Este 16 de septiembre es el Día Mundial del Condón Femenino, fecha que se instauró en la III Conferencia Internacional del Sida en 2012, con el objetivo de prevenir la propagación del VIH, por medio de aumentar el conocimiento, acceso y uso de este preservativo que apareció en 1992 en Estados Unidos, Inglaterra y Europa, pero que todavía no es masivo en Latinoamérica.

Se trata de un condón fuerte y suave hecho de nitrilo, un material libre de látex, que cubre el interior de la vagina y parcialmente los genitales externos, con lo cual el área protegida es mayor; cumple como el condón tradicional, con una doble protección, contra infecciones de transmisión sexual (ITS) -como el virus del papiloma humano y el VIH– y de embarazos no deseados, pero tiene las ventajas de que es posible utilizarlo con otros anticonceptivos, excepto el condón masculino, diafragma o el anillo; no es hormonal por lo que no produce efectos secundarios; puede colocarse antes del inicio de la relación sexual, sin necesidad de interrumpirla, y llevarse puesto hasta ocho horas.

En conversación con Página 19, activistas de la Fundación Margen de trabajadoras sexuales y del capítulo chileno de la Comunidad Internacional de Mujeres Viviendo con VIH/Sida (ICW) relataron cómo desarrollan de manera conjunta una campaña por el acceso, distribución y uso del condón femenino, participan de ferias ciudadanas y entregan información a través de redes sociales y medios de comunicación para masificar su uso.

Marcela Silva, representante en Chile de ICW, explicó que gracias a la campaña dictan capacitaciones y difunden la eficacia y beneficios del condón femenino a personal de la salud. “Hemos capacitados a personal de centros de salud, incluyendo a funcionarias y funcionarios del Minsal y buscamos llegar siempre a la mayor cantidad de gente para crear una cultura de prevención y del uso del condón, en este caso femenino, pero también del masculino”.

La Fundación Margen, que tiene 21 años de existencia, recorre una vez a la semana distintos sectores del casco histórico de Santiago para entregar preservativos femeninos, masculinos y lubricantes -herramientas de trabajo de las trabajadoras sexuales- junto a material educativo.

“Hacemos prevención a las compañeras para que tengan la autonomía de usar el condón femenino como autocuidado ya que, a veces, el cliente es reacio a usar el condón masculino, también repartimos en las salidas a terreno de noche, en las calles y en locales. Hay compañeras trans que nos solicitan el condón masculino y también lo entregamos”, contó Herminda González, histórica dirigenta de esta organización.

Más autonomía para las mujeres

Los niveles de efectividad del preservativo femenino para prevenir la transmisión del VIH/SIDA es de un 94 a un 97 por ciento cuando se usa de forma correcta, mientras que los condones masculinos alcanzan un 87 por ciento, y pueden fallar por la misma razón, como el presentar una ruptura, pero sin duda uno de sus principales beneficios es que entrega mayor autonomía a las mujeres y puede aumentar la sensación de empoderamiento, puesto que le permite tomar la iniciativa de protegerse a sí misma, sin depender de su pareja, sea mujer u hombre.

González señala que en las trabajadoras sexuales -grupo en el que ha disminuido la prevalencia de VIH- el condón femenino tiene muy buena recepción. “Lo reciben muy bien, las compañeras prefieren usarlo y no tener que pelear con el cliente que no quiere usar preservativo, hoy ellas poseen la autonomía de decidir”.

Las activistas de Fundación Margen e ICW Chile, comentan que en algunos casos las mujeres no tienen la posibilidad de expresarse sobre temas sexuales, por ello no pueden pedir a su pareja que se abstenga de mantener relaciones sexuales con otras personas. En parejas heterosexuales es todavía para muchas mujeres muy difícil negociar el uso del preservativo masculino, por lo tanto el femenino aumenta en ellas el sentimiento de control personal al tomar las riendas de la prevención.

Erika Montecinos, fundadora de la Agrupación Lésbica Rompiendo el Silencio, cree que este método -que permite también visibilizar la sexualidad de las lesbianas-, es relevante para combatir modelos sexuales machistas. “El condón femenino es importante también para prácticas sexuales diversas, para las mujeres lesbianas, bisexuales e igualmente puede ayudar a derribar toda una cultura patriarcal que hay sobre la sexualidad, sobre todo, en las prácticas heterosexuales, donde la mujer siempre ha quedado dependiendo de lo que decida el hombre sobre usar o no protección”.

Desde su mirada, el uso del condón femenino se transforma “en un espacio político de empoderamiento en el ámbito sexual, donde muchas veces hemos sido relegadas, porque hoy estamos tomando el control sobre nuestros cuerpos, nuestra salud, sobre cuándo queremos tener protección, porque eso también es un derecho humano”, subraya.

