Cuando el fantasma de otra protesta social se hizo carne en El Bosque, La Pintana  y Cerrillos, por nombrar sólo algunos ejemplos, donde pobladores salieron a las calles a gritar su desesperación en plena cuarentena, atemorizando así a la derecha y obligando al gobierno a salir acelerada y atolondradamente con una medida para sortear el hambre que ya se enseñorea en los sectores más pobres de Santiago, el coronavirus sigue su marcha ascendente con prisa y sin pausa. Ya hay quienes anticipan 100 muertes diarias en pocos días más.

Frente a esta realidad, el gobierno trata por todos los medios de acertar en las medidas que toma, pero como ha ocurrido durante todo este malhadado proceso, una y otra vez yerra o llega tarde. Para muestra un botón: el ex presidente del Banco Central, José de Gregorio opinó que “no puede ser que uno declara una cuarentena sin haber tenido dos semanas antes el plan para la cuarentena, y por lo menos, visto todo el tema de proveer alimentos rápidos”. “Resulta que a fines de mayo le va a llegar a la gente el bono covid”. Y respecto a la entrega de más de dos millones y medio de cajas con alimentos para que chilenos y chilenas respeten la cuarentena, de Gregorio opinó: “Yo hubiera entregado un bono más significativo 20 días antes de que esto pasara”. Una crítica que se repite en distintos ámbitos.

Propuestas y más propuestas

Lo agudo de la crisis sanitaria se entrelaza con la política y la economía. Las críticas también se cruzan. Algunas, casi hilarantes. Sólo por citar un ejemplo, el ex ministro de la dictadura, Hernán Büchi afirma que “existe un sector político que percibe que existe una oportunidad para precipitar el fin de lo que estiman un modelo injusto de sociedad. No tienen más propuestas que las mismas utopías ya fracasadas, pero la posibilidad de alcanzar el poder los embarga”.

Frente a afirmaciones de este tenor, surge la propuesta de economistas variopintos convocados por la presidenta del Colegio Médico que aseguran que Chile tiene espacio para endeudarse y poder gastar más. El documento titulado “Política Fiscal y Apoyo a las Familias en la Pandemia” fue entregado a la Mesa Social Covid-19, que encabeza el ministro del Interior Gonzalo Blumel. El grupo está integrado por el ex presidente del Banco Central, José de Gregorio; el ex ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, además de los economistas Sebastián Edwards, Claudia Martínez, Andrea Repetto y Claudia Sanhueza.

Entre las propuestas, plantean que se utilice el saldo del Fondo de Estabilización Económico y Social (FEES) a fines de marzo -US$ 12 mil millones o 5% del PIB- como referencia de gastos adicionales para los próximos 18 meses. Calculan que se podría gastar, cada mes y en promedio, US$ 670 millones por encima de lo ya comprometido para financiar paquetes de ayuda importantes a las familias.

La presidenta del Colegio Médico, doctora Izkia Siches valoró la propuesta, señalando que “es muy relevante que el Estado llegue a apoyar a quienes lo necesiten, para que puedan cumplir las cuarentenas y conseguir el efecto que se espera de ellas, que es evitar una mayor propagación del virus y el consecuente colapso de nuestra red asistencial”.

En realidad, propuestas abundan. Sólo que, hasta ahora, el Presidente no las ha escuchado. Ahí están los reclamos del Colegio Médico, de las Sociedades Científicas y de los propios partidos políticos. Respecto a la entrega de cajas de alimentos, quienes saben de números señalan que al menos se podrían demorar tres meses hasta entregar la última de las cajas. Y que cuando ello ocurra, quienes recibieron en primer lugar, no se sabe en qué condiciones estarían.

La Convergencia Progresista, conformada por el PS, PPD y PR propone dos alternativas a explorar para ir en ayuda de quienes cada día reclaman urgente ayuda del Estado: transferir fondos adicionales directamente a las familias de las personas vulnerables en cuarentena para que no tengan que salir a buscar el sustento diario o bien un programa de vales de alimentos o food stamps consistente en transferencias electrónicas a beneficiarios de bajos ingresos o sin ingresos, de montos que se depositan en tarjetas para adquirir alimentos en supermercados o almacenes participantes del programa.

Poco antes, los presidentes de los partidos de la oposición valoraron el cambio de tono que advirtieron en el Presidente Sebastián Piñera y su llamado a la unidad, pero señalaron que, para lograrlo, es necesario que incluya la visión y propuestas realizadas desde la centroizquierda. El presidente del PR, Carlos Maldonado, manifestó que “la unidad se construye con hechos, no con palabras. Hasta ahora, hemos visto siempre, incluso en la pandemia, un Gobierno que no escucha, que no cede, que no integra visiones distintas a la suya”.

El presidente de la DC, Fuad Chahín, señaló por su parte queno puede pretender el Presidente que el rol de la oposición sea allanarse pura y simplemente a las iniciativas que presenta”. “Creo que una vez más dejó pasar una oportunidad para poder dejar de ser jefe de Gobierno y transformarse verdaderamente en jefe de Estado… aquí también hay propuestas, hay ideas, hay dirigentes locales que nos plantean cuáles son sus necesidades, alcaldes, concejales, tenemos expertos, economistas, sanitarios y queremos ponerlos a disposición del país, porque es muy importante que todas las visiones puedan aportar a una solución compartida”.

Por su parte el presidente del PS, Álvaro Elizalde, aseguró que “ha habido errores graves en estas semanas, pero mantendremos nuestra voluntad constructiva para superar la emergencia sanitaria. Esperamos que las medidas tanto sanitarias como sociales sean acordadas con mayor participación. La oposición -agregó- debe ser constructiva, pero el Gobierno debe empezar a escuchar… No podemos dejar de alertar la completa insuficiencia de las medidas sociales. Es un hecho que el Ingreso Familiar de Emergencia deja a muchas familias bajo la línea de pobreza e incluso en muchos casos bajo la línea de indigencia”, añadió.

