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¿Y dónde está el piloto?

 

El ministro de Seguridad, Martín Arrau -el segundo en menos de tres meses tras la caída de Trinidad Steinert- cambió por completo las prioridades de periodistas, editores y analistas políticos, que hoy se aprestaban a diseccionar los anuncios de la primera Cuenta Pública de la administración Kast y la posterior reunión oficialista en Cerro Castillo. Sin embargo, a las 8 de la mañana, la noticia era otra. Y en este rubro, la noticia siempre manda. Pero ¿por qué la decisión también sorprendió en La Moneda?

Hoy, cerca de las 8 de la mañana, Arrau pidió la renuncia al subsecretario de Seguridad, Andrés Jouannet, y a Ana Victoria Quintana, subsecretaria de Prevención del Delito. Ejecutada con la autorización del presidente Kast, el objetivo es -según fuentes de gobierno- rediseñar la cartera y ajustarla a las prioridades de la estrategia de seguridad. Pero, llama la atencion que el gobierno deje fuera a Amarillos y al Partido Nacional Libertario justo cuando más se necesita ese ancho de banda político.

Amarillos, aunque pequeño en representación parlamentaria, ha actuado como un socio confiable del Ejecutivo en votaciones estrechas, especialmente en materias de seguridad y orden público. Su militancia en el gabinete era una de las pocas cuotas que conservaban tras la debacle electoral. El Partido Nacional Libertario, por su parte, liderado por Johannes Kaiser, suma votos clave en la Cámara Baja y ha sido un aliado incómodo pero necesario para aprobar proyectos en comisiones mixtas. Con ambas fuerzas fuera del reparto de poder, La Moneda arriesga que esos votos se transformen en abstenciones -o peor aún, en rechazos- en momentos críticos. 

Entonces, si el capitán acaba de dar el discurso más importante del inicio de su gestión, con un foco casi absoluto en la agenda de seguridad, ¿por qué un copiloto cambia a la tripulación en medio del vuelo y, de paso, expulsa a dos socios de la nave?

Carta blanca

Si bien la nominación de subsecretarios es atribución exclusiva del Presidente, fuentes cercanas al Ejecutivo que han sido entrevistadas por otros medios nacionales confirmaron que José Antonio Kast le otorgó total libertad al secretario de Estado para «tomar sus definiciones y sacar adelante su agenda». Arrau, quien recientemente asumió la cartera tras la salida de la exfiscal regional, Trinidad Steinert, justificó el movimiento como un acto de gestión natural: «es normal que cuando hay cambios en los ministerios, cambien los focos, y las diferentes formas de gestión (…) Como siempre he dicho, estamos todos, incluyendo quien les habla, en constante evaluación», sostuvo al abandonar las dependencias de la repartición.

Pero, el timing es, cuando menos, explosivo. Arrau adoptó el ajuste ad portas de dar a conocer el plan de seguridad ante el Congreso Nacional. Hoy se enfrenta al Senado y mañana a la Cámara de Diputados. En lugar de llegar con un equipo consolidado ¿el ministro será acompañado por dos sillas vacías y una administración en plena reconstrucción?

La salida de Jouannet y Quintana tiene además un singular peso político. Andrés Jouannet, militante de Amarillos, era uno de los rostros de esa colectividad en el gabinete. Ana Victoria Quintana, por su parte, provenía del Partido Nacional Libertario, la tienda liderada por el exdiputado y excandidato presidencial, Johannes Kaiser. Con esta decisión, ambas fuerzas quedan fuera del reparto de cuotas de poder en la cartera más sensible del Ejecutivo.

El diputado del Partido Nacional Libertario, Pier Karlezi, afirmó que «vamos a ser críticos si no vemos una acción concreta». Un tono que, leído en clave política, suena más a un desmarque que a un respaldo. Desde Amarillos, en tanto, el silencio es sepulcral. No hay que ser un analista muy fino para preguntarse cuánto durará la lealtad de estos sectores después de haber sido desalojados de la mesa. 

Desde el sector que aún permanece en el avión, la jugada (aunque arriesgada) es vista como un “acto de liderazgo”, aunque no exento de presión. El diputado Jaime Coloma (UDI) respaldó «plenamente la decisión», argumentando que «en seguridad se requiere conducción clara, equipos cohesionados». En la misma línea, su par Francisco Orrego (RN) señaló que «Arrau tiene plena potestad para modificar sus equipos», aunque lanzó una advertencia velada: «Esperemos que los reemplazos estén a la altura del desafío y no les tiemble la mano. Chile necesita resultados urgentes».

El diputado del Partido de la Gente, Fabián Ossandón, puso el dedo en la llaga de la urgencia ciudadana: «La gente no está esperando cambios de personas, está esperando resultados. La hora de los diagnósticos ya pasó».

Oposición insiste en acusar «improvisación» y falta de estrategia

En la oposición, se interpreta como evidencia de desorden interno. «Esperamos que estos cambios no sean una nueva señal de improvisación y desorden interno. El gobierno llegó prometiendo que la seguridad era su principal prioridad, pero en pocos meses ya hemos visto renuncias, contradicciones y una preocupante falta de coordinación», afirmó la diputada FA, Erika Ñanco. Mientras que la también diputada Daniela Serrano (PC) aprovechó para vincular el hecho con la fallida puesta en escena de la cuenta pública: «El principal caballito de batalla de la campaña del presidente Kast sigue mostrando improvisación y la falta de una estrategia clara. No basta con tomar decisiones, hay que tomarlas bien».

Si el Presidente dio “carta blanca” a Arrau para imponer su sello, ¿es sólo a él o a todos sus ministros? Y, ¿por qué no lo hizo antes de la Cuenta Pública? La respuesta del ministro «estamos todos en evaluación» parece del todo insuficiente.

Así las cosas, mientras Arrau se prepara para sentarse hoy en el Senado -y mañana en la Cámara- para defender un plan sin ejecutores, La Moneda enfrenta una paradoja: el día después de prometer mano dura contra el crimen, tuvo que dedicar la jornada a defenderse de las acusaciones de desorden propio. Y, de paso, a debido explicar porqué dos de sus socios políticos -Amarillos y el Partido Nacional Libertario- bajan en paracaídas. Si la seguridad es la prioridad número uno, ¿dónde está el piloto? Y, aún más dramático: ¿el piloto conocía el puerto de destino antes de despegar? 

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