
Andrés Aylwin Correa (42 años) es la carta socialista para la elección complementaria de un nuevo Consejero Nacional en el Colegio de Periodistas de Chile.
Andrés proviene de una larga lista de familiares que, de una u otra manera, han contribuido al destino de nuestro país. Durante su juventud -debido a conversaciones con su abuelo, el abogado de DD.HH. Andrés Aylwin Azócar- quedó profundamente impresionado por el impacto que tuvo el rol del periodismo durante la dictadura y lo fundamental que es para una democracia la libertad de expresión, el pluralismo informativo, la diversidad editorial, el Derecho a la Información y a la Comunicación
Su trayectoria laboral ha estado fuertemente marcada por la dimensión social de las comunicaciones, desempeñándose en colegios, fundaciones, organizaciones políticas e instituciones vinculadas al área de la salud mental.
.Así, es un convencido de que en el trabajo de los y las periodistas se juega no solo el acceso a la información, sino la posibilidad de que las personas, sin perjuicio de su condición socioeconómica, decidan el tipo de sociedad que quieren construir.
-¿Qué recuerdos tiene de su abuelo?
-Varios, pero se me vienen a la memoria sus cuestionamientos a la prensa conservadora y tradicional durante la dictadura civil y militar de Pinochet, era bien duro, pero también el gran respeto que sentía por aquellos periodistas que se jugaron la vida en esos tiempos oscuros. Hay un discurso que dio justamente en el Colegio de Periodistas en donde se pregunta cómo hubiese sido la dictadura de haber existido la libertad de prensa. ¿Hubiesen sido tantos los muertos, las torturas, los desaparecidos?
Recuerdo también que solía lamentarse de que tras el regreso a la democracia no se haya respaldado justamente a esos medios que se la jugaron y que producto de esto tengamos la gran concentración en la propiedad de los medios de comunicación que tenemos hoy en día.
-¿Qué piensa del estado actual de nuestra profesión?
-Que no está fácil ejercer la profesión hoy en día. Hay mucho desempleo en el sector y mucho abuso también, porque el periodista de hoy debe ser multifuncional, debe ser un productor y editor de videos, experto marketing y en redes sociales, etc., y si no lo hace no sirve. Y con un sueldo bajo, además.
Por otra parte, en este complejo escenario, me preocupa el ejercicio, digámoslo así, ilegal de la profesión. Ahora cualquiera se cree periodista. La formación del periodismo en las aulas es clave, no tengo nada en contra de que las personas puedan entregar información y opinar desde sus redes personales, pero hay que saber sopesar las fuentes, verificar la información y sobre todo tener claro que el principal objetivo es informar y no una competencia de “likes”, y eso no lo sabe hacer cualquiera, por algo los periodistas estudian. Y es una formación que no solo tiene que ver con lo técnico, por decirlo de alguna manera, si no que también incluye una formación ética.
Creo que el año pasado los tribunales de justicia dieron una buena señal en el caso del despido injustificado de Paulina de Allende-Salazar, porque no solo establece una indemnización en dinero, sino que también que ejecutivos y periodistas deben asistir a clases de ética y crear nuevos protocolos. Ahora, ¿Quién debe realizar dichas clases, o designar a los profesores? El Colegio de Periodistas. Y esto no es menor, porque lo que hacen los tribunales es reconocer al Colegio como una autoridad en la materia y lo validan como un actor relevante en la discusión pública.
¿Y respecto de la libertad de expresión y el derecho a la información?
También es fundamental respetar el secreto profesional para con las fuentes, es un error peligroso situar la responsabilidad en el periodista que publica una filtración en vez de en quien la filtra, que fue algo que tomó fuerza a raíz de filtraciones de procesos judiciales antes de que la carpeta investigativa fuera pública.
Sobre la denominada “ley mordaza”…
Lo bueno es que hubo un rechazo bastante transversal y no solo de parte de los periodistas. Claramente afecta la libertad de expresión.
Otra cosa que me preocupa son, justamente, los potenciales límites a la libertad de expresión y de prensa en la administración del gobierno que acaba de asumir, han hecho declaraciones bien desafortunadas en el pasado. Además de que, durante la campaña, al menos, no le hicieron el asco a las fake news y muchas veces entregaban datos sesgados o derechamente falsos. Por eso, creo que tendremos que estar muy atentos como gremio.
-¿Qué piensa de la inteligencia artificial? ¿Está en peligro nuestra profesión?
-Es un tema complejo, pero a la vez debatible. Creo que ningún ser humano puede ser reemplazado por esta nueva tecnología; sin embargo, pienso que es un tema a discutir al interior del Colegio de Periodistas. Quizá el próximo Congreso del Colegio de Periodistas debería abordarlo profundamente y no quedarnos dormidos en nuestros laureles. Ese es mi llamado y mi compromiso.
Y como socialista, siempre me emociona una historia vinculada con el PS y en el que también la prensa jugó un rol importante, creo que fue el 91. Resulta que el Ministro de Justicia de la época, Francisco Cumplido estaba impulsando varias iniciativas legislativas y una de ellas era un acuerdo marco sobre los presos políticos y los violadores de derechos humanos. Se establecían rebajas en las penas, pero el problema era que se utilizaba una fórmula que finalmente favorecía más a los violadores de derechos humanos que a los presos. Y el tema es que el acuerdo lo mantuvieron en secreto, se lo ocultaron a mi abuelo, pero también a toda la opinión pública, lo cual es bien increíble.
Mi abuelo se enteró por una casualidad y, tras hablar con su hermano Patricio, este le pidió que hiciera gestiones a nivel de partidos puesto que si no le sería muy difícil “remar contra la corriente”. Cuento corto, se juntó con Clodomiro Almeyda, quien le dijo que era indispensable que pudiese explicar esto en una Comisión Política del partido y que, tras hacerlo, y luego de una deliberación de no más de 10 minutos, el PS decide rechazar en bloque en el parlamento. Obviamente, fue fundamental para que no se aprobara. Y lo otro que fue fundamental fue entregar la información a la prensa, que existiese un espacio para denunciar lo que pasaba, que la gente supiera lo que estaba ocurriendo y se generara indignación.





