Renovación Nacional proclama a Evelyn Matthei como su candidata presidencial con un homenaje al dictador Augusto Pinochet

Si el octogenario dirigente de Renovación Nacional y mesías financiero de muchos candidatos a parlamentarios de ese partido, Carlos Larraín, fuera ciudadano alemán y viviera en esas fronteras, estaría sin duda o preso o con algún castigo ad hoc al delito. Porque su verdadero homenaje al dictador Augusto Pinochet y su dictadura de 17 años en el acto de proclamación de su candidata presidencial (UDI), Evelyn Matthei, hubiera sido eso en la Alemania que cobijó e hizo crecer al nazismo: un delito. “Yo también estoy muy agradecido a don Augusto Pinochet y a lo que hizo el gobierno de las Fuerzas Armadas, así que no teman», les dijo Carlos Larraín.

Fue, por cierto, un homenaje calurosamente aplaudido por militantes y dirigentes de un partido que a tantos años del regreso a la democracia, mantiene o mantenía escondida la predilección de un número no menor de sus militantes por un gobierno sin los “molestos” contrapesos a que obliga respetar un sistema democrático. Son los cómplices pasivos de que habló alguna vez el extinto Presidente Sebastián Piñera, refiriéndose a quienes callaron o miraron al techo -como Larraín- cuando los opositores a la dictadura eran detenidos, torturados o hechos desaparecer.

Y tal parece que esos molestos contrapesos se pondrían en tensión si la derecha llegara a gobernar el país. O Evelyn Matthei, o Johannes Kayser o José Antonio Kast, todos candidatos a la presidencia del país tienen la misma intención: rebajar el gasto público y en lo posible eliminar programas sociales que a juicio de este sector, solo bloquean el crecimiento económico del que tanto hablan particularmente los grandes empresarios de la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC) o la Sofofa, entre otros.

En su proclamación, Matthei ya lo dijo: “Desde ya les quiero decir que el camino será doloroso. Tendremos que cortar muchos gastos para enfrentar las urgencias de Chile y pagar la pesada carga anual de los intereses de la deuda. Haremos todo lo posible por distribuir la carga en forma equilibrada, pero el remedio será largo y amargo”. El rostro del actual presidente argentino que hizo exactamente lo mismo y tiene a casi la mitad de su pueblo en la pobreza, apareció en el imaginario colectivo de quienes la escucharon.

La proximidad del cambio presidencial y parlamentario, sumado a la aparición de liderazgos de ultraderecha en el mundo y en la vecindad, está abonando el terreno para que justamente comiencen a aparecer los autoritarios y los huérfanos del pinochetismo. Hace unos días, se escuchó decir al ex subsecretario del gobierno de Piñera y actual vicepresidente de la UDI, Máximo Pavez, que “me da lo mismo que haya desigualdad, porque las sociedades libertarias y prósperas son más desiguales». Y sin arrugarse lanzó: “Se nos ha dicho, persistentemente, muchas veces de manera populista y demagógica, que acá hay unos señores que básicamente explotan, se llevan todos los recursos para la casa, abusan de su posición, mientras todo el resto que los apoyamos somos una especie de fachos pobres”. E insistió: “a mí me da lo mismo que haya gente que tenga mucho, en la medida que todos tengan el mínimo de condiciones para poder elegir sus destinos”.

La sorpresa

No es solo el endurecimiento del discurso de Matthei, amenazada –por ahora- por sus adversarios de ultraderecha. El pregón populista tanto de Kast como de Kaiser pareciera estar penetrando en sectores de la ciudadanía y ello es un peligro para Chile Vamos. Pero también para la centroizquierda, que aún no da visos de candidaturas presidenciales fuertes.

Pese a que según la última en cuesta Criteria la Oposición tiene un rechazo de 68% y una Aprobación de apenas un 12%, la penetración del discurso populista de ultraderecha sigue –hasta ahora- una marcha ascendente que la están recogiendo las encuestas.

La última encuesta Plaza Pública, que realiza Cadem, reveló que por primera vez, el diputado Johannes Kaiser (Ind- Social Cristiano) supera a José Antonio Kast (Republicano) en preferencia presidencial espontánea. El parlamentario llegó al 10%, registrando un alza de 5 puntos porcentuales respecto a lo evidenciado en diciembre del año pasado. Kast alcanzó un 9%. Tal vez por ello el líder republicano –desaparecido durante un tiempo de los medios de comunicación, contrariamente a lo que pasaba con sus adversarios en la derecha- comenzó a aparecer en los medios, consciente que será un instrumento imprescindible en esta carrera a La Moneda.

