Periodista.
Con consejos, presiones, amenazas de descuelgue de algunos parlamentarios de Chile Vamos, y cambios de última hora, Evelyn Matthei está transitando quizás por los últimos tramos de una carrera presidencial que contrariamente a lo que todos suponían -incluyéndola-, la tiene al borde del peor de los mundos: no llegar a la segunda vuelta presidencial. Peor aún. Si eso ocurre, tener que apoyar a un triunfador de la ultraderecha que a su juicio, aparece como uno de los grandes responsables de su debacle y terminar así, de mala manera, una carrera política exitosa.
Pero, la división brutal que se ha visto en las derechas a propósito de las candidaturas presidenciales y parlamentarias de este año, sólo tiene algo favorable para la ciudadanía: la comprobación, una vez más, de que quien mueve los hilos y manda en ese sector es el gran empresariado.
Tal ha sido el desorden que muestran, además de la irrupción de un progresismo unido en torno a la candidatura de Jeannette Jara, que se prendieron todas las luces rojas en los poderes fácticos. Más de 160 empresarios y altos ejecutivos pagaron la inserción de una carta abierta, dirigida a los tres presidenciables opositores —Evelyn Matthei, José Antonio Kast y Johannes Kaiser— y a los candidatos al Congreso de la oposición pidiendo, más bien exigiendo unidad del sector. En pocas palabras, la carta es una verdadera señal de alarma, y un acto de presión abierta, que hace rato no se veía. Al menos no tan impúdicamente.
El analista político Marco Moreno lo graficaba así: “A través de un lenguaje enfático, el grupo firmante llama a la unidad del sector, exige responsabilidad ante el riesgo de perder una oportunidad histórica y advierte sobre los costos de la fragmentación electoral. Sin embargo, lo más relevante no es el contenido explícito, sino lo que esta intervención revela sobre la forma en que se construyen las coordenadas de poder en la derecha chilena”. Y agregaba: “su voz se deja oír con fuerza, en una suerte de “llamado al orden” que interpela a los actores que hoy lideran las candidaturas del sector. Esta práctica se inscribe en lo que Antonio Cortés-Terzi denominó como “circuitos extrainstitucionales del poder”: esferas de influencia que, aunque ajenas a los mecanismos formales de la democracia, inciden con intensidad en la toma de decisiones, especialmente en sectores donde el capital económico y simbólico se traduce en capacidad de veto o conducción indirecta”.
No es casualidad que fueron algunos de sus propios candidatos a diputados quienes insinuaron que sería más conveniente apoyar directamente a José Antonio Kast en primera vuelta, o que tal vez Matthei, mediante un gesto patriótico, podría dar un paso al costado. Ardió Troya en Renovación Nacional primero, y rezagado, lo hizo la UDI, el partido de Matthei. Le entregaron todo su apoyo a la candidata y quienes habían planteado la posibilidad de una bajada, debieron esconder la cara y desdecirse, entregando su respaldo a Matthei. Pero, ya está claro para la candidata de dónde le llega el fuego amigo.
Empresarios saltan al ruedo
Tanta es la preocupación del gran poder empresarial, que obligó a un cambio en la estrategia del comando de Matthei: debió incorporar con urgencia a uno de ellos, tal vez el más recalcitrante y fanático derechista, Juan Sutil, ex presidente de la Confederación de la Producción y el Comercio.
Su tarea es finalmente, una: ser un puente entre la exalcaldesa de Providencia y la carta presidencial del Partido Republicano, José Antonio Kast, con miras a una lista de unidad del sector. Eso es lo que quieren los empresarios.
No le será fácil a Sutil, que no le hace honor a su apellido, tomando en cuenta la dureza de sus dichos. Porque si bien el encargado de la campaña Diego Paulsen había dicho que el adversario político era “un mal gobierno”, pero que el “adversario electoral es José Antonio Kast”, Sutil le aclaró que, para él, el adversario era “la continuidad del gobierno de Boric“. E insistió en que “nosotros tenemos al frente la continuidad del Gobierno del Presidente Boric; no me parece un buen gobierno, no me parece que es el modelo que Chile tiene que seguir tomando hacia adelante, no estoy de acuerdo en su política internacional, no estoy de acuerdo en su política interna, no estoy de acuerdo en todo el deterioro y la pudrición que hemos visto (…)”.
En suma, Sutil contradice sin tapujos la estrategia de última hora que quiere poner en práctica su candidata: abrirse al centro político, evitar confrontaciones, y dejar claramente establecido que esta derecha que representan es la dialogante y la única capaz de darle gobernabilidad al país. Es lo que creen.
El plan de la candidata
De hecho, Evelyn Matthei buscará marcar diferencias con el abanderado del Partido Republicano. Planea poner en relieve sus propuestas y continuar haciendo guiños al centro, además de relevar que sería la candidata con más opciones de conquistar a un electorado transversal. Durante un conversatorio sobre descentralización en el marco de la Cumbre de las Regiones, realizado en Concepción, enfrentó a Kast con rudeza, al comentar sobre el tema de la corrupción. “El único diputado privado de libertad por el caso de las fundaciones fue llevado en la lista de ustedes, José Antonio Kast” y señaló que la corrupción estaba en todos lados y que no tenía color político, como intentó instalar una vez más el republicano.
Durante el consejo general de RN reveló que su plan será seguir marcando diferencias tanto con el republicano, como con la candidata oficialista, Jeannette Jara (PC). “Nosotros somos una derecha convocante, que cree en la diversidad y que construye con los distintos. Somos una derecha que cree que la valentía no es insultar, no es gritar sino convencer”.
Fueron algunos de sus propios candidatos a diputados quienes insinuaron que sería más conveniente apoyar directamente a José Antonio Kast en primera vuelta, o que tal vez Matthei, mediante un gesto patriótico, podría dar un paso al costado.
Ese tono de la candidata es muy distinto al que está empleando Sutil. La crudeza del empresario se entronca con lo dicho por el empresario viñatero devenido en operador político, Nicolás Ibáñez Scott , reconocido y agradecido pinochetista, como él mismo se declara y además, financista desde siempre de los más duros de este sector.
Ibáñez opera indistintamente desde Londres, donde vive hace un par de años, y en Chile, donde está por ahora de paso. Envió particularmente a Chile Vamos, un mensaje amenazante si es que no se unen: “No es tan difícil, porque si no, no hay plata no más…No va a haber financiamiento para un circo como este”, -dijo- en referencia al desorden de la derecha dividida. Aunque no lo ha dicho públicamente al menos, su apoyo va para Kast y no sería raro conocer en algún momento de sus idas y venidas para bajar a Matthei de sus pretensiones presidenciales.
En círculos políticos no solamente del progresismo consideran a Ibáñez como un tipo peligroso para la democracia. Sobre todo por la influencia que ejerce sobre los jóvenes. El hace parte de una estrategia de largo aliento que busca influir en el país, entre otras cosas, a través de formación de cuadros, financiamiento de ideas, think tanks y presión sobre los partidos. Su añoranza de la dictadura es más que evidente, según sus propias palabras.
Y mientras todo esto ocurre, en las derechas siguen desangrándose buscando ser quien inevitablemente deberá competir con Jeannette Jara en la primera vuelta de noviembre próximo.
