Tohá: salir de la trinchera

 

A medida que se acerca el final de la campaña de primarias, es legítimo preguntarse qué está en juego. No sólo elegimos una candidatura presidencial, sino también una forma de entender la política, la responsabilidad pública y el tipo de país que aspiramos a construir desde la centroizquierda y el progresismo. Carolina Tohá representa, en este sentido, mucho más que un liderazgo: es la posibilidad real de una nueva etapa para Chile, donde los cambios vayan de la mano con la gobernabilidad, la cohesión y el entendimiento.

En tiempos de fragmentación y desconfianza institucional, hablar de un proyecto común puede parecer, en palabras de nuestra Gabriela Mistral, una mistificación política. Sin embargo, como bien plantea Susan Neiman en su libro La izquierda no es woke (2024), el desafío de la izquierda no es disolverse en identidades particulares, sino reconstruir un horizonte universalista, uno que permita articular demandas sociales diversas en torno a la justicia, la equidad y la solidaridad. La candidatura del Socialismo Democrático ha defendido precisamente esa visión: una izquierda democrática que no reniega del Estado, que asume la política como tarea colectiva, y que cree en la posibilidad de una sociedad más justa sin sacrificar el pluralismo ni la estabilidad.

Este compromiso se refleja en la trayectoria política de la candidata: desde su liderazgo en Santiago hasta su rol clave en el Ministerio del Interior, ha demostrado capacidad de diálogo, firmeza institucional y vocación de acuerdo. No es menor que haya sido una de las figuras articuladoras de la Ley de Presupuesto y del pacto fiscal, ni que en el complejo escenario del proceso constituyente haya defendido la salida institucional con convicción. Gobernar no es agitar consignas, sino tomar decisiones difíciles, convocar alianzas diversas y sostener un rumbo común en medio de la incertidumbre.

Sería injusto desconocer que el gobierno de Gabriel Boric ha impulsado reformas valientes y necesarias, como la Ley de 40 horas o el aumento del salario mínimo. El Frente Amplio abrió una nueva etapa política en Chile, recuperando el lenguaje de los derechos sociales, pero también es cierto que, al día de hoy, esa experiencia muestra signos de agotamiento. No por falta de convicciones, sino por su dificultad para traducir esas convicciones en una arquitectura de poder eficaz, estable y transversal.

Carolina Tohá en el gobierno del Presidente Boric fue una figura bisagra, una garante de diálogo que permitió sostener la gobernabilidad en momentos críticos. Y si hoy se levanta como alternativa presidencial, es precisamente porque puede ofrecer un proyecto que expanda aún más los márgenes logrados por el Frente Amplio.

Distinto es el caso de la candidatura de Jeanette Jara, que se presenta como una opción de centroizquierda, pero cuyas bases políticas y culturales no están situadas en esas coordenadas. El Partido Comunista ha sido un aliado importante del gobierno actual, pero también ha tensionado sus bordes, votando desacoplado en materia de seguridad, siendo poco flexible a la hora de negociar y adoptando posturas ambiguas frente a regímenes autoritarios como los de Cuba y Venezuela, lo cual debilita su vocación democrática y compromiso universal por los derechos humanos. ¿Cómo se propone transformar Chile sin un mínimo de estabilidad y de pacto transversal? Una izquierda que renuncia a gobernar con otros termina por ser estéticamente radical pero éticamente estéril.

La candidatura del Socialismo Democrático plantea gobernar Chile en un escenario regional y mundial cambiante desde una izquierda con convicciones, sí, pero también con capacidad de escucha. Desde una ética pública que no evita el conflicto, pero que no se pierde en la política de trincheras.

No se trata de volver a la política de los consensos como una parálisis. En un momento donde la derecha radical crece al calor del miedo, necesitamos una alternativa progresista que tenga claridad de propósito y responsabilidad de medios. Apoyar a Carolina Tohá es apostar por una centroizquierda que no se disuelve en la nostalgia del pasado ni en el maximalismo. Es optar por una política con ética y un proyecto de país que ofrece cambios y certezas.

Este domingo no votamos sólo por una candidatura, sino por una forma de hacer política. Por la posibilidad de volver a encontrarnos en lo común, de abrir caminos en vez de levantar muros, y de construir un Chile donde quepamos todas y todos.