Estamos llegando a un momento en el cual se puede ya hablar de efectos más amplios que el mantra de los treinta años.

Uno podría decir hoy que los anhelos y demandas no caben dentro de la institucionalidad. Los estallidos visibles e invisibles han logrado una toma masiva de conciencia que trasciende las maneras y métodos de abordar lo que se pide. Ya no se puede.

En ambos extremos y en ambos centros, pues hay varios de todos ellos, se puede observar estupor, desagrado, odiosidad, templanza, buena fe, sano espíritu colaborativo, etc.

Lo de fondo, lo que inquieta, es qué harán los detentadores de tales emociones, con ellas. Con qué instrumental conceptual y orgánico tratarán de darles concreción y existencia durable. Todo eso se está creando en la Convención Constituyente. Una institucionalidad donde quepan sueños y esperanzas de todo tipo.

El drama lo viven aquellos que desean meter al genio de nuevo en su lámpara. Se les salió y buscan cómo sujetarlo desde la debilidad, sin un instrumental válido para ello. Peor aún, sin darse cuenta que durante años estuvieron frotando el bronce sin imaginar lo que sucedería o confiando en que no ocurriera lo peor y que de ocurrir podrían dominarlo.

Se puede imaginar el estupor de aquellos que tendrán que negociar lo que desean, acostumbrados a mandar o a jugar con cartas marcadas o, mejor aún, acondicionando las reglas del juego.

Las instituciones, estructuras, modos y maneras han sido diseñados para otros sueños y otras demandas. Destinadas a no evolucionar, a congelar en el espacio las rutas de la acumulación, del acopio, unidireccionales, dimensionadas de modo prolijo, forradas por normas y reglamentos insustituibles.

Ese andamiaje está en vías de restructuración. Cambiarán las partituras, los instrumentos y los ejecutantes y nadie sabe aún cómo sonará. Hay varios aspirantes a directores y directoras, tratando de entrar en lenguajes apropiados, posturas aceptables, giros inesperados, en una obra que podría llamarse Seduciendo al Genio sin saber con claridad cómo se hace. Lo que sí tienen claro estos postulantes, es que no se debe repetir lo que hubo, ni las propuestas, ni el lenguaje, ni los vínculos, llegando a extremos patéticos de trasvestismo y transexualidad. Hay que empaquetar de otra manera, cambiar el estampado de los envoltorios para ocultar que por debajo espera el mismo regalo de siempre, en algunos casos. En otros, las ofertas son amplias, abarcadoras, expandidas hasta alcanzar lo inasible sin mostrar el cómo y el dónde. Pura aspiración, pura ansiedad por ofrecer lo que se cree se está esperando.

Aún no se sabe cómo deben ser los marcos, las rutas, los espacios, las coordenadas en donde quepan tantas ansiedades. Se va construyendo dolorosamente. Por las pérdidas para algunos, la velocidad para otros, el calado y la amplitud para muchos. Pero se construye.

Surge una curiosidad inmensa por saber cómo viviremos, cuánta animosidad o cuánta armonía podremos alcanzar o sufrir. El tamaño y el alcance de las venganzas, cuánto durará el estruendo de las victorias, si este sendero que ojala sea carretera, nos llevará a ese Chile que todos predican, a que esas palabras repetidas hasta el hartazgo se haga realidad.