Más allá de ciertos hitos, anécdotas y consiguientes lugares comunes, el último superclásico fue fiel reflejo de la irregularidad que reina en nuestro fútbol.

Respecto del resultado del reciente superclásico entre Colo Colo y Universidad de Chile, con triunfo del elenco albo 3 a 2, son relevantes el récord goleador de Esteban Paredes y lo determinante que pudiese ser en las jornadas venideras el resultado aludido, sobre todo si se tiene en la mira la permanencia de la escuadra azul en la división de honor de nuestro fútbol profesional o, en su defecto, la pérdida de la categoría. Pero un análisis serio no puede detenerse sólo en esos aspectos, por muy relevantes que hayan sido (o continúen siendo). Creo que el derbi jugado el sábado 5 de octubre es un resumen del estado actual del devaluado balompié nacional.

Aunque suene contradictorio porque busco dejarlo en segundo plano, comenzaré con el concepto que puse en la bajada: lo anecdótico. Hubo par de situaciones que me llamaron poderosamente la atención en relación al partido entre los dos clubes más populares del país. Un par de horas antes del clásico vi a Sergio Navarro, sentado justo frente al acceso de un supermercado. Navarro, hoy de 83 años, fue una de las grandes figuras del “Ballet Azul” de la “U”, de los años 60; capitán de la selección y mundialista en el 62. Por cierto, como hincha azul y ex gloria del historial del club universitario, sólo algunos días atrás manifestó para el sitio Red Gol que era difícil que el equipo de sus amores ganara el pleito venidero en Pedreros, que Colo Colo cuenta con un contingente de jugadores de calidad que, aunque son veteranos, podían desnivelar el juego a su favor en su propio reducto y que – ya más en la mirada general- la “U” debía apelar a la garra y al corazón si quería salvarse del descenso.

Cuando vi a este histórico emblema de Universidad de Chile sentado frente al supermercado, con alguna cara de incertidumbre (quizás por lo que iba a pasar un par de horas después en el Monumental) quise acercarme para preguntarle más cosas acerca de cómo veía el porvenir del club del cual es seguidor. No obstante, dado que debía efectuar unas compras en el local referido y luego ir a otro lado, simplemente decliné hacer lo que me había propuesto… Además, finalmente el tiempo me reveló que no iba a ser necesario. En efecto, dos horas después se cumplió su pronóstico: el elenco adiestrado por Hernán Caputto jugó bien pero perdió en el último minuto de descuento (de ahí el título del presente artículo) y los veteranos de Colo Colo, sobre todo Esteban Paredes, fueron fundamentales en los 45 minutos finales.

El otro hecho anecdótico ocurrió en el entretiempo del mismo partido. Colo Colo perdía 1 a 0 ante la “U”, no hizo un buen primer tiempo y, su entrenador, Mario Salas, era ruidosamente abucheado y encarado por los hinchas de la escuadra popular, críticos no sólo del desempeño de su equipo sino por las decisiones de su técnico. Pero bastó que para la etapa complementaria hiciera el cambio clave. Ingresado Jaime Valdés por Provoste, el “Pajarito” contribuyó en una mayor soltura en el juego del local, el volante mixto se asoció eficazmente con otros veteranos gravitantes: Paredes, Mouche y Barroso, y el joven Gabriel Suazo, y así Colo Colo logró dar vuelta un partido que, con el gol de penal de Gonzalo Espinoza, se le había puesto muy cuesta arriba. Síntesis: no sé si Salas acudió a su propia idea o hizo caso al clamor popular (con la entrada de Valdés, pedido a rabiar por el público), pero logró finalmente el resultado deseado y aplacar notoriamente las críticas en su contra.

A desazones y algarabías

Los medios especializados han bombardeado de información sobre ciertos aspectos ineludibles del clásico del sábado que, a esta altura, son lugares comunes: los 216 goles de Paredes que lo transforman en el máximo goleador de la historia de la Primera División en Chile (superó al recordado Francisco “Chamaco” Valdés), quien está cerca de superar a Carlos Campos (el otro “Tanque”, el de la “U”) como máximo anotador en el clásico mayor y a Carlos Caszely y al mismo “Chamaco” como máximo scorer de Colo Colo; los 18 años de los azules sin ganar en Pedreros y su posibilidad de descender, etcétera. Evidentemente no ahondaré al respecto. Hay material de sobra en Internet. Sería un despilfarro de energía total, una ridiculez. No obstante, sólo añadiré que Paredes, por el bien del fútbol chileno (recordemos que, además de Colo Colo, jugó en Chile por Santiago Morning, Puerto Montt, Cobreloa y Universidad de Concepción), tiene bien merecida la categoría de leyenda con letras doradas.

