El murmullo del salón Montt Varas del Palacio de La Moneda subía y subía de tono, a medida que pasaban los minutos. Es que la hora en que habían sido citados todos, ministros, subsecretarios, invitados, familiares y empleados intermedios que nunca faltan al esperado cambio de gabinete, ya había cumplido el plazo con creces.

Pasada más de media hora, apareció el presidente Piñera escoltado por su hombre de confianza, su primo, el renunciado ministro del Interior Andrés Chadwick. Ambos con el peso de los más bajos índices de aprobación en las encuestas que tanto les gustan: un 14 por ciento apenas para el primero y un 18 para el segundo. Histórico en realidad.

La expectación dio paso al silencio. Hasta que se supo todo: salía su primo y entraba ni más ni menos que Gonzalo Blumel. Hasta minutos antes, se había filtrado que el jefe político del gabinete sería Felipe Ward, un duro de la UDI. Un perfecto halcón, si se lo clasifica por sus dichos, por su historia.

¿Qué pasó para que a ultima hora entrara Blumel?

Cuentan sectores de la derecha que durante las largas horas y días en que el Mandatario -que aún no lograba ni logra digerir el tsunami que se le vino encima- intentaba armar su nuevo equipo junto a su círculo de confianza más cercano, nombres iban y venían en sus reuniones. Cuentan también que Andrés Allamand, consciente del significado de las multitudinarias manifestaciones que no cesan, planteó donde pudieran y quisieran escucharlo, la necesidad de un gabinete político, experimentado, para abrir las compuertas y bajar la presión existente y en aumento. Más aún. Cuentan que se la jugó por ser el nominado a cargo del nuevo equipo.

Probablemente lo sabía, pero nunca se imaginó el poder de Cristian Larroulet, el hombre en quien se apoya el presidente y que mueve todos los hilos del Ejecutivo. Un hombre culto políticamente, un estratega político de fuste, dicen algunos, un duro y leal apoyo del mandatario, un formador de hombres públicos. Un hombre en quien confía. Y a quien siempre ha escuchado desde sus saberes de números y de empresas. Con esa pared se topó Allamand.

Un personero del oficialismo confidenció que cuando llegaron a manos de Larroulet los decretos con los nombramientos de los nuevos ministros, este se habría sorprendido de mala manera. Es que, según esa fuente, habría quedado establecido con el Presidente que Felipe Ward no era el indicado para Interior. Y que su reclamo fue que, si no se ponía al frente del gabinete a Gonzalo Blumel, el renunciaría. Se lo habría dicho al mandatario cuando este ya iba bajando al salón Montt Varas. Devolverse y rehacer todo, fue casi un solo movimiento. De ahí la demora.

Y he ahí que el todopoderoso hombre del segundo piso quedó con su gente a mano. Listos para seguir sus instrucciones. Porque se dice que Blumel es producto de Larroulet, el lo formó. Que tendría un gran ascendiente en la nueva vocera y lo mismo en la nueva ministra del Trabajo. También en el cuestionado joven Isamit. Es lo que se comenta en sectores de la derecha que no están contentos con el nuevo gabinete. Tal vez esa podría ser la explicación a la actitud que tomó el presidente de Renovación Nacional, Mario Desbordes, que, una vez realizada la ceremonia del cambio de gabinete, se fue rápidamente del palacio sin aceptar casi preguntas, porque tenía mucho trabajo en el Congreso, según dijo.

Ya lo había dicho el senador Ossandón, de RN: “Hay varios que han pasado colados. En el sistema presidencial en Chile alguien inventó esa estructura del Segundo Piso y ahí hay que hacer un cambio. Ese ‘gabinete’ hay que mandarlo para la casa completito y eso lo dirige un señor Larroulet”, dijo en entrevista con Radio Pauta. Según Ossandón, el Segundo Piso tiene alta responsabilidad en la crisis actual. “Ellos son los orejeros del Presidente, los que le van diciendo todas las cosas y claramente el Segundo Piso no fue capaz de entender ni saber lo que pasaba en Chile (…) además, son los grandes defensores de los grandes empresarios”.

Pasadas pocas horas desde el juramento de los nuevos ministros, comenzaron a aparecer esas historias que nunca faltan y que dejan de manifiesto, una vez más, la improvisación o la desprolijidad en los nombramientos. Ahí están Isamit, en Bienes Nacionales, con deudas impagas y frases homofóbicas explícitas; el premio de consuelo para la ex vocera, que aparece como impresentable y, lo de Felipe Ward, más impactante porque tendrá que lidiar con el Parlamento.

