viernes, junio 5, 2026
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¿Cómo amanecemos mañana?

Imagen: Pexels

 

En tiempos de dictadura la principal interrogante que nos planteábamos diariamente los presos políticos era si habría mañana en nuestras vidas y, en caso de haberla, si sería un poco mejor, igual o peor que el presente. Aunque no todas fueron luminosas y apacibles hubo mañanas y medio siglo después aquí estamos: las circunstancias son diferentes, pero la pregunta sigue siendo la misma.

Basta repasar algunas noticias de la fecha en la que escribo esta nota  para comprobarlo: “Derecho internacional en crisis”, “Trump aumenta la tensión en Ormuz y pone en riesgo el frágil alto el fuego en Medio Oriente”, “Israel continúa ataques contra el Líbano pese al alto el fuego ”,  “FMI recorta las previsiones para 2026 y advierte que la guerra en Oriente Medio podría provocar una recesión global”,  “Líderes iraníes cuestionan críticas de Trump al Papa León XIV”,  “León XIV dice que no le tiene miedo a Trump”,  “Trump no descarta encargarse de Cuba después de terminar con Irán”, “El Presidente cubano afirma que la palabra renuncia no está en su vocabulario”, “La Misión Lunar Artemis II costó USD 93.400 millones, incluyendo los USD 23 millones del inodoro espacial de la cápsula Orion”, “La brecha se amplía: El 1% más rico de la población  mundial posee más del doble de riqueza que 6900 millones de personas y casi la mitad de la humanidad –3.400 millones de personas – vive con menos de  USD 5,50  al día”,  “Shakira agotó boletos para sus once conciertos en Madrid en septiembre y octubre  próximos”,  “América Latina y el Caribe es la región más desigual y violenta del mundo”, “ Forbes estima en USD 130 millones los ingresos del futbolista argentino Lionel Messi durante 2025”, “En Argentina 7 de cada 10 niños viven en hogares pobres”, “los pasados tres años han sido los más cálidos de la historia registrada y nuestro planeta se calienta sin pausa” …. ¿qué futuro cabe esperar a partir de semejante presente?

Ninguno bueno, por cierto. Y en tal sentido vienen a la memoria las últimas palabras que escribió  (porque el cáncer que padecía le impedía hablar)  a un amigo que lo acompañaba en su agonía Juan José Castelli, miembro de la primera junta de la Revolución de Mayo de 1810, poco antes de morir: “Si ves al futuro dile que no venga”.

Sin embargo, el futuro no viene ni se espera: se construye.  Sin verdades reveladas, fórmulas mágicas ni modelos incuestionables; con mirada larga, avance gradual y pasos firmes;   entre todos y para todos; conscientes de que en cada presente anidan varios futuros posibles y que la tarea es intentar el mejor de ellos sabiendo también que nunca será perfecto pero siempre será perfectible. Formularlo es sencillo, hacerlo es bastante más complejo.

En el plano global, ante un escenario tan complejo, desordenado, imprevisible y en el que la única certeza parece ser la fragilidad de la gobernanza global, el multilateralismo y el derecho internacional  tal como están planteados, más que renunciar a dichos postulados, arrojar sus instrumentos al basurero de la historia o lamentar su languidecimiento como algo inexorable, corresponde reivindicarlos, recrearlos y potenciarlos. No sólo por su valor intrínseco sino también porque las alternativas que hasta ahora se han planteado a los mismos, si es que alguna se ha planteado como corresponde y no a los gritos, empujones y hechos consumados, más que mejorar las cosas las han empeorado y pueden empeorarlas más aún.

La Cumbre «En Defensa de la Democracia» realizada en paralelo a la «Movilización Progresista Global» que tuvo lugar recientemente en Barcelona, parece ser un paso alentador en tal sentido. Cierto que la composición de la misma fue predominantemente iberoatlántica, con limitada o nula presencia de referentes del norte africano, Medio Oriente y Asia; cierto también que la reunión en sí no formalizó compromisos, ni acordó instrumentos jurídicamente vinculantes, ni estableció mecanismos de seguimiento y evaluación del proceso de Cumbres iniciado en 2024 y del cual esta fue la cuarta edición; pero también es evidente e innegable que su realización  consolida un espacio de encuentro y diálogo entre gobiernos progresistas que reivindican las relaciones internacionales basadas en el diálogo y en el derecho y que coinciden en explorar mecanismos para renovar el multilateralismo,  combatir la desigualdad social y mejorar la gobernanza digital. No es ideal ni suficiente, pero es lo posible y ayuda en las actuales circunstancias. Nadie espera milagros ni futuros perfectos, pero tampoco se puede soñar con un mañana que nunca llega. La humanidad necesita y merece algo más razonable y digno que lo que hoy, desde el odio y la prepotencia, ofrecen quienes creen ser sus dueños.

El paso del tiempo, la acción de los involucrados en esta iniciativa (los actuales y otros que puedan sumarse a la misma, lo cual es deseable y necesario) y los resultados que se obtengan dirán  si el encuentro del pasado fin de semana fue solamente eso o algo más.