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El Gran Espíritu Socialista

En la cultura japonesa, existe el concepto de yamato damashii, o “gran espíritu de la armonía”. Esto es un ethos transversal al pueblo de Japón, construido en los siglos de historia común, hitos y personajes de dicho pueblo, y que refiere del sentido común, sabiduría compartida y carácter y sensibilidad propias del pueblo japones, que les permite desde la individualidad unirse en lo colectivo para emprender empresas que les orientan a vivir en armonía colectiva y con el ambiente.

Las historias de los grupos no están exentas de contradicciones, pero sus distintos hitos marcan una identidad común que, en determinadas circunstancias, potencian las características individuales en función de objetivos colectivos. Los grupos se dotan de elementos que caracterizan a quienes los componen, a través de hitos materiales e inmateriales otorgan significado al pertenecer a tal grupo.  El espíritu de grupo permite una fuerte cohesión y propósito común, amparados bajo elementos identitarios comunes del ser y colectivo.

En el caso del socialismo chileno, los distintos hitos materiales e inmateriales que han dado pie al espíritu socialista son sumamente importantes, puesto dotan de cohesión a un grupo históricamente heterogéneo y diverso, expresión de los trabajadores manuales e intelectuales de Chile. Esto es reflejo de una colectividad nacida de las entrañas del pueblo chileno, y heredera de su diversidad y amplitud, en un compromiso por la transformación y justicia social, buscando establecer el socialismo en Chile como medio de liberación de las energías nacionales en la construcción de un país más justo.

Este espíritu socialista se alimenta tanto de hechos, como lo son la Republica Socialista de Chile, la participación en el Frente Popular, el gobierno de la Unidad Popular, la lucha por la democracia y el triunfo del NO, así como los logros de la transición; de ideas, como la construcción del ideario socialista chileno, las estrategias de desarrollo nacional (CORFO), el humanismo socialista como parte de la construcción de nuestro programa de 1947, nuestras tensiones internas que llevaron al desarrollo del Frente de Trabajadores, y posteriormente al programa de la Unidad Popular, y más; y de personas, como nuestros primeros mártires ante el fascismo, Manuel Bastias y Héctor Barreto, pero particularmente, el conjunto de vidas socialistas, partiendo por la del presidente Salvador Allende, que se dedicaron a la construcción del socialismo en Chile y fueron cegadas por la dictadura cívico-militar en el periodo entre 1973 y 1990.

Nombres como Carlos Lorca, Exequiel Ponce, Carolina Wiff, Michelle Peña y varios más, se vuelven elementos constitutivos de la identidad y sentir de este espíritu socialista. En vez de hechos funestos, lo que se recuerda es una vida militante que sirve como ejemplo ante distintas adversidades cotidianas que nos pone la militancia y la vida diaria, donde nos proponemos ser parte de este espíritu común que actualmente versa por la justicia social en escenarios de adversidad.

Porque finalmente es eso. El espíritu socialista es sinónimo de esperanza, es el orgullo del saber que la historia de conquistas sociales chilenas del siglo XX, no podría haber sido sin el PS y su ideario político, y sin las vidas de quienes construyeron ese ideario político. Mismo ideario que, en los momentos más oscuros de nuestra historia, fue preservado mediante el sacrificio de vidas dedicadas a mantener este espíritu, de esta historia, esta esperanza que subyace en el ideal socialista.

Eso es lo que más necesitamos. Tenemos que formarnos en este espíritu, recordar de dónde venimos y hacia dónde vamos. Nutrirnos en los debates de antaño, en la historia de evolución de los conceptos que manejamos actualmente, y en una comprensión histórica del trayecto que nos sitúa en el momento político actual. Y nutrirnos del sentimiento, de los afectos, de las emociones que han gatillado el movimiento socialista en 93 años de historia, del conjunto de vidas y anhelos que hemos heredado hasta este momento.

Porque, así como hemos heredado los desafíos y dificultades, hemos heredado la esperanza, y este espíritu, nutrido de generación en generación, debe estar entre nuestras principales fortalezas. No podemos olvidar, ante la posibilidad de escenarios adversos que se vienen, todas las dificultades que nuestros antecesores han sabido superar con dicho espíritu. Tenemos que en todo momento mantener encendido este espíritu socialista y engrandecerlo, puesto de esa forma traspasamos el legado y cultura socialistas, la esperanza de un mundo mejor, a nuevas generaciones que necesitarán mañana de aquello.

El llamamiento es ese, a encender ese gran espíritu socialista que existe incluso más allá del PS, y mantener la esperanza ante las futuras adversidades. De esa forma, junto a otras acciones necesarias, el Partido podrá seguir atractivo para quienes sientan arder dicho espíritu socialista de justicia y transformación social, y personas nuevas del mañana llegarán con sus saberes y realidades actuales, a mantener grande y unido el espíritu del socialismo chileno hacia el futuro.

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