Sí me detendré en un tema asociado, cuya clave lo dan los aspectos anecdóticos ya mencionados a través de las palabras de Sergio Navarro y los errores y aciertos de Mario Salas. Obviamente se trata de algo que la desazón azul y la algarabía alba esconden: el bajo rendimiento de los dos equipos protagonistas del clásico mayor del “deporte rey” en nuestro país.

En el caso de la “U” ya expuse semanas atrás mi punto de vista sobre su crisis futbolística, que no se ha superado. No hay duda que la falta de un proyecto deportivo inspirado en los períodos de mayor gloria del club (años 60, 1994-1996, 1999-2000 y 2010-2012) pesó en el escenario actual del club, al igual que cierto relajo, desorden y carencia de visión. El proyecto de los directores Sergio Vargas y Rodrigo Goldberg (jugadores históricos del club) recoge el espíritu de los momentos rutilantes de la institución, pero deberá tener más tiempo para madurar. En relación a lo más reciente, los cambios continuos de entrenadores en menos de un año (Arias por Kudelka y Caputto por Arias) y las desavenencias entre la dirigencia mayor y los cuerpos técnicos han repercutido fuertemente en un plantel ya anímicamente muy golpeado desde principios de años. No obstante con el actual entrenador, Hernán Caputto, el team del chuncho ha sostenido una interesante mejoría en su juego, todavía es insuficiente para concretar resultados óptimos. ¿Descenso o permanencia?. Sólo una clave: si la “U” juega como le jugó a la UC en el último clásico universitario o como a Colo Colo en el primer lapso del reciente sábado 5, claramente no debiese descender. Si esto llegase a ocurrir sería nefasto para el nivel de nuestra competencia local. Al respecto, existe bastante unanimidad no sólo en el mundo del fútbol sino que entre los seguidores más sensatos de la disciplina (no caben en esta última categoría violentistas ni termocéfalos). La pérdida de competitividad del principal torneo en ejercicio (a diferencia de la Copa Chile, que tiene un perfil de torneo casi alternativo, de devenir levemente azaroso) no aguanta más puntos débiles. Esta irregularidad lo refleja la enorme ventaja de un sólido puntero, Universidad Católica, por sobre el segundo, Colo Colo: 14 puntos.

¿Colo Colo?. La “alegría volcánica” (al decir del “Trovador del gol”) del triunfo de hace algunos días y el gol de Paredes (ambas entendibles, sin duda), dejaron en un segundo plano el discreto juego del equipo popular. Dudo mucho que jugadores históricos de la talla de Hugo Lepe, Humberto Cruz, Rafael González, Leonel Herrera padre, Lizardo Garrido, Fernando Astengo, Miguel Ramírez o Juan Carlos González hubiesen cometido alguna vez una acción tan ingenua como la mano de Rossi que causó el cobro del penal que le dio la ventaja a la “U” en los primeros minutos del lapso inicial del ya citado pleito. Tampoco recuerdo en alguna formación ochentera u otras de tiempos de Jozic, Benítez o Borghi una desconcentración tan grosera como la que provocó el gol de Henríquez. En lo funcional la escuadra del cacique está lejos de pasar grandes zozobras en el plano local pero está lejos de ser un equipo galano, que llene la vista y que cause admiración por su sentido colectivo. A aquello se añade la citada fragilidad en el bloque posterior, traducida en errores absurdos (nada forzados) o desatenciones. Por si fuera poco, en el clásico del día 5 los albos abusaron del pelotazo o la búsqueda afanosa del claro para dejarle la iniciativa a Paredes o, incluso, la pelota en bandeja al goleador (quizás ansiosos por concretar el hito que, igualmente, tuvo lugar ese día) para que anotara. Esto evidentemente resto fuerza a uno de los aspectos que los entrenadores más buscan en el fútbol de la reciente década: la contundencia en tanto equipo corto y asociado.

En resumen, tras el minuto 94, sólo queda la sensación que Navarro tenía razón y que Salas, por clamor popular, transformó un incendio en fiesta. ¿Lo demás? Está por verse.