El gobierno salió en pleno y de inmediato a contestar la cuenta pública de Yasna Provoste. No esperaron ni siquiera que terminara sus palabras. La presidenta del Senado tuvo que encarar a Piñera, que hablaba a sus espaldas. No lo dejó pasar, como corresponde hacer con un mal educado en un acto republicano.

El gobierno ha señalado que esta cuenta tiene más el tono de un discurso presidencial de campaña que de otra cosa. Lo cierto es que está centrado en aquello que se ha hecho y en lo que queda por hacer en los próximos meses.

La administración Piñera, más bien inerme ante los acontecimientos, es impelida a gobernar hasta el último día en una apretada agenda exigente y necesaria.

Entre las tareas principales se encuentra la reforma de Carabineros; la reforma al Código de Aguas; el fortalecimiento de los gobiernos regionales, dotándolos de autonomía financiera y mayores atribuciones; enfrentar la postergación del pago de cuentas de servicios básicos, ampliando la vigencia de una ley ya aprobada, y legislar sobre indulto general por razones humanitarias.

Dos propuestas se hacen a Piñera ofreciendo respaldo y cooperación: crear una Comisión de Verdad y de Reparación para las víctimas de la acción policial y la petición de atender los resultados que la Comisión de Educación emitirá, tras un diálogo político y social amplio, para asumir los efectos de la pandemia y permitir recuperar la educación desde los próximos meses hasta mediano y largo plazo.

El corazón de la cuenta corresponde a lo realizado en la “agenda de los mínimos comunes” y en lo que queda por hacer al respecto. La agenda hizo posible concordar medidas que posibilitaron el auxilio oportuno en tiempo de pandemia. Lo que se propuso fue una Renta Básica Universal, que seguirá siendo una guía hasta lograr “un umbral mínimo de protección garantizada”.

Falta conseguir aún el diseño de una gobernanza sanitaria para la transición que se avecina y el financiamiento de la reconstrucción económica y productiva que se exprese en el Presupuesto. La continuidad de propósitos es impecable.

Como ya es costumbre, al gobierno se le dijo en su cara lo que se pensaba de su desempeño: una mala administración que enfrentó la crisis sanitaria con desconfianza en las personas; que nunca supo dialogar con el Congreso; que llamó a aprobar proyectos que no habían presentado; con una brecha amplia entre lo que prometía y la letra de sus iniciativas. Con todo, su peor herencia sigue siendo la impunidad en la violación de derechos humanos y una acrecentada debilidad institucional y política.

Hoy Provoste dará a conocer su decisión sobre la candidatura presidencial. De seguro hablará claro, está vez, a los más cercanos. Probablemente dé continuidad al enfoque que entregó en su cuenta pública. Ha mostrado un sistema político, con una elite ensimismada, voluntad política agotada y fatiga institucional. El resultado en la parálisis de la acción urgente del Estado.

“Todo parece estar reconfigurándose de nuevo”, en manos de un pueblo golpeado por la tragedia, pero que cree en su destino. Ante esto, propone la “unidad política y social de las fuerzas transformadoras” para sustentar políticas públicas centradas en la colaboración y la solidaridad. Claro, es mejor escucharla hoy.