Porque, a quién se le puede haber ocurrido -entre los asesores del Mandatario- que Felipe Ward era el hombre para negociar con los parlamentarios, con todos, cuando aún resuenan en sus pasillos algunas de sus frases que lo reflejan de cuerpo entero.  “Los Derechos Humanos son una especie de cajero automático que usa la izquierda para sacar plata”, fue una de las frases dichas por el entonces diputado el 2013 a The Clinic. Otra, fue el tuit que escribió en mayo de 2014: “Atentar contra carabineros es de imbéciles. Mano dura contra los encapuchados cobardes y fin del tema”. Y para qué decir de sus palabras contra la actual diputada comunista Camila Vallejos, a la que llamó “Miss Comunista”, a la que sólo le daba para concurso de belleza, y con quien probablemente tendrá que enfrentarse por el proyecto de las 40 horas laborales, entre otros proyectos.

El remezón continúa

Lo que se vio en realidad fue un cambio lampedusano, gatopardista,  que provocó un rechazo casi inmediato en las calles, donde continuaban las manifestaciones multitudinarias que finalmente derivaron en el espacio que siempre se toman vándalos, anarquistas, delincuentes y hasta probablemente narcos que, a mar revuelto, buscan la ganancia de pescadores. Esa variable es todo un desafío para los manifestantes que son muchísimos más, pero que hasta ahora no han podido o no han sabido organizar la defensa de un movimiento que con incendios y saqueos se ensucia y asusta.

Peor aún. Ensucia y desnaturaliza las graves violaciones a los derechos humanos que se han sucedido en estos días de protesta. Situaciones que dejan en el suelo aquel ¡NUNCA MAS! que se gritaba en las calles cuando finalmente, luego de tantas muertes, desapariciones, torturas y lágrimas,  se recuperó la democracia. Porque eso es lo que ha pasado en estos días. Y es lo que también enfurece y alimenta las manifestaciones que se suceden en el país.

No es casualidad que el 78 por ciento de la población desaprueba la forma en que el Presidente está conduciendo el gobierno y solo un 14 por ciento lo aprueba. Las principales críticas se concentran en el mal manejo de las protestas y la mala gestión en general de su gobierno. El rechazo a su gabinete – el viejo- es peor aún con un 80 por ciento de rechazo y solo el 11 por ciento de apoyo.

La oposición, el cambio y un plebiscito

Si hay algo que está uniendo a la oposición hoy es la insatisfacción por el nuevo gabinete. Quien lo graficó fue el presidente del Partido Radical, Carlos Maldonado, quien calificó el cambio de gabinete como “insuficiente”. “Enroques, ascensos, nada que muestre un real cambio de rumbo. Gobierno sigue atrapado en su burbuja, mala señal”.

El presidente del partido Socialista dijo que el gobierno debía hacerse cargo de la demanda ciudadana y abrirse a un cambio institucional que permita profundizar la democracia. Lamentó que “en áreas en que el gobierno lo está haciendo francamente mal como Educación, Salud y Transportes no se haya generado cambios”. Pidió al gobierno tener una efectiva voluntad de diálogo “no sólo con sectores políticos, sino que con el mundo social que se siente postergado para impulsar una agenda social ambiciosa y una nueva Constitución nacida en democracia”. Refiriéndose a lo ocurrido con las denuncias de violaciones a los derechos humanos dijo que  “los hechos acontecidos estos días son gravísimos, no son solo hechos aislados, ha habido muchas denuncias por violación hacia los DD.HH. Eso no es propio de las democracias y nos deben generar una enorme preocupación. Se tienen que hacer valer las responsabilidades políticas, eso significa que la Cámara de Diputados tendrá que estudiar cuáles son los mecanismos respectivos y, en su oportunidad, tendrá que pronunciarse el Senado”.

El presidente del PPD, Heraldo Muñoz, escribió en su cuenta de Twitter que “la primera tarea del nuevo Ministro del Interior, Gonzalo Blumel es colaborar, de inmediato, para esclarecer las graves violaciones a los DD.HH. perpetradas por agentes del Estado en estos días. Esperamos apertura efectiva a cambios reales, no puestas en escena con aplausos y vítores”. Luego declaró a Radio Pauta que “no basta con que el gabinete sea más joven si no va acompañado de nuevas políticas sociales”.

Desde la DC, su presidente Fuad Chaín comentó que el cambio fue “tardío, pero más vale tarde que nunca”. Añadió que “este cambio de gabinete da cuenta de un cambio de agenda”. Precisó que es necesaria una “agenda social que responda a las inquietudes de la gente, que represente a la diversidad de Chile”. En esta línea el Presidente de la Cámara de Diputados, Iván Flores, dijo que “más que los nombres, lo sustantivo y lo que todos esperamos es un cambio de rumbo, es un golpe de timón hacia donde el nuevo Chile tiene que ir.

