Hay veces en que se tienen razones para distanciarse y otras en que se buscan excusas para seguir manteniendo las diferencias. Es lo que hoy ocurre en la tensa relación entre el PC y el FA, cuyas discrepancias se hacen evidentes, entre otras cosas, porque se las ha cultivado tras los resultados de las primarias.

Una buena convivencia se relaciona con la expresión parlamentaria que logren los partidos de izquierda. Una lista separada sería una señal más fuerte que la posible unidad ya comprometida en la campaña presidencial.

No se debe olvidar que los partidos de izquierda son muchos y su sobrevivencia requiere cupos y, posteriormente, un número mínimo de diputados electos para mantenerse como organización legalmente reconocida. Eso hace difícil cualquier intento de expresar conglomerado en una sola lista.

Como los partidos pequeños necesitan más cupos que los que se justifican por su peso electoral, lo que se pide es que las tiendas políticas más grandes aporten parte de los cupos que naturalmente pudieran llevar. Habiendo aumentado su representación, el PC no tiene incentivo ninguno para ceder espacios. Lo que queda es que el FA pague el precio de mantener la unidad, puesto que tiene un candidato presidencial que potenciar, lo que le parece un contrasentido. Y, así, la negociación gira siempre en torno a los mismos puntos.

Todo depende de la voluntad de un actor en particular, que es el que pone las exigencias más altas. En este caso, este papel lo está jugando el PC, que ha subido la vara a cambio de mantener integrado el sector.

Un flanco importante va a ser el programático, una verdadera prueba sobre quién está imponiendo sus condiciones. El partido que preside Teillier, y que dirige Carmona, ha defendido la idea de “mínimos programáticos inamovibles”.

Las diferencias reales se cubren también con razones que se justifican asignándole mayor responsabilidad al vecino en la mantención de las dificultades para alcanzar acuerdos. Esto se ha expresado bien en las disputas que han enfrentado al PC y al FA en la Constituyente.

En la Convención el PC y el FA no actúan como bloques coordinados, se topan siempre con una divergencia en los objetivos buscados. El PC trabaja más cerca a la Lista del Pueblo y el FA con el PS y otros, en coincidencia con sus respectivas estrategias presidenciales: transversalidad versus radicalidad. Y se puede decir que estas estrategias disímiles y encontradas siguen igual de vigentes que en las primarias.

Apruebo Dignidad es un actor que tiene candidato presidencial, requiere de un acuerdo programático y quiere tener un acuerdo electoral, aun existiendo pocos espacios y muchos interesados. Esto se resuelve si de pacto electoral pasan a coalición política, algo que no lo entrega sólo el nombre, sino el comportamiento que privilegia los puntos en común.

Pero esta última es una tarea por cumplir y no un acuerdo por ratificar. Agruparte en contra de otros no es lo mismo que congregarse en pos de un candidato que actúe como líder del conjunto. Este es un sector al que se le dan bien las elecciones, pero al que le cuesta alcanzar acuerdos.