El presidente del PPD, Heraldo Muñoz valoró las medidas anunciadas por el Presidente, aunque -dijo- “ellas son muy dispares. Es positivo que se establezca una red no-bancaria para apoyar a las pymes, pero es muy vago eso de fortalecer hoteles sanitarios que, de hecho, están subutilizados”.

La semana peligrosa

Según los expertos, ahora se inicia la semana más peligrosa para Chile, donde ya la pandemia ha dejado una estela de contagios y muertes en el paísparticularmente en la capital, llegando a casi 70 mil personas infectadas y más de 700 víctimas fatales.

De hecho, el Centro de Estudios Espacio Público, entidad que ha discrepado de la forma en que el Ministerio de Salud ha manejado la crisis sanitaria- pronosticó un aumento tenebroso de los fallecimientos por coronavirus: el triple de lo que a diario se ha informado en los últimos días. “Por tercer día consecutivo el número de nuevos casos reportados rozó o superó los 4000. A su vez, el número de fallecimientos este sábado y el domingo fue de 45 y 41, respectivamente”, señala el informe elaborado por Camila Arroyo, Eduardo Engel, Diego Pardow, Andrea Repetto y Pablo Simonetti, refiriéndose al 22 y 23 de mayo. “El promedio móvil 13 días atrás (se suman los siete días de la semana centrada en el día en cuestión) es de 1386 contagios. Como el número de días promedio desde diagnóstico a fallecimiento es de aproximadamente 13, por simple regla de tres, estas cifras indican que el número de fallecimientos que anuncian las cifras de los últimos días podría llegar a triplicarse a comienzos de junio, resultando en varias jornadas con 120 fallecimientos o más”, asegura el estudio.

Si a ello se suma el estudio de la Universidad del Desarrollo que señala que los contagiados por Covid-19 en la Región Metropolitana serian 7,6 veces más que los detectados hasta ahora, es cuestión de multiplicar para visualizar realmente el sombrío y aterrador panorama por el que se transita.

Según el Ministerio de Salud, hasta ahora hay detectados aproximadamente 6 mil 500 personas asintomáticas. Pero, de acuerdo al estudio de la Facultad de Medicina y de Gobierno de la ya mencionada universidad, realizado a una muestra probabilística de 600 viviendas y un total de 1.867 personas de 13 comunas: Conchalí, Las Condes, Macul, Lo Barnechea, Ñuñoa, Vitacura, Santiago, San Miguel, La Florida, Peñalolén Providencia, San Joaquín y Recoleta, estas personas serían más. Bastante más. A los consultados se les aplicó una ´pequeña encuesta y la toma de una muestra de sangre para un test de detección de anticuerpos de Covid-19. Los resultados de 446 exámenes indicaron que el 2,9 por ciento de los testeados se habían contagiado, lo que significa que, en la Región Metropolitana, hasta el 15 de mayo, más de 100 mil personas podrían haber tenido la enfermedad, es decir, 7,6 veces más que las 13 mil 257 reportadas oficialmente por el Minsal. Aún falta por terminar el estudio, pero de acuerdo a los académicos participantes, probablemente los resultados en la Región Metropolitana serán semejantes. Lo que quiere decir que la cifra real de contagiados podría llegar a cerca de 400 mil.

“No hay margen para equivocarse”

No es casualidad entonces, la angustia y preocupación de la clase política -gobierno incluido- organizaciones sociales, instituciones científicas, académicos e investigadores. Cada una de ellas con su impronta. Porque tampoco es casualidad que el Ejecutivo haga una y otra vez llamados a la calma y tome medidas que en opinión del dirigente socialista Camilo Escalona responden por ejemplo a la protesta social que comenzó en la comuna de El Bosque y le obligó a una presurosa entrega de “cajas” de alimentos, en un procedimiento completamente oscuro, abusando del poder y de las facultades presidenciales en materia de gasto público.

Y tampoco es casualidad lo que editorializó La Tercera, reveladora del grado de preocupación de los grupos económicos y de su descontento con el actuar del gobierno: “El temido momento en que el coronavirus amenaza con desestabilizar la salud, la economía y convivencia social ya está con nosotros. Atrás quedaron las certezas de que Chile estaba preparado para cualquier eventualidad. Hoy sabemos que, como pasó en muchos países del mundo, nadie está suficientemente bien preparado para contener este virus. Y cuando las naciones se acercan al peak de la enfermedad, todo se ve superado o, en el mejor de los casos, se estresa a tal nivel que no hay margen para equivocarse, en especial cuando la autoridad de Salud ha comprometido que el país no se verá enfrentado al temido dilema de la “última cama”.

Y sigue el editorial: “el sistema de salud presenta los síntomas claros de estar a punto de ser superado en términos de los requerimientos. Las camas críticas están al borde del colapso, llegando a un nivel de ocupación de 97% en el caso de la Región Metropolitana. Lo mismo sucede con los médicos y enfermeras, donde ya se cuentan más de dos mil profesionales de la salud que han sido contagiados. Los esfuerzos públicos y privados por aumentar la oferta de salud son muy valorables, pero hasta ahora no permiten sacar al sistema del nivel de vulnerabilidad en que se encuentra. Por eso, su uso eficaz se hace más imperativo que nunca. Hay que tener presente que la baja tasa de mortalidad que Chile ostenta hasta ahora se debe en gran medida al buen funcionamiento del sistema de salud. Por ende, intentar mantenerlo en esas condiciones en fundamental”.