“Noticias Falsas” o la Anti-Noticia

Me asombra ver cómo lo de las “fake news” o “noticias falsas” se ha transformado en un tema de conversación … como un fenómeno del mundo actual que habría que considerar como  un “hecho de la causa”… sin que nadie hasta ahora haya declarado a todo pulmón que eso equivale a hablar de la cuadratura del círculo, de que la tierra no es redonda o que 2 más 2 no son 4 o que Colón no descubrió América para los europeos…

Aunque esto último claro que puede ser negado, así como algunos niegan que existió el Holocausto donde murieron torturados millones de judíos …

Porque las fake news llegaron junto con lo que se ha llamado “la post-verdad”, es decir, la mentira, que en los últimos tiempos pretende reemplazar a la verdad. ¿En qué mundo estamos…?  Y cuando se trata de parar esa mala tendencia, se discute un “negacionismo” que iría contra la libertad de expresión. ¡Cómo si la libertad de expresión fuera chipe libre para mentir y emitir mensajes de odio!

Cuando se niegan los hechos, comienza a desvirtuarse el derecho a la información que tenemos todos los hombres y mujeres desde que lo consagró la Declaración Universal de los Derechos Humanos por allá por 1948… Y como la noticia es  la información de último momento, es un golpe de muerte a la noticia, materia prima de nosotros, periodistas, y también del buen lector ciudadano.

El periodismo nació para satisfacer el derecho a la información y a la comunicación inalienables al ser humano. Para contar “la verdad de los hechos” y si esa verdad es negada o no existe y si esos hechos hay que inventarlos, y por lo tanto ya no son verdad sino ficción… entonces el mundo se volvió loco… ¡y hay que bajarse!, como decía el título de una antigua película. Estamos sumidos en “Cambalache” … En un caos moral.

¡Qué diría hoy Gabriel García Márquez, para quien el periodismo es el oficio más hermoso del mundo! Afortunadamente, no vivió para contarlo.

El periodismo es un oficio con la importante misión de entregar a los ciudadanos de un país, informaciones y opiniones acerca del acontecer nacional e internacional, para que se formen la propia y tomen sus decisiones fundadas. Sólo los periodistas profesionales sabemos cuánto va envuelto en una información que busca ser honesta con los principios de veracidad, imparcialidad, oportunidad y de no omisión, y cuánto pierde la ciudadanía cuando ella se aleja de estos principios.

Nosotros, los periodistas, hacemos posible el funcionamiento de la democracia. Trabajamos con una materia prima muy valiosa, elemento básico en las sociedades democráticas como es la información de la verdad. Las personas que componen esa sociedad tienen derecho a conocer la verdad, pues la democracia está construida sobre esta base. Si cumplimos bien la tarea, ellos podrán tomar las opciones que estimen correctas. En otras palabras, podrán ser ciudadanos y la democracia funcionará.

Somos profesionales de la verdad y la sociedad da por descontado que siempre contamos la verdad. Se contados los casos de periodistas que inventaron sus relatos (como el de Jayson Blair, aquel reportero de The New York Times al que el diario mismo denunció y expulsó en 2004). El pilar de nuestra profesión es que nos crean. La credibilidad del periodista es nuestro mayor capital.

De ahí entonces que estamos tan indignados con lo que ocurre en la actualidad. De repente, se han metido en nuestro mundo unos intrusos indeseables: personas – a veces robots – que se encargan de todo lo contrario, es decir, de difundir mentiras. Y lo peor es que para ello utilizan como forma nuestro producto principal, la noticia.

Recientemente, El Mercurio en su sección dominical “El polígrafo” estudió el fenómeno de las noticias falsas y denunció que durante el año 2018  analizaron 103, entre las cuales: que la diputada Camila Vallejo defendía la pederastia o que la ex Presidenta Bachelet  recibía de las Naciones Unidas 14 millones de pesos mensuales por difundir y legalizar el aborto en su país.

Queda claro que estas “noticias falsas” tienen fines de propaganda política a favor o – peor aún – en desmedro de algún líder. Eso son las “noticias falsas”, propaganda descontrolada a favor o en contra de algún futuro candidato a algún liderazgo político.

Hasta ahora esto se ha desarrollado principalmente a través de las redes sociales como twitter, facebook y videos que se suben a la red. Pero lamentablemente con estas “noticias falsas” también se está inutilizando o neutralizando un espacio que hasta ahora canalizaba un periodismo alternativo a la voz hegemónica de los medios de comunicación masivos, escritos u audiovisuales. Están manchando el ciber espacio, donde algunos diarios digitales – como éste – se esfuerzan por contar a sus ciberlectores la otra cara de la medalla.

Antes, noticia, era sinónimo de información verdadera. Hoy, al menos se duda. Y requiere de un nuevo esfuerzo buscar en qué mensajero confiar.

No podemos dejar que la moda de las noticias falsas destruya el buen periodismo, uno de los pilares de la democracia y canal del correcto flujo de los hechos reales, verdaderos.

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