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A propósito del programa del 47

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En el marco de la Convocatoria a la Conferencia Programática del Partido Socialista, el Programa de 1947 será una referencia obligada en los debates, a pesar que el texto cumple el próximo año ocho décadas. Aunque no es el único documento del socialismo con ese carácter, su trascendencia es indudable. Lamentablemente, también lo es el desconocimiento de sus contenidos e historia. En estas líneas entregaremos algunos datos de su contexto, contenidos y valoración posterior.

Como recordaba Raúl Ampuero a principios de los años noventa, el XI Congreso (octubre de 1946) convocó a una Conferencia de Programa para el año siguiente; así el Programa fue aprobado en noviembre del 47 y difundido en 1948. El documento está dividido en dos partes: la primera y más conocida, es la Fundamentación Teórica, y la segunda, las Directivas Programáticas. La parte teórica fue responsabilidad del, en ese entonces, profesor del Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, Eugenio González Rojas. Las medidas específicas, fueron producto de un trabajo colectivo de especialistas y profesionales del Partido.

Eugenio González en los años veinte fue un dirigente universitario de perfil anarquista, lo que, en el marco de la lucha contra la dictadura de Carlos Ibáñez, le valió en 1930 ser relegado al archipiélago de  Juan Fernández. Durante la república socialista de junio de 1932 González fue designado Ministro de Educación, y formó parte también de los fundadores del PS. Posteriormente fue secretario general del Partido entre 1948 y 1950, senador por Santiago (1949-1957) y rector de la Universidad de Chile (1963 a 1968).

El contexto global del Programa esta signado, por un lado, por la creación de la ONU, y por el otro, el inicio de la Guerra Fría. En Europa se inicia la reconstrucción y las bases del “estado de bienestar”. En la Unión Soviética, José Stalin consolidaba su poder dictatorial y una versión dogmática del marxismo. Atrás, quedaba la II Guerra Mundial, la Guerra Civil Española y la primera gran crisis del capitalismo global del siglo XX, la de 1929. En nuestra región, los EE.UU. desplegaban una política imperial a través de instrumentos como la creación del TIAR (1947) y la OEA (1948).

En lo nacional, Gabriel González Videla incluía por primera vez a los comunistas en un gabinete, y un tiempo después promulgaba la “Ley Maldita” que los ilegalizaba. Por su parte, el Partido Socialista se encontraba fracturado: en un sector que se oponían al gobierno, los “recuperacionistas”, y los que lo respaldaban, los “colaboracionistas”. En el primer sector se encontraba el grueso de la dirigencia; en especial un contingente de jóvenes de la segunda generación partidaria, encabezada por Ampuero, quien tenía 28 años al ser elegido Secretario General (1946) e intelectuales como Eugenio González de 29.

Como se ha señalado, existe una continuidad ideológica entre la Declaración de Principios de 1933 (publicada el 34) y el documento del 47. El Programa del 47 establecen en la época un camino propio al interior de la izquierda marxista internacional, ubicando a los trabajadores y sus organizaciones en el centro de la construcción del socialismo, criticando con lucidez el capitalismo de Estado que se ofrecía como modelo, encarnado en esos años en la Unión Soviética de Stalin.

El Programa, cuyo encabezado es “por una democracia de trabajadores”, parte destacando el rol del socialismo en la historia moderna y la valoración del marxismo como “método fecundo de interpretación sociológica”. Señala que la doctrina socialista no sería “un conjunto de dogmas estáticos”. Visualiza al capitalismo en un proceso de quiebre. Como hemos dicho, la revolución rusa es interpretada como una regresión y se define al socialismo como “en su esencia, humanismo”. Después se pasa a examinar el vínculo entre la planificación y la libertad, así como la relación crítica entre el socialismo y el Estado.

En el siguiente punto se establece el nexo entre socialismo y la clase trabajadora, resaltando que el concepto de clase trabajadora no se circunscribe a los sectores urbanos del proletariado industrial . Esta es definida como aquella que obtiene sus medios de subsistencia en forma de sueldos, salarios o remuneraciones directas, o sea quienes “no son poseedores de instrumentos de producción de riqueza material”.

En el plano internacional, se subraya la impronta latinoamericanista, tan propia del PS, y se postula que el continente pase de ser una expresión geográfica, a una realidad política, garantía de una verdadera independencia nacional.

La segunda parte del Programa, y la más desconocida, las Directivas Programáticas, incluyen lineamientos respecto al desarrollo de las fuerzas productivas; la nacionalización de las riquezas básicas; la reforma agraria y la racionalización de la agricultura; la nacionalización del comercio, seguros y bancas; la reforma de la organización tributaria y administrativa; una política de mejoramiento de las condiciones de los trabajadores, y una reforma integral de la educación pública. Concluye el documento con una extensa y detallada lista de propuestas en el plano de una Política Industrial y Minera.

En las próximas décadas las propuestas desarrolladas en las Directivas fueron parte de las medidas impulsadas en los programas del conjunto de la izquierda, como la nacionalización de las riquezas básicas (salitre, cobre y hierro), la nacionalización de la banca o la reforma agraria. Como se recordará, las principales de estas iniciativas formaron parte del Programa de la Unidad Popular.

El Programa tendió a perder relevancia a mediados de la década del 60, retomando su centralidad en la década de los 80 y particularmente desde la unificación de 1990. En los primeros años de esta última década se difundió en aniversarios del Partido (los 90 años) o en Congresos, como el XXIX, de mayo del 2011. En fin, el Programa de 1947 es a todas luces el escrito doctrinario más importante en la historia del socialismo chileno.