Ni siquiera pensaba que llegaría a ser nombrado gobernador provincial cuando fui a la Plaza Vicuña Mackenna a celebrar el triunfo de Chile en la Copa América en 2015. Esa noche, como la mayoría de los chilenos y chilenas, no tuve dudas que éramos un único pueblo, un solo corazón que agitaba “la roja de todos” mientras resonaban las bocinas de los autos y se multiplicaban los ceacheí al pie del Morro. Durante años nos acostumbramos a ser un país de perdedores alegres, que siempre eran derrotados. Sin embargo, ese 4 de julio, nosotros nos vestimos de campeones. Desde ese momento, el poder más nos llevó a pensar en querer más y esa mentalidad nos llevó el 2016, a ganar nuestra segunda Copa América.

Quise recordar esta anécdota porque siento que desde el 18 de octubre de 2019, con el desborde social, hemos quedado un poco desorientados. Ninguno de quienes hemos trabajado por nuestra Región desde la vereda pública fuimos capaces de ver las señales que estuvieron ahí por años. Sintonizamos con diversas necesidades, pero olvidamos las prioridades. El golpe de gracia lo recibimos en 2020 con la llegada del coronavirus y el avance sostenido de una pandemia que nos tiene en cuarentena indefinida.

Hoy nos preocupan cosas que antes postergamos por diversas circunstancias. Y a partir de ello, este 25 de octubre cambiará la forma de hacer política -pública y partidista- en nuestro país.

Después del plebiscito enfrentaremos otros desafíos y debemos hacerlo con la responsabilidad de un ciudadano maduro. Abril de 2021 traerá consigo la oportunidad de elegir a quienes redactarán la nueva Carta Magna, a los gobernadores regionales, a los alcaldes y concejales.

Frente a este escenario, nunca antes fue tan importante plantearse el futuro de nuestra Región más allá de coaliciones políticas y trabajar en pos de la unidad, con un objetivo común, poniendo a la ciudadanía, sus demandas y sus sueños en el centro de todo.

Es fundamental que los intereses mezquinos queden subordinados ante el sentido común de la ciudadanía y se abran espacios para que sea ésta la que elija a líderes que la representen.

Porque si queremos soluciones a nuestros problemas, tenemos que hacer un esfuerzo para creer unos en otros.  Es necesario romper con el mecanismo de relojería y las “cocinas políticas” que durante 30 años han avalado este sistema, donde se repiten los mismos rostros, y donde el resultado no ha sido otro que el descontento y el desasosiego de los ciudadanos.

Pensando en un mejor futuro para todos y todas, estoy convencido que solo a través de elecciones primarias, avaladas por nuestro sistema democrático, podremos elegir a los mejores y no a los menos malos. Como Región tenemos una oportunidad histórica para poner nuevamente sobre la mesa las ideas de la gente y del sentido común. Hoy es el momento, un tiempo de futuro para todos y todas. No lo dejemos pasar.