Y aunque la recién proclamada candidata de RN, Evelyn Matthei lidera el ranking -entre las opciones existentes- con un 23%, retrocedió 3 puntos respecto al último sondeo de opinión. En el cuarto lugar aparece la expresidenta Michelle Bachelet con 5%, seguida por el alcalde de Maipú, Tomás Vodanovic con 3% y la ministra del Interior, Carolina Tohá con 2%.

La encuestadora señala que la candidata de Chile Vamos sigue imponiéndose en todos los posibles escenarios de segunda vuelta, pero con la exmandataria la brecha se acorta a sólo 4 puntos (47% vs 43%).

Para tranquilidad relativa de la centroizquierda, la mayoría de los encuestados –el 38%- no se inclinó por alguna de las opciones o se declara indeciso. Y el incombustible porcentaje de apoyo al Presidente Gabriel Boric sigue inalterable. En la segunda semana de enero, la aprobación a la gestión del Presidente Gabriel Boric subió al 31%, mientras que su desaprobación llega al 61%.

En el Partido Republicano son cuidadosos al analizar los últimos números de Kaiser y señalan que aún está por verse si esto se trata de un alza que se consolida en las próximas semanas o si se responde a circunstancias del momento.

Algunas ¿soluciones?

Sin embargo, las declaraciones de Kaiser y Kast ponen en el centro del actual escenario político supuestas soluciones a problemas que hoy están angustiando a los chilenos: la seguridad, la economía, la inmigración y las pensiones. Tanto el uno como el otro, respecto a la seguridad son partidarios de una mano lo suficientemente dura como para espantar y hacer desaparecer al crimen organizado y al narcotráfico. De ahí que, olvidando que el presidente Salvadoreño Bukele llegó a acuerdo con los principales líderes de las bandas existentes (las maras), para bajar sus índices de criminalidad, Kast y Kaiser creen que en Chile se podrá repetir esa experiencia. Kast por ejemplo, asegura que en un año puede construir una cárcel al estilo Bukele.

Kaiser, por su lado, trata de diferenciarse señalando que “ser conservador en lo social siendo paleolibertario – como se autodefine- no significa que quieras utilizar el Estado para impulsar el conservadurismo. Creo que para que una sociedad sea lo más libre posible, necesitas que la gente se autocontrole. Mientras más adhesión hay a un set de principios y valores que permiten una convivencia pacífica, menos represión estatal necesitas. Y si quiero menos Estado, necesito una sociedad más empoderada, pero que se comporte bien por convicción, no por miedo. No soy partidario de un sistema que se base solo en la represión, prefiero que la gente respete sus espacios, su forma de vida y no tenga que estar utilizando el garrote estatal para ordenar a las personas”.

Pero, hay letra chica en sus discursos. Por ejemplo, afirma que en materia de seguridad, tiene diferencias con Kast. “Ahí yo estoy más dispuesto a aplicar la fuerza del Estado que sea necesaria”. Dice que no es de extrema derecha, porque serlo “sería llegar, salir y fusilar a cualquiera. Yo no pongo en riesgo el Estado de Derecho ni el derecho a defensa. Lo que sucede es que estoy dispuesto a endurecer más la mano y corregir el sistema. Se puede decir que soy mucho más duro, pero no lo voy a ser más que la República de Chile en el año 60”.

Cuando fue candidato a diputado el 2021, hubo algunos volantes xenófobos en el que aparecía el mensaje “el que no aporta, se deporta”, acompañado de unas ovejas con pelaje blanco pateando a un perro de tono oscuro. Para Kaiser, expulsar a 200 mil migrantes irregulares no es difícil. Ni siquiera por el costo que ello significa. “Porque el costo que significa mantener gente acá en la irregularidad es muchísimo más alto que el que sale expulsarlos o mantenerlos recluidos hasta el momento que salgan voluntariamente del país”. Y tiene el cálculo hecho: “$1 millón por cabeza, son US$ 200 millones. Un pelo de la cola del presupuesto nacional”.

Para Kaiser la solución será tener incentivos para quedarse en Chile. “Si usted no cumple con la ley migratoria, estará retenido hasta el momento en que quiera salir del país voluntariamente si es que no lo puedo expulsar a su país de origen. Punto. No va a haber incentivo para los empresarios para contratarlos, ni para el arrendador para arrendarle un lugar. Usted va a ingresar a Chile y apenas lo pillemos lo colocaremos en un campo de refugiados. Y puede estar la Acnur encima de esta cuestión, me importa un níspero. Pero no van a entrar a nuestras ciudades, a nuestra economía, a Fonasa”.

Y entre las muchas ideas de su discurso, propone reducir a 10 las secretarías de Estado, afirmando entre otras cosas, que “el Ministerio de la Mujer es perfectamente inútil”.