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Geopolítica del turismo, el capital y la Antártica: desafíos del aquí y el ahora

Foto: Jordi Plana (Go Chile)

 

Anteriormente se abordó —aunque de manera preliminar— la relación entre capitalismo, turismo y geopolítica. Se trata de un vínculo que ha sido ampliamente trabajado en la producción académica, ofreciendo, a su vez desafíos regulares dado el contexto de calentamiento global en que se desenvuelve, tensionando recurrentemente los debates en lo referido a los impactos sobre la materialidad del capitalismo, expresados en dinámicas de inversión, reconfiguración territorial y valorización de recursos.

En enero de 2026, la territorialidad antártica volvió a visibilizarse gracias a la visita de figuras internacionales de gran renombre provenientes del mundo del espectáculo hollywoodense, entre ellas Nicole Kidman, Michael Douglas y Catherine Zeta-Jones. En años anteriores también se han registrado visitas similares, configurando una expresión del capitalismo global del denominado “turismo de lujo”. Este fenómeno no se limita a celebridades, sino que atrae a diversos perfiles de interesados, generando encadenamientos emprendedores en múltiples escalas: global, nacional, regional, comunal y por supuesto, antártica.

Desde la academia, algunas voces han manifestado preocupación. La noción de una “capacidad de carga adecuada” —todavía no formalizada— resulta clave en un ‘aparente’ exosistema vulnerable. El turismo de lujo, al concatenarse con otras actividades, podría afectar gravemente los equilibrios ecológicos y limitar las posibilidades de investigación que la gobernanza antártica busca resguardar.

Ello exige entonces, la necesidad de fortalecer la regulación bajo el marco del Tratado Antártico y de las definiciones que cada país debe ejecutar en su propio ámbito. El estatuto antártico y la institucionalidad disponible —como la Política Antártica y la Política de Turismo Antártico— ofrecen herramientas que deben ser utilizadas con rigurosa asertividad. En este contexto, el rol del Gobierno Regional de Magallanes y la Antártica, junto con las comunas que sirven de enlace al continente polar y sus instrumentos de planificación, —estrategias regionales de desarrollo, planes comunales, políticas para territorios extremos— deberían incorporar de manera permanente la particularidad antártica, reforzando su enfoque descentralizador.

Regular estos “turismos” desde una perspectiva geopolítica es indispensable. Las decisiones materiales y políticas que se adopten hoy, serán evaluadas en el marco de la transición del sistema internacional, que premiará o castigará las acciones o inacciones al momento de redefinir el trato respecto del continente antártico. En estas inter-escalas, las dimensiones medioambientales requieren especial atención, particularmente en lo relativo a la dotación y distribución de recursos naturales. Estos seguirán siendo un interés clásico de las potencias tradicionales y emergentes en el nuevo orden global, donde Chile también tiene legítimas pretensiones, más aún en un escenario de multilateralismo tensionado.

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