Mauricio López San Francisco
Presidente de la Comisión de Medio Ambiente del Partido Socialista de Chile
Bastián Muñoz Zúñiga
Secretario de Medio Ambiente de la Juventud Socialista de Chile
Chile es uno de los países más frágiles ante los efectos de la crisis climática y ecológica a nivel mundial. La degradación de la naturaleza no solo afecta a la biodiversidad, sino que también profundiza las desigualdades sociales, castigando especialmente a las comunidades más vulnerables, tanto presentes como futuras.
Pese a la existencia de innumerables estudios científicos al respecto y a su fundamental importancia para la supervivencia—entre otras—de nuestra propia especie, pareciera que las temáticas ambientales, en Chile, están condenadas a coexistir en una falsa dicotomía: “desarrollo versus protección de la naturaleza”, permeando en los discursos de quienes aspiran llegar a La Moneda, por lo que no resulta extraño oírles hablar de “crecimiento sostenible” y no de “desarrollo sustentable”. Las diferencias entre ambos términos son innegables, pues mientras el primero es un eufemismo de la desahuciada idea del “crecimiento infinito”, que pretende confundirse con el concepto de desarrollo sustentable, este último es un principio jurídico-político cuyo propósito es satisfacer las necesidades de las generaciones actuales sin comprometer las de las futuras.
Vistos los efectos de la triple crisis socioecológica (pérdida de la biodiversidad, cambio climático y contaminación) que afectan al mundo y especialmente a Chile, resulta urgente superar esta falsa dicotomía, de lo contrario no podremos hacer frente a la prolongada sequía que afecta a diversas regiones del país, la pérdida de hielo en los glaciares, o fenómenos climáticos inesperados como las trombas marinas. Por lo mismo, cabe preguntarse si, ¿podemos continuar con un modelo que contamina acuíferos y suelos dañando la salud de los ecosistemas y las personas o con una expansión urbana descontrolada que fragmenta el suelo agrícola y deforesta bosques nativos? ¿toleraremos como sociedad estos problemas, sabiendo que quienes sufren los efectos de estas crisis con mayor fuerza y frecuencia son las comunidades más vulnerables?
En este escenario, el socialismo chileno no puede desligarse de la defensa de la naturaleza. La justicia social y ambiental implican garantizar derechos como al agua y al saneamiento, a la salud, la seguridad alimentaria en plena conciencia de nuestra responsabilidad. Por ello, avanzar hacia un modelo ecosocialista es una necesidad inaplazable: asumir la responsabilidad sobre el impacto de nuestros patrones de producción y consumo y promover una transformación real antes de que la naturaleza nos obligue a reaccionar producto del desequilibrio que nosotros mismos hemos provocado, pues ésta tiene sus procesos y ciclos que le son propios y necesarios para su existencia y regeneración, los cuales deben ser respetados y preservados, y son una condición necesaria para nuestra propia existencia y la de las futuras generaciones.
