Cuando ya se llegaba al mediodía de esta jornada histórica, la primera conclusión de expertos electorales y periodistas de distintos medios es que  chilenos y chilenas -particularmente los jóvenes- se volcaron masivamente a las calles para participar en este hito histórico. A las 12 del día se había constituido el 100 por ciento de las mesas en el país. Y largas filas mostraban el interés de los ciudadanos para participar en el hecho trascendente.

No es cualquier dato este volcamiento a ejercer el derecho a elegir el cambio de la Constitución. Porque un plebiscito en tiempos de pandemia, más la campaña del miedo que se desató soterrada y abierta,  y los hechos de violencia que se vivieron el pasado 18 de octubre despertaron el nerviosismo en los actores políticos opositores, porque podría influir particularmente en los adultos mayores que optaran por no votar. Si bien era la preocupación entre los opositores, también lo era en el gobierno que en los últimos días había acentuado sus llamados a votar. De hecho fue lo que acentuó el Presidente Piñera al acudir a votar a primera hora de la mañana en su nuevo local de votación en Las Condes.

Es que si aquello ocurría, la estrategia desplegada en  los últimos días por parte del oficialismo para instalar la figura presidencial como quien lideraba el plebiscito, y sacarlo del rechazo mayoritario del que no ha podido salir en las encuestas, podría convertirse en un boomerang.

Las largas filas en las distintas comunas de Santiago y de Regiones dieron cuenta de que se estaba lejos de una baja participación, sorprendiendo a muchos que en la derecha tenían sus esperanzas puestas en que se pusiera en duda la legitimidad de la consulta nacional por baja participación del electorado.

“Esperar lo que haya que esperar, Chile lo necesita”, fue la expresión de una persona en Ñuñoa mientras hacía una gran fila para votar. No es lo que ha pasado históricamente, salvo en aquel otro hito, el plebiscito de 1988. Por mencionar sólo algunos datos: en el año 2017, de un padrón de 14 millones 308 mil personas, votó un 46,6% (seis millones 674 mil personas), mientras que siete millones 633 mil no concurrieron a las urnas. Y en la segunda vuelta votaron poco más de siete millones, un 49% del padrón.

A partir de esas cifras se podrá medir el éxito de la convocatoria en  esta oportunidad, pero a ojos de buen cubero, claramente el interés por participar quedó en evidencia en todos los despachos televisivos enviados desde Santiago y desde Regiones

El punto es ahora saber por cuánto ganará el APRUEBO sobre el cual nadie duda. El porcentaje para cada opción es la duda. La derecha ha anunciado a quien los quiera escuchar que no sacarán menos del 40 por ciento. De ahí para arriba, dicen  los más optimistas entre ellos.

Es que para la derecha es esencial lograr ese 40 por ciento. Porque quieren evitar a todo evento que la centroizquierda logre los dos tercios que necesita para controlar el contenido de la nueva  Constitución. El tercio más uno es lo que pedía Pablo Longueira a los suyos para tener poder de veto y no modificar la Constitución “de Jaime”, como lo dijo en un ampliado de la UDI.

Axel Callis, experto electoral, señaló que la masividad de la votación era fundamental para quienes buscan cambios. Dijo que si se registran más de 8 millones de sufragios, sin lugar a dudas sería “la votación más alta desde el plebiscito de 1988”.

Habrá que esperar el resultado final. De ello dependerá cómo se apeará el gobierno frente a este nuevo escenario y muchos partidos también. De gobierno y de oposición.

Testimonios desde la ciudad de Valdivia

Brandon González, 20 años, Valdivia