Gelucha mía, y más mía que nunca, quiero enviarte en estas pocas letras, todo mi amor, mi recuerdo, mis deseos de verte y estar junto a ti mirando el horizonte infinito; libres absolutamente libres para poder dirigir juntos nuestros pasos, buscando la forma y luchando porque el hombre deje de ser el lobo del hombre y la libertad, la igualdad y la justicia social se traduzcan en hechos concretos, aunque en ello se nos vaya la vida”.

Éstas eran las palabras que el general Alberto Bachelet escribía en una carta desde una cárcel de Chile, detenido por la dictadura militar de Pinochet en los primeros años de la década de los 70’s, a Ángela Jeria, su compañera, su pilar, su fortaleza de toda la vida. Ahora ella descansa en paz, falleció el pasado 2 de julio.

Doña Ángela no sólo es conocida como la madre de la expresidenta de Chile y hoy alta comisionada de los Derechos Humanos de ONU, Michel Bachelet, su reconocimiento  también obedece a su incansable lucha en pro de los derechos elementales de hombres y mujeres, que la llevó a formar parte de la Comisión Chilena de Derechos Humanos y del Comité pro retorno de los exiliados de su país.

Alberto Bachelet y Ángela Jeria se conocieron una tarde de 1944 en una kermés, ella tenía 19 años, él era un joven oficial de la Fuerza Aérea. Un año más tarde, y con el consentimiento familiar, se casaron y tuvieron dos hijos; Alberto y Michelle. Vivían una vida familiar tranquila, unos años después él fue ascendido.

Los años aciagos llegaron cuando los militares se alzaron, encabezados por el dictador Pinochet, contra el Gobierno democráticamente electo de Salvador Allende. En 1974 el general Bachelet murió de un paro cardiaco en una cárcel pública, producto de las duras sesiones de tortura. En el funeral de su esposo Doña Ángela sentenció abiertamente: “Juro que tu muerte no será en vano y lucharé sin descanso hasta que Chile se vea libre de sus verdugos”.

Es así como junto con otros familiares de detenidos inicia una intensa actividad de denuncia para liberar a los presos, hasta que en enero de 1975 es detenida y torturada junto con su hija durante dos semanas. Cuando son liberadas, Doña Ángela y Michelle emprenden el camino al exilio, donde siguieron su activismo denunciando las violaciones de los derechos humanos en las que incurrió la dictadura de Pinochet.

Con el retorno a la democracia en 1990 se convirtió, como con Alberto, en la compañera  de su hija Michel Bachelet, que llegó a la presidencia de Chile por primera vez en 2006 y nuevamente en 2014. Al término del segundo mandato, Doña Ángela recibió una carta más, en esta ocasión de su hija que le escribía: “Agradezco que hayas sido mi compañera más cercana en los mejores momentos y también en los más angustiosos. Una compañera inspiradora, fuerte, digna y resiliente, pero también una presencia cercana, cariñosa y apoyadora”.

Descanse en paz Ángela Jeria, una mujer que es ejemplo de constancia, de lucha y de amor para su familia y para la humanidad