Sergio Concha ha partido en silencio, como siempre fue modo de su vida. Lo recordamos con su caminar de grandes zancadas, su eterno maletín de cuero café colgado en su hombro, sus pantalones que le quedaban cortos, por arriba del tobillo, su cierto tartamudeo y su enorme humildad y bonhomía.

Mientras otros abogados de derechos humanos alardeaban de sus batallas en tribunales, Sergio Concha, en silencio, fue capaz de derribar los pilares de la amnistía en Chile con el famoso caso de la detención y desaparición del militante del MIR Pedro Enrique Poblete Córdova, cuando consiguió en 1998 que la Corte Suprema reabriera el caso, al que se le había aplicado la Ley de Amnistía dictada en 1978 por la dictadura de Pinochet.

Sergio Concha abrió las puertas de la justicia para que, a partir de entonces, en muchas causas de violaciones a los derechos humanos ocurridas entre 1973 y 1978 se castigara a los responsables de desapariciones y asesinatos cometidos por la dictadura, causas en las que se continúan castigando a los criminales, ininterrumpidamente, incluso hasta hoy.

Sergio Concha Rodríguez nació en mayo de 1931. Estudió Derecho en la Universidad de Chile y obtuvo el título de abogado a los 24 años de edad. Ingresó a la congregación de la Sagrada Cruz (Holy Cruz), donde se ordenó como sacerdote. Luego, realizó un doctorado en Teología en Italia, donde vivió cinco años. De regreso a Chile, se desempeñó como profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile y como párroco en la comuna de Lo Barnechea.

En 1974, comenzó su labor como abogado del Comité por la Paz, tomando a su cargo la redacción de los primeros recursos de amparo en favor de quienes se encontraban detenidos y de las querellas por desapariciones. Luego, continuó con su labor de búsqueda de justicia y de defensa de los derechos humanos en la Vicaría de la Solidaridad, la Corporación de Promoción y Defensa de los Derechos del Pueblo (CODEPU), y en la Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas (FASIC).

Cuando salió a la luz el trascendental fallo del “caso Poblete”, Sergio Concha fue buscado intensamente por los medios de comunicación para entrevistarlo. Todos querían saber quién era este desgarbado abogado que, de la noche a la mañana, había conseguido mucho más que otros abogados que aparecían todos los días en los diarios y en la televisión. Pero él se negó a dar entrevistas. Nunca quiso figurar y cuando, años después quienes se cruzaban con él le recordaban el importante fallo judicial que había logrado, solo se limitaba a sonreír.

Las organizaciones de derechos humanos, los amigos y familiares de víctimas de la represión de la dictadura, así como todos los chilenos y chilenas que luchan por la justicia, la democracia y la defensa irrestricta de los derechos fundamentales del ser humano, le deben un monumento a Sergio Concha.