Gabriel Boric, del Frente Amplio, mencionó que la agenda social del Mandatario “ha sido insuficiente”, “tiene que tener claro que no basta con un cambio de gabinete, si no hay cambios profundos. El cambio estructural requiere de una nueva Constitución y se van a perseguir responsabilidades políticas en el tema de derechos humanos”.

El presidente del partido Comunista Alejandro Teillier señaló por su parte que el cambio de gabinete “no tiene gran significado”. Planteó que fue producto de “un triunfo de la ciudadanía en las calles”. Para la diputada Karol Cariola se trata sólo de un “cambio cosmético”. Su par Camila Vallejo también consideró que el cambio de gabinete también fue “cosmético”, señalando que el Gobierno “sigue sin asumir su responsabilidad por las graves violaciones a los derechos humanos y solo perpetúa el modelo de desigualdad que nos tiene en crisis. Nuestra herramienta es acusación constitucional y la vamos a ocupar”.

Catalina Pérez de Revolución Democrática señaló que “el 61 por ciento de las personas piensa que Chile está estancado y de eso hay que hacerse cargo. No necesitamos una sillita musical entre los ministros”.

Lo interesante fue lo que un grupo de senadores de oposición, desde la Democracia Cristiana hasta Revolución Democrática, presentó en el Congreso. Se trata de un proyecto de reforma constitucional para que se pueda convocar a un plebiscito vinculante que defina si el país quiere una nueva Constitución y mediante qué mecanismo. El anuncio fue realizado por Guido Girardi (PPD), Juan Ignacio Latorre (RD), Juan Pablo Letelier (PS), Yasna Provoste (DC) y el socialista Carlos Montes.

El senador Montes planteó que “esta propuesta requiere el concurso de la derecha para aprobar un plebiscito en que la ciudadanía pueda definir el camino para una nueva Constitución. Se requiere que la derecha se abra a definir este camino y con consulta a la ciudadanía”.

Por su parte la comisión de Constitución de la Cámara de Diputados pondrá en tabla dos proyectos de reforma constitucional: uno que modifica el capítulo 15 de la Constitución, para permitir que no sea sólo el Congreso el que elabore una nueva Carta Magna y otro para establecer una Asamblea Constituyente.

 Y la respuesta vino rápido por parte de Renovación Nacional. Su Comisión Política mandató a su presidente Mario desbordes para negociar con la oposición justamente “para generar los consensos y acuerdos que se necesiten por el bien del país”. Eso, más la apertura del jefe de RN a estudiar lo de una nueva Constitución.

El revuelo empresarial

El susto por la fuerza del movimiento también llegó a los salones donde se reúne lo más granado del empresariado. La Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa) realizó una jornada de reflexión a fin de analizar la crisis social que vive el país. Hubo conclusiones curiosas, como que tenían que concentrarse en los trabajadores, apadrinar a las pymes, revisar los salarios si es que pueden hacerlo, y estudiar la situación de los subcontratados, entre otros puntos.  Incluso, se discutió la opción de una Asamblea Constituyente y el análisis del alza de impuestos a los altos patrimonios. Algunos consejeros siguieron defendiendo la reintegración, que, al parecer, no fue desechada por el nuevo ministro de Hacienda. Dicen que, de elevarse ese tributo sin existir reintegración del sistema , la carga impositiva para las empresas se dispararía: podría superar el 60 por ciento precisaron algunos, lo que al final del día redundaría en menor inversión, e incluso en la reorientación de capitales hacia otros países de la región. Es más menos lo mismo que han dicho cada vez que hay alguna reforma económica que no les gusta.

El presidente de la Confederación de la Producción y el Comercio, Alfonso Swett, no se quedó atrás. “Tenemos que agrandar nuestros corazones con generosidad, agrandar nuestras manos y meterlas en el bolsillo y que duela”, dijo el líder gremial. Aunque reafirmó que el sector que representa deberá hacer un esfuerzo “bien importante” con los trabajadores, advirtió que se debía reconocer las realidades de las empresas porque cada una es distinta. Swett destacó que dentro del mismo sector empresarial se ha visto el interés de varios actores para avanzar en esta dirección. “Hay una convicción del sector, hoy día la hemos sentido, así que nosotros nos ponemos a disposición de todo lo que está buscando el país”. Todo esto en el marco de una agenda social que están impulsando desde el gremio, y que operará en lo interno de cada una de las empresas que conforman la CPC.