Está claro que el coronavirus nos desbarató la vida. Nada volvió a ser lo que era. Ni volverá a serlo, es lo más probable. Aprendimos a vivir de distinta forma. Al lado del riesgo y marcados por el encierro. Enfrentando un enemigo poderoso, desconocido e invisible. Todo es nuevo, incierto, peligroso y amenazante. Tratamos de adaptarnos. De, a tientas, recuperar nuestra normalidad pero prendemos la tele o escuchamos la radio y todo se vuelve  a desarmar. Y entretanto, en medio del encierro, hay que continuar –o tratar de hacerlo- con la vida cotidiana. Es decir, teletrabajar, preparar la comida, limpiar, lavar, comprar, ir a ver a los padres, escribirle a los amigos. Y tener sexo. ¿O no?

¿Es posible continuar con la rutina sexual? ¿Es posible tener  sexo en medio de esta nueva realidad? ¿Es posible reservarse un pedazo del día para esa intimidad tan grata y necesaria en nuestra vida?

Es la gran pregunta de hoy en día. De partida, quienes han resultado más afectados son quienes no tienen pareja puertas adentro.  La cuarentena, el aislamiento social, y todas esas disposiciones, tan novedosas como odiosas, han terminado con la dinámica de las parejas outdoors. O de aquellos que buscaban un corazoncito donde arrimarse.

¿Un affaire Tinder? Olvídelo!  ¿Una cita a ciegas? ¡Imposible! O usted está en una comuna en cuarentana o su match lo está… ¡O ambos! O el riesgo es muy alto. Como me relataba una mujer atractiva y cincuentona que se mueve con habitualidad por las redes sociales amorosas, no falta el galán que se ofrece –sin siquiera haberle visto la cara- a “cuidarla” durante las horas de toque de queda…

Los pololos sin convivencia son otros de los grupos damnificados. Inútil tratar de verse. Todos en cuarentena. Todos cuidándose, todos presionados por los familiares para no traer extraños a la casa. Y el pololo, y toda su carga detrás, lo son. “¡No se te ocurra traerlo!”, ordenan la madre y la abuela…

Queda la mejor alternativa. Las parejas  que viven juntas, sean pololos, novios o cónyuges. Intuyo a creer que es mejor el panorama para los primeros… Aunque los testimonios recogidos no me dan esa certeza. Como dice una venezolana avecindada en Chile “estoy fallando en ese tema, pero por mi culpa porque tengo muchas vainas en la cabeza… Mi pareja siempre quiere pero, generalmente, me siento agotada”. Añade que quizás “debido a la situación catastrófica que estamos viviendo, nos sentimos estresadas, preocupadas y con un alto desorden emocional, lo que ciertamente afecta nuestro apetito sexual y, por ende, la frecuencia y el disfrute del mismo…”.

Es que no es fácil. Quienes deben seguir trabajando físicamente –con el temor incesante de perder la pega a la vuelta de cualquier recodo-, deben enfrentar el estrés del traslado, de hacerle el quite al virus, de manejar las agresiones del entorno laboral, de los clientes, los pacientes o los colegas, del fascismo incipiente que empieza a emergeren cada chileno que se cree con un poco de autoridad. Recordemos a los habitantes del aquel edificio donde prohibieron a ¡los médicos! a usar el ascensor… Al llegar al hogar, se trae toda esa carga difícil de estibar o botar…

Sin embargo, también están aquellos que viven teletrabajo desde sus hogares y para quienes la vida ha sido más amable. Son mayormente quienes tienen un trabajo más estable y mejor remunerado y pueden disfrutar a su cónyuge y a sus hijos cerca, como nunca antes. Muchos de ellos han sentido la bendición del aumento de la libido porque están viviendo algo nunca antes imaginado. A pesar de la amenaza del fatídico virus, se sienten privilegiados. Como me relató un profesional joven, quien vive con su esposa y su hija de dos años, “el estrés igual existe pero no ha sido tan terrible y el hecho de estar más juntos y compartir, pero teniendo espacios propios, ha hecho que sea piola; claro, está nuestra hija y eso hace un poco más difícil la privacidad”. Pero, concluye, “raya para la suma: ha estado mejor”.

Tiendo a pensar que el ser humano, enfrentado a situaciones de crisis, a disyuntivas que lo ponen entre la vida y la muerte, se orienta a buscar el deleite, el placer. Se observó en la dictadura, cuando surgieron tantos amores torrenciales entre combatientes y “ayudistas”, que les dieron cobijo. Un periodo en el cual también nacieron muchos niños que hoy tiene más de 40 y que son hijos del Golpe de Estado y la persecución que este conllevó…

Hoy el drama del coronavirus puede resultar en algo similar. Como dicen muchos “memes”, o nos llenamos de embarazos o de divorcios. Pero creo que es más probable lo primero porque creo que el ser humano busca perpetuarse en estas situaciones. No quiere morir así tan ramplona y absurdamente.  De allí que tiendo a pensar que el sexo  no solo puede ser una vía para enfrentar el espanto emocional  que esto nos ha provocado, sino una forma de darle sentido a este sinsabor existencial tan inesperado y brutal. ¡Enhorabuena si es así!