lunes, junio 8, 2026
Inicio Destacado China, Taiwán y Paraguay

China, Taiwán y Paraguay

*Publicación original en Aula Blog del Center for Latin American & Latino Studies de la American University (Washington DC, EEUU).

Imagen: BBC News (https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-65370520)

 

La advertencia de Xi Jinping de que «la cuestión de Taiwán es el asunto más importante en las relaciones entre China y Estados Unidos» pasará a la historia. Sin embargo, para el gobierno de Paraguay, las declaraciones posteriores de Donald Trump sobre el tema podrían resultar aún más inquietantes. En un tono mesurado, el presidente estadounidense reconoció que Xi «tiene una opinión muy firme y no desea ver un movimiento independentista», y añadió que él tampoco «tiene intención de que nadie declare la independencia». Además, no aclaró si autorizaría o no una nueva venta de armas a Taiwán.

Aunque estas declaraciones fueron solo algunas de las muchas realizadas por los jefes de Estado de China y Estados Unidos en su reciente cumbre, Santiago Peña y su canciller, Rubén Ramírez Lezcano, probablemente se detuvieron un momento para reconsiderar la postura de Paraguay respecto a Taiwán. ¿Deberían, tal vez, revisar su estrecha relación con Taipéi ante un posible cambio en la geopolítica mundial? Paraguay pertenece al reducido grupo de 12 países que aún reconocen a Taiwán; junto con Guatemala, es uno de los dos únicos países de habla hispana que lo hacen.

Las dudas a las que aludimos no se refieren al progreso de los acuerdos de cooperación y las relaciones comerciales con Taiwán. Ambos avanzan favorablemente. Se trata de asuntos relacionados con la cooperación técnica, el acceso a los mercados y la financiación de infraestructuras. Durante la administración de Santiago Peña, este tipo de cooperación con Taiwán se ha fortalecido significativamente, un progreso que culminó durante la reciente visita del presidente a la isla en mayo de 2026. A su regreso, anunció un acuerdo para un proyecto masivo de centro de datos de IA, aunque su viabilidad aún está por evaluarse.

Lo que bien pudo haber generado incertidumbre en el gobierno paraguayo es la aparente complacencia de Trump ante las advertencias de Xi Jinping. Tal actitud por parte del presidente estadounidense indicaría un alejamiento de la postura más firme de los halcones de la política exterior estadounidense y obligaría al Ministerio de Relaciones Exteriores paraguayo a replantearse su estrategia, en particular la de presentar los lazos con Taiwán como prueba de su firme rechazo a la influencia china en América Latina para congraciarse con la administración Trump. Nada está decidido aún, pero esta posibilidad se está incorporando cada vez más a sus deliberaciones.

La gestión de las relaciones con Taiwán forma parte del esfuerzo —a nuestro juicio, excesivo— del gobierno de Santiago Peña por acercarse a la administración Trump y alinearse con el Departamento de Estado, encabezado por Marco Rubio. En este sentido, Paraguay ha respaldado la intervención militar estadounidense en Venezuela e Irán, se ha declarado aliado incondicional de Israel y ha apoyado el Corolario Trump a la Doctrina Monroe. Además, junto con Argentina, es el único otro país latinoamericano que integra la Junta de Paz de Trump. A esto se suma su entusiasta participación en la cumbre Escudo de las Américas, celebrada en Miami en marzo de este año.

También se han realizado demostraciones de alineación a través de medidas de cooperación y colaboración en materia de migración, seguridad y lucha contra el narcotráfico. El gobierno de Peña ha cooperado con Estados Unidos en el ámbito migratorio, incluyendo la disposición a funcionar como “tercer país” para procesar solicitudes de asilo para Estados Unidos. Asimismo, respaldó un memorándum para facilitar el retorno de los migrantes a quienes se les negó la admisión en territorio estadounidense a sus países de origen “con la asistencia” de Paraguay.

En materia de seguridad, Peña anunció la designación del Cartel de los Soles, el Comando Vermelho y el Primeiro Comando da Capital como organizaciones terroristas, en consonancia con la narrativa estadounidense sobre el crimen organizado transnacional y sus vínculos con redes estatales en la región. Simultáneamente, Paraguay firmó un Acuerdo sobre el Estatuto de las Fuerzas con Estados Unidos, un instrumento jurídico que regula el estatus de las tropas extranjeras, incluyendo su entrada, jurisdicción penal, tributación, inmunidades y protocolos operacionales. En la práctica, estos acuerdos suelen facilitar el despliegue de tropas, los ejercicios militares y la cooperación en materia de defensa; sin embargo, también pueden generar debates internos sobre el alcance de la inmunidad del personal extranjero, la extensión de la supervisión del Estado anfitrión y las tensiones que podrían provocar con países vecinos, como Brasil.

Esta alineación ha llevado a que Paraguay sea considerado un aliado confiable de Estados Unidos, y las medidas adoptadas se presentan como una reafirmación de la alianza histórica entre ambos países. Hoy, esa relación se expresa dentro de un nuevo marco de cooperación, en el que la seguridad y la lucha contra el terrorismo ocupan un lugar central.

Sin embargo, los beneficios concretos para Paraguay no han sido particularmente visibles. Al parecer, Paraguay está cediendo mucho más de lo que Estados Unidos está ofreciendo. En consecuencia, la opinión generalizada en diversos ámbitos es que este ha sido un precio demasiado alto a pagar por el levantamiento de las sanciones —impuestas por el Departamento del Tesoro durante la administración Biden— contra las empresas propiedad de Horacio Cartes, expresidente y actual líder del partido gobernante.

Esta es también la razón por la que surgen preocupaciones respecto al alcance de la política exterior actual. Si se observan las medidas adoptadas, parece surgir un patrón: una visión cortoplacista y la ausencia de una política estatal coherente. Santiago Peña se ha comprometido con una administración estadounidense que podría no perdurar en su forma actual tras las elecciones de medio término de noviembre de 2026. La popularidad del presidente Trump está en declive; los demócratas están ganando terreno. La decisión de alinearse con Estados Unidos, incluso en violación del derecho internacional, ignora el hecho de que los pequeños Estados deben respetar las protecciones que dicho derecho les otorga en lo que respecta a la defensa de su soberanía. Forjar una alianza tan estrecha con Israel y con los elementos más radicales del gobierno de Netanyahu ha aislado a Paraguay de la comunidad internacional. Finalmente, combinar todo esto con la adopción de una retórica de extrema derecha puede generar beneficios a corto plazo; sin embargo, una vez que concluya ese ciclo político —como sucedió en Hungría— la decepción resultante podría ser profunda.

 

*Publicación original en Aula Blog del Center for Latin American & Latino Studies de la American University (Washington DC, EEUU).