Con esta misma apreciación concuerda la activista de ICW Chile. “La experiencia con la campaña del condón femenino muestra que las mujeres se atreven cada día más a hablar de su sexualidad y a medida que se van familiarizando con su cuerpo y teniendo acceso a más métodos preventivos para las ITS, se van haciendo más cargo de su sexualidad y hablar de ella sin tanto tabú”, opina Silva.

De esta forma, el condón femenino es hoy una herramienta clave para responder a las barreras que limitan a las mujeres en la negociación de sus derechos sexuales y reproductivos, y una herramienta útil para disminuir brechas de inequidad entre mujeres y hombres.

Estado al debe

Actualmente el condón vaginal es el único método que las mujeres pueden controlar y que les proporciona una protección tanto para las ITS como para embarazos no planificados, pero su acceso sigue siendo muy restringido, pese a que gracias a la lucha que por años dieron las organizaciones de mujeres para que el condón femenino fuera parte de las políticas públicas de salud, éste fue incorporado en el Plan Nacional de VIH/SIDA del Programa de Prevención y Control de VIH/SIDA e ITS del Ministerio de Salud.

Como activista del VIH/SIDA en Chile y América Latina, Marcela Silva, explica que si bien el condón femenino está dentro del plan que publicó el Minsal, por lo que hay segmentos que lo reciben de forma gratuita, no llega a todas las mujeres. “La campaña siempre nació con la idea que fuera de acceso universal, por eso siento que hay poca voluntad de insertarlo en la política pública de prevención. Si bien el ministerio compró condones, a través del programa de VIH, no hay voluntad de hacer compras más globales para que todas las mujeres puedan acceder a ellos. Por otro lado, tampoco se hacen muchas campañas de difusión, las que existen las hacemos nosotras desde las organizaciones de la sociedad civil, pero no hay un compromiso desde el Estado de realizar una campaña de difusión masiva para el uso del condón”.

A esta dificultad se suma que el preservativo no está disponible en farmacias. “Si desde el mismo Estado no se preocupan de la prevención y de la autonomía de las mujeres, por más que tengamos ganas las organizaciones, no será posible avanzar en el tema de la prevención y del autocuidado, por falta de voluntad política de varios sectores, tanto público como privado”, sentencia.

Con esta visión concuerda Herminda, quien cree que “hay negación de incorporarlo a una política pública”, dado que el ministerio realizó compras insuficientes. “No sabemos si se va a transformar en una política pública que será para siempre, pues el Estado está al debe y no hay una respuesta clara. Se entregan los condones parcializados, no son consecuentes con lo que se dijo al inicio cuando se lanzó el programa de VIH; existe desconocimiento, las mismas profesionales de la salud no promueven el condón femenino. A veces ni en los centros de salud sexual donde se atienden las compañeras les informan que lo tienen, o les dicen pero si hay compañeras que no lo saben usar optan por no llevarlo. Ahí el personal tendrían que darse el tiempo de educar, contar qué garantías tiene, por ejemplo el FC2 que trabajamos nosotras es de nitrolio que no da alergia”.

La dirigente recuerda que la masificación del uso del preservativo tradicional requirió de esfuerzo. “Creo que hay que hacer un trabajo en las calles, universidades, en los barrios, como se hizo con el condón masculino, que también costó mucho que la gente se apropiara de él, que entendiera que era para prevenir. Hay que hacer mucha difusión en los medios de comunicación, en todas partes, en ferias ciudadanas donde podamos compartir el saber con otras mujeres de que el condón femenino es efectivo, hay que darlo a conocer porque cómo van a usar algo que no se conoce”.

Erika Montecinos, por su parte, enfatiza que en Chile el proceso ha sido dificultoso. “Hemos visto una resistencia real y palpable en las políticas públicas, realmente ha tardado demasiado en implementarse, pese a lo que al menos lo que nosotras tenemos como información es que sí se cuenta con material para repartir a la población, pero todo ha sido demasiado lento o se le quiere bajar el perfil. Han sido las organizaciones de derechos humanos de las mujeres, las organizaciones feministas, las que hemos peleado para poder masificar este producto y en general todavía hay mucha gente que lo desconoce”.

Agrega que, como suele ocurrir, han sido las propias mujeres las que tomaron la tarea de promover el condón femenino. “Las organizaciones de mujeres feministas han hecho un montón de difusión, sin embargo todavía sigue siendo desconocido, entonces lógicamente hay que interpelar al Gobierno, a las políticas públicas que implementa, donde una vez más se deja fuera la salud de las mujeres y en algo tan importante como es su salud sexual”.

Así, como cada año, este 16 de septiembre las organizaciones harán actividades de promoción del condón femenino, invitando a las mujeres a conocerlo y haciendo un llamado a las autoridades “a que estén más interesadas en que sea una política pública y que las mujeres puedan acceder a esta barrera preventiva”.