Andrés Kogan Valderrama, Sociólogo, Diplomado en Educación para el Desarrollo Sustentable, Magíster en Comunicación y Cultura Contemporánea
Este sábado 17 de octubre se realizó en Chile ExpoFamily 2026, un encuentro que reunió a figuras de la ultraderecha chilena e internacional. Bajo la consigna de defender a la familia, la actividad se inscribió en una ofensiva política y cultural contra el feminismo y la diversidad sexual, presentados por sus participantes como amenazas a los valores tradicionales.
Revisando la charla de Agustín Laje, titulada “El asedio a la familia”, queda claro que su preocupación no está puesta en cómo las familias enfrentan sus problemas cotidianos, sino en aquello que identifica como amenazas ideológicas. El feminismo, el aborto, el antinatalismo y la llamada “ideología de género” aparecen dentro de ese relato.
Aquí es donde me parece necesario detenerse. No comparto la idea de que el feminismo sea una amenaza para la familia. Al contrario, buena parte de las transformaciones impulsadas por los feminismos han buscado que las mujeres no carguen solas con la crianza, que los hombres asumamos mayores responsabilidades de cuidado y que distintas formas de familia puedan vivir con los mismos derechos y dignidad.
El problema es que, cuando se presenta la familia como una institución permanentemente asediada, se niega una discusión mucho más amplia. Se habla de quién supuestamente amenaza a la familia, pero nada de cómo viven realmente las familias, quién cuida, quién deja de trabajar cuando un hijo se enferma y quién carga con la mayor parte de las tareas domésticas.
Hay cuestiones concretas que no aparecen en esta discusión. Cuando un hijo se enferma, alguien debe faltar al trabajo. Cuando termina el posnatal, hay que resolver quién se hace cargo de la crianza. Las mujeres siguen asumiendo una parte desproporcionada de estas responsabilidades. Defender a las familias requiere permisos parentales adecuados y condiciones laborales que permitan cuidar.
Las familias homoparentales, monoparentales y ensambladas también crían y construyen vínculos. Sin embargo, quedan fuera de la idea de familia que defienden algunos sectores conservadores. No hay ninguna razón para que sus integrantes tengan que demostrar que merecen el mismo respeto y reconocimiento que los demás.
La participación del sacerdote Javier Olivera Ravasi generó cuestionamientos de Fundación Iguales por la difusión de testimonios sobre supuestas formas de superar la homosexualidad. Es difícil hablar de proteger a las familias cuando se difunden discursos que presentan la orientación sexual de algunas personas como algo que debe corregirse.
Laje y los hermanos Kaiser han hecho del enfrentamiento con el feminismo una cruzada política. Así, las críticas a las desigualdades de género se presentan como ataques a la familia, mientras se niega o deslegitima el cuestionamiento feminista a la distribución desigual del trabajo doméstico y de crianza.
En los colegios donde trabajo con estudiantes y docentes, hablar de masculinidades significa abordar cuestiones que muchas veces quedan fuera de estas discusiones. A los hombres se nos enseña a ser fuertes, competir y demostrar que podemos proveer. En cambio, aprender a cuidar, expresar lo que sentimos y hacernos cargo de la crianza suele ocupar un lugar mucho menor.
Desde mi trabajo en masculinidades, creo que necesitamos hablar más de lo que hacemos —y dejamos de hacer— los hombres en la crianza. Decir que la familia es importante es fácil. Lo difícil es asumir las responsabilidades cotidianas que implica, cuestionar la desigual distribución de los cuidados y dejar de esperar que sean las mujeres quienes se hagan cargo.
ExpoFamily dice defender a la familia, pero su batalla cultural apunta contra el feminismo y la diversidad sexual, negando las desigualdades de género que atraviesan la vida familiar y cuestionando las luchas que buscan transformarlas. Defender a las familias exige reconocer esas desigualdades, repartir los cuidados y garantizar que todas las formas de familia puedan vivir con dignidad y derechos. ¿De qué sirve reivindicar la familia si se niega la desigualdad que existe dentro de ella?
