con un sostén económico y material (tanto en lo referente a la salud y como a funciones básicas amenazadas) y en aquellos que pueden contar con ciertas condiciones esenciales cubiertas o no puestas en peligro.

Sin embargo, más allá de todo, es posible que pueden haber efectos familiares donde los conflictos postergados se actualicen. El tener que compartir espacios y tolerar la fricción característica de la convivencia con el otro es en sí mismo ya difícil, más aún en estas circunstancias. Pero también puede ser un espacio de acercamiento y de revinculación a pesar de que sea un encuentro obligado. Sin embargo, la convivencia con la angustia, el futuro en suspenso y el fantasma de la muerte puede generar efectos parecidos al estrés post-traumático, en la medida que esto nos fragiliza y nos conecta con una amenaza a la vida. Por ello es posible un cierto aumento de efectos psicosomáticos: cólon irritable, ansiedad recurrente, baja de defensas y posibilidades de emergencia de infecciones oportunistas, cambios en los estados anímicos, emergencia de procesos depresivos, etc.

Uno de los efectos claros será un aumento de una conflictividad psíquica, tanto por sus efectos emocionales directos de haber vivido en tensión permanente, como aquello que se reavivará a partir de las consecuencias de esta situación: precarización del empleo, aumento de la delincuencia, aumento de la  pobreza, etc.

¿Cómo combatir esos efectos?

Tratando de mantener los vínculos con el otro: a través de lo virtual, a través de llamadas telefónicas, mensajes, etc. Lo esencial es combatir la soledad, el aislamiento. Tratando de tener una postura crítica frente a la multitud de informaciones que más bien desinforman. Teniendo claro y no olvidar que esta es una crisis transitoria.

¿Habrá un antes y un después de esta crisis?

Las pandemia nos han acompañado ya hace mucho tiempo. Han sido un fenómeno recurrente. Nunca como antes fue del carácter global como esta. Las consecuencias psíquicas y económicas están por verse. En ese sentido, lo que viene nos proporciona un territorio necesario de intervenir y de generar condiciones de acompañamiento. Muy relevante será el papel de las autoridades y el Estado.

¿Cómo combatir el desasosiego por el futuro?

Con un énfasis en el carácter transitorio de esta situación. Se va a terminar. Con el reforzamiento de los lazos colectivos. Aunque sea de manera virtual. Tramitando los temores y ansiedades a través del dialogo y contacto con los otros. Es siempre más sano descargar a través de la palabra. Permite identificar y darle existencia a lo que pulula sin nombre. Eso ayuda a que no se descargue impulsivamente sin dirección productiva.

¿Cómo enfrentar esto desconocido que se está viviendo con la crisis social vivida anteriormente y que está latente?

Sí. Este es un punto crucial. Esta es también una crisis social que repercute distinto en cada sector. Es por ello que probablemente las demandas que surgirán producto de la crisis económica, se sumarán a las demandas históricas. Así entonces será muy relevante la forma en que el cuerpo social se constituya para los efectos de generar un nuevo pacto, sobre bases y expectativas que deberán considerar el nuevo estado de cosas. Esto demandará un proceso de deliberación y diálogo, no exento de conflicto y dificultades.

Desde el punto de vista sicológico, ¿qué le pediría a las autoridades?

Lo esencial de la autoridad, es que se pueda percibir desde su parte una estrategia coordinada y con una dirección clara. Si algo ha mostrado esta situación, es la importancia del rol de lo público y del papel del Estado.

La población descansa sobre una ilusión necesaria: que una entidad (El Estado, la Autoridad) podrá conducir en momentos de crisis. Cuando eso no ocurre, sobreviene la fragmentación y el quiebre de los lazos colectivos que sostienen la cultura y los acuerdos. Por ello, la Autoridad debe ocupar ese espacio, pero en un marco de legitimidad. Para ello debe convocar al cuerpo social más amplio para que esto pueda ser percibido como un esfuerzo colectivo y no de un grupo determinado.