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¿El capitalismo se aleja del modelo neoliberal?

El neoliberalismo ya no representa el estado actual de la economía global; el sistema capitalista ha mutado a un nuevo esquema donde prima el desarrollo de una oligarquía financiero-tecnológica o una oligarquía política que podrían tener dos caras ideológicas.

Imagen: Monstera Production (Pexels)

 

El neoliberalismo ya no representa el estado actual de la economía global; el sistema capitalista ha mutado a un nuevo esquema donde prima el desarrollo de una oligarquía financiero-tecnológica o una oligarquía política que podrían tener dos caras ideológicas: 1) una, con algún énfasis en distribuir la riqueza, la adhesión a la existencia de organismos supranacionales como la ONU, que todavía cree en la libre competencia y en la sostenibilidad del sistema capitalista, con el liderazgo de China; 2) otra, que intenta fortalecer a la oligarquía en su posición de poder, dentro y fuera del Estado, así como fuera del país, desconociendo poderes como la ONU, rompiendo las reglas de libre competencia e incluso valiéndose del poder militar para conseguir los recursos que requiere su sostenibilidad, con el liderazgo de EEUU.

El cambio del capitalismo se manifiesta fundamentalmente en su base material, en el modo de producción; si en su origen fue la Revolución Industrial, en el siglo XIX, hoy se manifiesta a través de la revolución tecnológica que resulta predominantemente del desarrollo del conocimiento científico, de las aplicaciones digitales derivadas de ese conocimiento, de la inteligencia artificial (AI), del vínculo del mundo a escala nanométrica con el universo a escala espacial, con el desarrollo de la física cuántica.

Lo que se puede afirmar es que el Estado y la IA van de la mano, como lo vimos anteriormente, donde en 1) el Estado mantiene el control de la IA y, en 2) el Estado delega en los privados el control de la IA. Lo anterior se puede corroborar con el dato de la inversión en I+D de EEUU de casi un 3,5% del PIB, con un 2,7% del PIB de participación privada y, en Europa, la inversión en I+D de 2,2% del PIB con un 1,5% del PIB de participación privada. En Chile y en AL, la inversión en I+D no supera el 0,5% del PIB, aportada casi totalmente por el Estado.

El sistema capitalista continúa vigente y la diferencia se manifiesta en el grado de participación del Estado en la planificación económica y en la vigilancia del mercado para someterse a los planes económicos que establece el Partido Comunista en el caso de China o en el uso del Estado por parte de la oligarquía económica, estrechamente vinculada a las megaempresas de tecnologías digitales y de comunicaciones en el caso de Norteamérica.

El capitalismo en el nuevo orden internacional que está configurando la geopolítica requiere del Estado para conseguir estabilizarse, lo que puede conducir a una profundización de la propiedad estatal sobre recursos estratégicos, como ha ido ocurriendo con las nacionalizaciones en Alemania, Francia, Reino Unido y EEUU, especialmente por las tierras raras, los recursos para la electromovilidad (cobre, litio) y la energía (petróleo). Esto ha llevado a los gobiernos a revalorar las políticas keynesianas tan criticadas por el neoliberalismo con el fin de mantener los equilibrios macroeconómicos y el acople del Estado con el sector privado.

La malla de nuevas necesidades de tipos de empleo en la economía y en el funcionamiento de la sociedad obligará a flexibilizar y dar continuidad a la capacitación laboral y a la formación de técnicos y profesionales. Los miembros de la sociedad tendrán que prepararse para cambiar de oficio, profesión y empleo varias veces en su vida; probablemente, la IA podrá facilitarnos el aprendizaje y descubrir nuevas oportunidades laborales de un modo continuo.

La imaginación, las emociones, el placer de desarrollar una actividad, la certeza de que lo que hagamos sea valorado y retribuido, es decir, lo subjetivo del trabajo y la creación humana no tiene límites, pero se verá enfrentado a una nueva era. El desafío es desarrollar la IA para beneficio de los seres humanos, evitando que la IA sin control ni dirección los esclavice. Esto obliga a tener que domesticarla, a poner la IA al servicio de la sociedad.

Una cuestión relevante es quién acierta en la planificación del futuro laboral: si es la burocracia de las instituciones del Estado, la oligarquía tecnológica a través de universidades y centros de investigación privados o un mecanismo mixto que integre al sector privado y público.

La IA, la ciencia y la tecnología no tienen fronteras ideológicas, sino que más bien se abren sin precedentes a la posibilidad de invertir en ellas. Se plantea un futuro inimaginable, especialmente en China, donde se está planificando la eliminación de miles de carreras universitarias para diseñar e implementar, a cambio, nuevos programas con énfasis en la formación en ciencias y tecnologías digitales, el desarrollo y la aplicación de la IA, que respondan a los planes de desarrollo económico y social de China. Esta tendencia es observada con preocupación por EEUU y Europa al distanciarse por debajo de los niveles alcanzados por China, dada la importancia del desarrollo industrial, la productividad y el crecimiento económico. Se trata de una carrera contra reloj en la que está en juego el liderazgo mundial, no solo por una presencia competitiva en los mercados mundiales, sino también por los sistemas políticos que lo sostienen. Será, pues, decisión de los países si se alinean con esos líderes o consiguen, sin presión ni amenazas, construir un espacio propio en un mundo que necesita diálogo, acuerdos y colaboración para un desarrollo inclusivo en paz que resguarde la soberanía de cada país.

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